Las llaves del poder presidencial, por Juan Paredes Castro

“Las llaves del poder presidencial no se ceden ni se comparten ni se encargan”

Las llaves del poder presidencial, por Juan Paredes Castro

(Foto: El Comercio)

¿Quiénes más, aparte del mandatario, manejan las llaves del poder presidencial en el Perú?

Esta es una interrogante sin duda incómoda pero inevitable, que va y viene dentro de la fragilidad del sistema democrático, que ha puesto al poder presidencial en su lugar, al Poder Ejecutivo en el suyo y a los demás poderes diferenciados entre sí. Lamentablemente todos, sin las precisiones de roles y controles que debieran tener.

Este vacío estructural hace que los asesores de la Presidencia de la República respondan más a criterios informales e improvisados en su elección y funciones, con un marcado énfasis en la confianza que en la competencia. Actuales asesores presidenciales como Felipe Ortiz de Zevallos y Máximo San Román, con pesos específicos públicos excepcionales, difieren a la legua de otros como los renunciantes Carlos Moreno y Jorge Villacorta Carranza.

Moreno parece haber entendido que el poder presidencial se distribuye como salame en rodajas para sus allegados. De ahí que ni corto ni perezoso haya planeado, desde Palacio de Gobierno, un espectacular asalto a los fondos del Seguro Integral de Salud (SIS). Villacorta parece no haber entendido que su deber era ponerse a la altura del poder presidencial y no hacer que el poder presidencial se acomode a su altura. Una nueva resolución, que ya no le exige título profesional, habría avalado su nombramiento en reemplazo de la anterior supuestamente derogada.

Ocurre, de este modo, que al poder presidencial le cuesta mucho construir su propio ámbito de ejercicio. Enfrenta casi siempre el dilema de si atiende más estrictamente sus prerrogativas y funciones de jefe de Estado, con el riesgo de perder protagonismo cotidiano, o si, por celos y recelos, se mete en exceso en las prerrogativas y funciones del Gobierno, donde está el primer ministro para responder por ellas. Es el propio presidente quien tiene que graduar los poderes casi de corte monárquico que la Constitución le otorga, no habiendo sus autores hecho el trabajo de precisarlos mejor. Este defecto torna poco funcional el poder presidencial, cuando no se separa bien del poder gubernamental, teniendo que asumir muchas veces un desgaste acelerado, y cuando no hace de sí mismo una instancia institucional inconfundible y respetable.

Las llaves del poder presidencial no se ceden ni se comparten ni se encargan. Inclusive ausente el presidente, el vicepresidente queda a cargo del despacho presidencial, mas no lo sustituye. El poder presidencial es único e indivisible. No es inclusivo, como pudo haber creído Carlos Moreno.

Ahora sabemos cada vez más, como si no hubiéramos aprendido la lección de Vladimiro Montesinos, que las llaves del poder presidencial durante el gobierno de Ollanta Humala las manejaba Nadine Heredia, su esposa. Mayor razón para que un presidente como Pedro Pablo Kuczynski, absolutamente nuevo en sus funciones pero viejo en su experiencia política, revise y ponga a buen recaudo los niveles de confianza y competencia concedidos a su entorno más cercano.

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