¿Discrepas? ¡Muerte política!, la columna de Cecilia Valenzuela

¿Por qué un congresista no puede renunciar si ve sus principios confrontados con los de la agrupación que integra?

¿Discrepas? ¡Muerte política!, la columna de Cecilia Valenzuela

Para el congresista Edwin Vergara, autor del proyecto inquisidor, el que se retira o renuncia a un grupo político, merece el mismo ostracismo que aquel que es separado o expulsado de un partido. (Foto: El Comercio)

Cecilia Valenzuela

Ayer la Comisión de Constitución del Congreso aprobó el proyecto de ley fujimorista en contra del transfuguismo. Al final el nombre de la ley no es tal, pero durante la campaña en medios para ganar opinión pública, los congresistas de Fuerza Popular lo vendieron así: Como si la norma fuera una necesidad imperiosa para que no ocurra lo que ocurrió en el 2000 cuando Vladimiro Montesinos compró, con dólares contantes y sonantes, la conciencia de un número de parlamentarios con el objetivo de que votaran con el fujimorismo las leyes que le serían de utilidad.

Lo que desconcierta es que la ley sancionadora que Fuerza Popular podría sellar en el pleno de hoy, no busca castigar a los parlamentarios corruptos e inescrupulosos que sean capaces de vender sus votos; sino a cualquier congresista que difiera, contravenga o critique abiertamente la verticalidad o la posición frente a un tema de la bancada a la que pertenece.

El dictamen sanciona con la muerte política a “los congresistas que se retiren o renuncien, sean separados o hayan sido expulsados del grupo parlamentario, partido político o alianza electoral por la que fueron elegidos”. Ninguno podría integrarse a otro grupo parlamentario, pertenecer a una comisión ordinaria o formar parte de la Mesa Directiva.

Para el congresista Edwin Vergara, autor del proyecto inquisidor, el que se retira o renuncia a un grupo político, merece el mismo ostracismo que aquel que es separado o expulsado de un partido. Lo que importa son los intereses de los dirigentes, no las opiniones y los principios del parlamentario, de la persona que representa a un grupo de electores que lo llevaron al Congreso.

¿El novel congresista Vergara no sabe que los parlamentarios en el Perú son elegidos a través del voto preferencial? Que ese criterio prioriza la libertad individual del elector mientras responsabiliza al elegido de las expectativas que le ha creado. El voto preferencial prioriza las obligaciones del congresista con sus electores, antes que los compromisos que este haya suscrito con los dirigentes de su partido.

Para Vergara, empresario experto en pinturas, aquel que encuentra sus principios confrontados con el pensamiento o el comportamiento de una bancada, es igual que aquel que ha sido descubierto en grave falta y ha merecido la repulsa y el rechazo de sus compañeros.

¿Por qué un congresista no puede renunciar y cambiar de partido si ve sus principios confrontados radicalmente con los de la agrupación que integra? ¿Acaso la conciencia individual no existe para aquel que forma parte de un grupo político?

Los congresistas fujimoristas Lourdes Alcorta, Luis Galarreta, Daniel Salaverry, Patricia Donayre, entre otros, dejaron en un pasado reciente sus partidos políticos originarios y se pasaron a Fuerza Popular. Alguno de ellos lo hizo mientras ejercía como parlamentario electo por otra agrupación. ¿Merecen ser confinados y decretados parias por ello?

Somos libres seámoslo siempre, dice la primera estrofa del himno nacional. Pero la bancada fujimorista quisiera añadir un paréntesis para decir: siempre (y cuando no discrepes, no cuestiones, no protestes).

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