La resurrección, la columna de Jaime de Althaus

La aprobación del presidente Kuczynski ha resurgido entre las cenizas y también ha aumentado la de Keiko Fujimori

La resurrección, la columna de Jaime de Althaus

El vía crucis continúa, pero tendrá que venir el renacimiento y la construcción de un nuevo país. (Foto: Presidencia Perú)

Jaime de Althaus

La Semana Santa resume en pocos días lo que viene sufriendo el pueblo peruano estos meses afectado por los huaicos y las inundaciones. El vía crucis continúa, pero tendrá que venir el renacimiento y la construcción de un nuevo país. 

De hecho, la aprobación del presidente Kuczynski ha resurgido entre las cenizas y también ha aumentado la de Keiko Fujimori. Es el mismo fenómeno. La marea sube para todos porque hay solidaridad y se ve liderazgo, compromiso y presencia de los líderes en el terreno, compartiendo las penurias y dirigiendo las labores. 

¿Cómo mantener esa sensación de unidad entre la clase política y la población una vez terminada la emergencia? Lo primero sería proponer una visión, un gran proyecto que cautive, aglutine y movilice a todos en la dirección de hacerlo realidad. Ello supone instalar un mecanismo eficiente que permita que todos cuantos puedan aportar al diseño lo hagan: expertos, universidades, gremios. Pero que pueda procesar los aportes con celeridad e ir avanzado al mismo tiempo en la rehabilitación y construcción. 

Se trata de seguir donando, pero ya no bienes materiales, sino ideas, trabajo, tecnologías, poniendo a prueba la capacidad de intercambiar y construir propuestas. Por supuesto, la reconstrucción de lo obvio (carreteras, puentes, etc.) no necesita gran participación, sino que el organismo que se cree en la PCM encargue a empresas de ingeniería que contraten la ejecución y supervisión de conjuntos de proyectos, o eventualmente encarguen algunos a ministerios y gobiernos subnacionales mediante convenios de ejecución muy precisos. Ese organismo debe concentrar los recursos. 

Pero lo que sí necesita participación, si queremos convertir esto en un gran proyecto aglutinador y modernizador del país, es la reconstrucción de lo pequeño y el diseño del futuro, de los planes urbanos, del acondicionamiento preventivo. La amalgama social se facilitaría tremendamente con un gran voluntariado universitario y profesional al estilo de Cooperación Popular, que vaya al terreno con tareas precisas. Podríamos matar varios pájaros de un tiro si impulsamos seriamente los comités provinciales y distritales de seguridad ciudadana, agregándoles temporalmente la tarea de la fiscalización de la planificación urbana, íntimamente vinculada a la seguridad puesto que supone erradicar traficantes e invasiones y ordenar, formalizar y modernizar la ciudad. En esos comités se juntan alcalde, comisario, fiscalía, corte, algunos sectores, juntas vecinales, sociedad civil, que definen objetivos y planes y se fiscalizan mutuamente. Sirven para organizarse contra la delincuencia y prevenir la corrupción, pero todo está relacionado. 

Pues se trata de construir también autoridad y organización local. Capacidad de autogobierno. El Ministerio del Interior debería priorizar los distritos más afectados para llevar allí sus programas Barrio Seguro o Policía Comunitaria, de la misma manera como se ha apostado acertadamente por encargar a los comedores populares la identificación de los damnificados y la distribución de almuerzos gratuitos durante dos meses. Reconstruir el orden, el tejido social y la formalidad en las localidades es la verdadera construcción nacional.

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