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Editorial: La crisis entre Costa Rica y Nicaragua

Los presidentes de la región deben contribuir al diálogo, incluso aquellos que pertenecen a la Unasur, no echando más leña al fuego…

La crisis política que actualmente enfrentan Costa Rica y Nicaragua es desafortunada y preocupante. Si bien, como ha señalado la OEA, se trata de un conflicto bilateral que deben resolver las naciones involucradas, la comunidad internacional está llamada a sumar esfuerzos y recurrir a los instrumentos de la diplomacia para superar esta coyuntura de manera pacífica a través del diálogo.

En realidad, estamos ante un problema que tiene sus raíces en la disputa por el río limítrofe San Juan que desde 1859 enfrentó a ambos países. No obstante, recordemos que en julio del año pasado un fallo inapelable de la Corte Internacional de Justicia de La Haya resolvió los asuntos pendientes de aquella controversia reconociendo el derecho a libre navegación de Costa Rica para fines comerciales y la soberanía del río a Nicaragua.

Hoy ese tema se ha reavivado. Costa Rica denunció que Nicaragua estaba realizando labores de dragado en el río San Juan, que habrían causado daño ecológico en una isla fluvial de ese país. El primero, que desde 1948 abolió su Ejército, tuvo que desplegar policías con armas de guerra en la frontera; mientras que el segundo negó las acusaciones y reiteró que la isla le pertenecía.

Tranquiliza que las dos naciones reconozcan que el problema actual no debe llegar a extremos sino resolverse en el plano diplomático. Lo que sorprende, sin embargo, es que dicho consenso no se haya producido. Costa Rica se niega a negociar mientras Nicaragua no retire su ejército de la zona. La actuación de la OEA resultará fundamental, aunque hasta el momento tampoco ha funcionado pese a los acercamientos que ha provocado el secretario general, José Miguel Insulza.

Los presidentes de la región deben contribuir al diálogo, incluso aquellos que pertenecen a la Unasur, no echando más leña al fuego. Se necesita tender puentes para que los dos países arriben a acuerdos, como ha sucedido cada vez que la soberanía sobre territorios se ha puesto en debate. Si algo ha demostrado la experiencia de nuestro país es que estas crisis deben resolverse tarde o temprano en instancias supranacionales, debiendo las partes acatar sus fallos cualquiera que estos sean.

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