29 de agosto del 2014 16 °C

(Editorial) La crisis educativa: retos y nuevos compromisos

El país mira con expectativa las reformas educativas que el Gobierno pondrá en marcha. Si bien el Perú goza de un crecimiento económico interesante similar al de países desarrollados, la calidad de la educación que ofrece el Estado solo se compara a la que da la más pobre de las naciones, como revelaron hace poco bancos de inversión.

De allí lo importante de que la ministra de Educación, Patricia Salas, reitere en entrevista con El Comercio que no habrá marcha atrás en la aplicación de una política que propugne la meritocracia y la carrera pública magisterial, la evaluación y la capacitación docente, así como la atención a los sectores más deficitarios y abandonados.

Según ha dejado entrever, el sector se encuentra aún examinando los alcances de las acciones que se desarrollaron en el gobierno aprista. En ese período se mejoró la comprensión lectora, pero no el rendimiento en matemática. Se llevaron a cabo esfuerzos para hacer eficiente la gestión educativa, pero no de manera articulada, superponiendo programas y proyectos que estaban fuera de la estructura pública. Ha citado como ejemplo la capacitación que brindaron algunas universidades contratadas por la administración anterior para capacitar a los profesores, la mayoría de las cuales no cumplió con proporcionar una formación cabal.

Ante esto, resulta oportuno poner orden y utilizar cualquier incremento presupuestal con el mismo fin. Es decir, para ampliar las áreas de aprendizaje no solo en lenguaje y matemática, sino en ciencia y ciudadanía; la capacitación de los profesores en esas áreas y en las responsabilidades que asumirán en los programas sociales; la producción de material educativo y la creación de una unidad de desarrollo docente; una nueva política de infraestructura que modernice los colegios (no solo los emblemáticos); y una mejor supervisión del Estado sobre las labores que cumplen las regiones en el ámbito de la enseñanza y el aprendizaje de nuestros niños.

Es oportuno que los recursos se destinen a sectores desatendidos en el campo urbano y sobre todo el rural, relegado en las urgencias públicas. Se ha mencionado el compromiso con los niños de la primera infancia a través de Cuna Más, la educación inicial en los distritos donde funciona el programa Juntos, la primaria y secundaria rural, y la educación multicultural bilingüe.

Del mismo modo, el Gobierno debe vincular las mejoras salariales con una política que anteponga la calidad; para que ganen más los docentes que mejor se capacitan y se esfuerzan.

En definitiva, una gestión que se define en lo dicho por la ministra Salas: “Nada de lo que está en curso está detenido. Hay continuidad con la gestión anterior en todo lo que es avances. Nosotros nos proponemos cerrar brechas, antes no se pensó en ello”.

Se trata de un cambio en la forma de enfocar el mejoramiento de la calidad educativa, cuyo éxito, sin embargo, dependerá de tres factores: una administración basada en los resultados que exhiba el sector, sus estamentos y actores involucrados, el cumplimiento del Proyecto Educativo Nacional (PEN) y el rechazo a toda influencia politizada que en el pasado solo contribuyó al atraso de la educación.

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Editorial de El Comercio