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¿Para qué un nuevo poder paralelo?, por Juan Paredes Castro

¿No será una reverenda mentira aquella de que ese nuevo poder de reconstrucción nacional tendrá todo el apoyo?

¿Para qué un nuevo poder paralelo?, por Juan Paredes Castro

¿Para qué un nuevo poder paralelo?, por Juan Paredes Castro

A todos los gobiernos enfrentados a un desastre nacional les pasa lo mismo. Desconfían de su propia capacidad y optan por rellenarla de nuevos poderes paralelos, absolutamente desconectados del objetivo al que pretenden servir.

Es la más aberrante ruptura de la señal de confianza entre quienes sufren las consecuencias de un desastre nacional, como el más reciente de El Niño costero, y quienes, desde el poder político, deben garantizar la recuperación de la infraestructura física perdida y contribuir a hacer menos dolorosos y graves los daños humanos, materiales y sociales de tanta gente afectada.

El gobierno empieza por perder lo que más necesita: su mejor señal de conexión, de confianza, su super Wi Fi, con quienes, en circunstancias de aislamiento, escasez y angustia, desesperan en la espera. Bastó, por ejemplo, que el presidente Pedro Pablo Kuczynski se ensuciara un poco los zapatos en las zonas devastadas, mejor si lo atestiguaban las cámaras de televisión, para que su conexión de confianza con los peruanos se recuperase, como lo dice una encuesta.

Pero lo que acaba de constatar el propio Kuczynski lo desmiente su insólita obsesión por el organismo que tendrá que encargarse de la reconstrucción, no importa cuán desconectado resulte estar del propio gobierno central y de los demás regionales y municipales. Pasamos así rápidamente del Wi Fi experimental correcto de Kuczynski al Wi Fi malogrado de una especie de nuevo poder que lo primero que va a acarrear es una enorme acumulación de incapacidades, seguida de otra enorme acumulación de frustraciones.

¿No será una reverenda mentira aquella de que ese nuevo poder de reconstrucción nacional tendrá todo el apoyo político y burocrático? Llegará el momento en que se encontrará con 10 SNIP, cientos de resoluciones atracadas en los despachos ministeriales, infinitas llamadas diarias a Economía y Finanzas y decenas de juicios en camino por quítame estas pajas. Los recovecos del Estado no los salta nadie así nomás, excepto los que conocen sus mañas. Al empresario Julio Favre no lo dejaron mover un dedo en Pisco. Toledo pintó un zar anticorrupción en la pared con el nombre de Martín Belaunde.  

Señor presidente, ponga a trabajar a algunos ministros más de lo que suelen trabajar y a otros que trabajan poco o nada deles a escoger el gobierno o la calle. Tenga confianza en la estructura de poder que usted maneja, incluida la que controla las regiones y los municipios. No invente nada que no funcione. Gane y distribuya confianza hacia dentro y hacia fuera. Hay alcaldes y gobernadores que pueden merecer, metafóricamente, ser “colgados”. Pero hay otros que pueden sumarse perfectamente a la obra de reconstrucción del país, sin engañar ni robar. 

Por mínima que sea la confianza que discurre en el país hay que cuidarla como el agua. Sin confianza no hay manera de hacer política y menos aun de hacer democracia. 

¿Y en verdad, cuándo habremos de dedicarnos a construir confianza en el país o a reconstruir aquella que los huaicos de la política se llevaron?

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