El ocaso de una diva, la columna de Diana Seminario

Quizá lo positivo de esta experiencia sea que Fuerza Popular haya demostrado que las reglas de su agrupación se cumplen

El ocaso de una diva, la columna de Diana Seminario

El que haya enfrentado al gobierno anterior y se haya empeñado en investigar a Nadine no son credenciales suficientes ni la convierten en la candidata idónea para ser parte de la bancada más importante del Congreso. (Foto: Rolly Reyna/ Archivo El Comercio)

Cuando en el 2014 Yeni Vilcatoma denunció la supuesta injerencia del entonces ministro de Justicia Daniel Figallo para favorecer al prófugo Martín Belaunde Lossio, la noticia no pasó desapercibida y el escándalo político no se hizo esperar. La abogada además reveló haber participado en una reunión entre Figallo y el ex asesor presidencial Eduardo Roy Gates. El asunto tomaba ribetes preocupantes.

Pese a la gravedad de los hechos denunciados por Yeni Vilcatoma desde la procuraduría anticorrupción, hubo un elemento que no podía celebrarse: la abogada grabó a su jefe y eso es motivo de sanción y de suspicacia.

Vilcatoma fue por un tiempo la diva anticorrupción, acaparó portadas y espacios televisivos. Las revelaciones que entregaba por capítulos eran parte del menú noticioso. Pero la agenda política suele ser variada, y Vilcatoma empezó a diluirse, hasta que Fuerza Popular la rescató y la colocó como el “jale de la campaña”.

El fujimorismo necesitaba un compromiso contra la corrupción y Vilcatoma calzaba perfecto en su estrategia.

¿Podría Keiko Fujimori confiar en quien sin escrúpulo alguno grabó a su jefe para sustentar sus afirmaciones? ¿Era Vilcatoma una profesional digna de confianza? ¿Habrá grabado sus reuniones de bancada? ¿Podía someterse a la disciplina que implica ser parte de una agrupación política?

Los hechos han demostrado que no basta un nombre para ser parte de un grupo político. Se requieren disciplina, sentido común, apego a las reglas y la humildad de guardar la estrella para ser parte de un grupo y trabajar en equipo.

Yeni Vilcatoma tuvo un privilegiado número 2 en la lista al Congreso de Fuerza Popular, y se le dio la presidencia de la Comisión de Fiscalización y pusieron en sus manos la investigación a Nadine Heredia por supuesta injerencia en actos de gobierno, pese a que Vilcatoma insistió en la figura de la usurpación.

El que no se haya dado prioridad al debate de “su proyecto” sobre la procuraduría autónoma desató la ira de la abogada, quien arremetió contra todo aquel que se le opusiera.

Quizás Yeni soñaba con irse de Fuerza Popular denunciando corrupción en FP, o revelar que se le obstaculizaba investigar irregularidades. Pero para su mala suerte, no fue así: ella se encontró frente a una bancada que le exigía pruebas de sus imputaciones, y que la escuchó por hora y media. Al final, no soportó el proceso y prefirió abandonarlo.

Varias lecciones deja este incidente, y quizá la mayor y más importante sea para Fuerza Popular. Si el partido naranja quiere convertirse en el mayor movimiento político del país, deberá empezar por evaluar mejor a sus miembros e invitados. Ya conocemos la experiencia de Joaquín Ramírez y las consecuencias de su presencia en la campaña, a lo que se suma ahora la deserción de Yeni Vilcatoma.

El que haya enfrentado al gobierno anterior y se haya empeñado en investigar a Nadine no son credenciales suficientes ni la convierten en la candidata idónea para ser parte de la bancada más importante del Congreso.

Quizá lo positivo de esta experiencia sea que Fuerza Popular haya demostrado que las reglas de su agrupación se cumplen y algunos invitados ya podrían mirarse en el espejo de Vilcatoma.

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