24 de julio del 2014 16 °C

(Editorial) “El Universo”: contra la intolerancia del autócrata Correa

Deploramos la ratificación de la sentencia contra un periodista y los directivos del diario “El Universo” en el Ecuador…

La alerta está dada: nuevamente, la libertad de expresión, de prensa, de opinión y de empresa se ve gravemente afectada en la región por un gobierno autoritario, lo que debilita de modo riesgoso el ejercicio del resto de libertades democráticas de los ciudadanos.

Como medio de comunicación independiente, comprometido con los principios del sistema democrático, deploramos la ratificación de la sentencia contra un periodista y los directivos del diario “El Universo” en el Ecuador, que los condena a tres años de prisión y a una indemnización solidaria de 40 millones de dólares, lo que es un abuso intolerable.

Las implicancias de este pronunciamiento judicial son amplias y perniciosas. Se demuestra otra vez la intolerancia del presidente Rafael Correa ante el ejercicio del periodismo independiente, siguiendo el modelo de su mentor Hugo Chávez, que ha clausurado y confiscado canales de televisión autónomos y amedrenta a los pocos medios de comunicación libres que luchan denodadamente por mantener su independencia para informar con objetividad a los ciudadanos. Regímenes como estos, al igual que el de Bolivia, solo usan la democracia como careta, pues no entienden que la libertad de expresión y de prensa es consustancial al sistema democrático, y que cuando se la ataca sufren todos los ciudadanos. Otro tema más para la evaluación de la OEA y la revisión de la Carta Democrática, para que puedan actuar cuando se producen actos lesivos al Estado de derecho, la democracia y la libertad de expresión, como los comentados.

Otra consecuencia de esta controvertida maniobra judicial es el efecto intimidatorio para el resto de medios, que podrían optar por la autocensura antes que enemistarse con el poder político. Esto, indudablemente, resta espacios y voluntad tanto para desarrollar el periodismo de investigación cuanto para denunciar la corrupción de los funcionarios públicos, con lo cual finalmente todos salen perdiendo.

Otra implicancia funesta, como lo denuncian los afectados, es el sometimiento de algunos jueces ecuatorianos al poder político. “A nosotros –denuncia el director del diario, Carlos Pérez– nos han llevado a una corte donde el jefe de los jueces es el mismo demandante y eso lo hace juez y parte, y eso en ningún proceso judicial está bien visto”. ¿Qué garantías de seguridad jurídica para los ciudadanos y los inversionistas puede ofrecer un país que trata así a la prensa independiente y sanciona penal y discrecionalmente, como cualquier dictadura, el delito de opinión?

El paso siguiente es un recurso de casación que debe resolver la Corte Nacional de Justicia, pero por los antecedentes mencionados es poco probable que se actúe conforme a la Constitución y los principios internacionales. Por lo mismo, los directivos de “El Universo” han propuesto un arbitraje internacional para tratar la demanda, mientras el presidente Correa insiste en que espera una rectificación pública.

La Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), junto con otras entidades internacionales, ha expresado su más profunda preocupación por la sentencia bajo análisis y ha recordado que las ‘leyes de desacato’ “atentan contra la libertad de expresión y el derecho a la información”. Por ello, recomiendan que “la protección de la reputación debe estar garantizada solo a través de sanciones civiles, en los casos en que la persona ofendida sea un funcionario público o persona pública o particular que se haya involucrado en asuntos de interés público”; es decir, despenalizar los delitos de prensa.

Tal es la tendencia, equilibrada y democrática, que se impone en el mundo y en el derecho internacional, que reiteradamente hemos promovido en el Perú, precisamente para evitar los terribles excesos a que puede llevar el mal uso de la norma por regímenes poco democráticos, como pasa lamentable y vergonzosamente en el Ecuador de hoy.

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Editorial de El Comercio