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Las Bambas: entre el entusiasmo y la incertidumbre [FOTOS]

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El inicio de las operaciones de Las Bambas significó también la consolidación de Apurímac como una capital minera. (Foto: Rolly Reyna)

El 26 de noviembre del 2015, hace un año exacto, la noticia del día en Apurímac era que por fin habían sido instaladas las ocho mesas de votación para las primeras elecciones de un distrito recién creado; unas dos mil personas elegirían al alcalde de José María Arguedas,en la provincia de Andahuaylas. Nadie entendía por qué nunca
antes había existido un distrito con el nombre del andahuaylino más ilustre.

Ese mismo día, también en Apurímac, se desarrolló otro suceso que generaría silenciosamente varios tipos de cambios en esta región. La mina Las Bambas, ubicada en la provincia de Cotabambas, produjo su primer concentrado de cobre. El proyecto minero había comenzado en el 2004, y 12 años después daba su primer resultado tangible: un fino polvo gris oscuro cuya última estación en el Perú es el puerto de Matarani.

Los meses siguientes fueron, por decirlo así, frenéticos. La exportación comenzó en enero del 2016, y la etapa de operación comercial se inició formalmente en julio de este año, cuando Las Bambas alcanzó una producción diaria de 140 mil toneladas.

Poco tiempo después, el 14 de octubre, la noticia cambió de tono. Quintino Cereceda, un comunero de la localidad de Choquecca, en el entorno de la mina, murió de un balazo en la cabeza disparado por un policía durante un intento de desbloqueo de
una vía por donde circulan los camiones que transportan el concentrado de cobre. El gobierno intentó apaciguar el conflicto, y días después viajó a la zona el vicepresidente Martín Vizcarra. En una reunión sostenida a la intemperie, en el mismo lugar del bloqueo de la vía, Vizcarra anunció que en 45 días ofrecería un paquete de medidas en favor de la población cotabambina, a cambio de que se levante cualquier medida de fuerza.

Este diálogo funcionó, aunque con baches. Se prevé que el 7 de diciembre una delegación acuda a Cotabambas y entregue el paquete de medidas. La mina, mientras tanto, sigue operando y utiliza una vía alterna. Pero la carretera principal hacia Las
Bambas, allí donde comenzó el problema, sigue bloqueada. Un comunero resguarda una barricada de dos metros de alto que impide el pase de cualquier auto. Cuando se duerme o cuando se va a almorzar, algunas motos logran cruzar por el costado. “No sé hasta cuándo estará así, no tengo la respuesta”, dice el vigilante. En realidad, nadie la tiene.

Tres miradas distintas

El proceso que se vive en Cotabambas se puede entender desde varios frentes distintos. Por ejemplo, desde Nueva Fuerabamba. Se llega desde Challhuahuacho, el distrito más cercano al yacimiento, a través de una leve montaña y una trocha en mal
estado; de pronto aparece, como un espejismo de cemento, una ciudad moderna con casas de dos y tres pisos de material noble, antenas de televisión por cable, jardines, parques, iglesias, escaleras vecinales y pistas perfectamente asfaltadas.

Aquí viven 514 familias que fueron reasentadas en los últimos años por la empresa minera MMG, que opera Las Bambas. El yacimiento se ubica exactamente en el territorio donde antes estaba la comunidad de Fuerabamba.

La empresa compró los terrenos y además reubicó a los comuneros en Nueva Fuerabamba. Llama la atención que muchos habitantes de la zona se desplazan en camionetas 4x4. También llama la atención que algunos de ellos, sobre todo los mayores, no se terminan de acostumbrar al nuevo estilo de vida: cruzan de un lado a otro caminando por el cerro en lugar de utilizar las escaleras; tienen casas con televisor
y agua caliente, pero construyen estancias de barro y piedras en lugares cercanos y allí transcurre su día; ellos piden que, al morir, los entierren en el rústico cementerio antiguo, y no en aquel que construyó la empresa.

También se puede entender el proceso desde adentro de la mina. Aproximadamente cuatro mil personas trabajan en un turno continuo. Operarios de diversas áreas mantienen, como un coro, dos ideas alineadas: aseguran que la relación con las
comunidades aledañas es “muy buena y cercana”, y al mismo tiempo que Las Bambas podría ser considerada entre las cinco mineras de cobre más modernas del mundo. Sobre lo primero, voceros de la empresa (en Lima) aseguran que “el proceso de diálogo
se mantiene abierto” a pesar de que la ruta principal para el traslado del material sigue bloqueada.

No muy lejos del lugar del bloqueo se ubica la comunidad de Choquecca, otro frente desde el cual se puede entender el complejo fenómeno que vive este territorio de Apurímac. El auto llega por una trocha hasta un conjunto de casas de adobe; lo primero
que salta a la vista (y al oído) es que, en comparación con el ruido citadino de Challhuahuacho, solo se escucha a las aves y los perros, eventualmente
alguna vaca.

Aquí vivía Quintino Cereceda. Su viuda y sus hijos viajan constantemente a Abancay para realizar trámites relacionados al fallecimiento del comunero, así que quien responde las preguntas sobre el caso es Timoteo Noa, su sobrino y presidente de la comunidad. ¿Ustedes se oponen a la minería?, es una de las preguntas que responde Timoteo, al pie del nicho donde fue enterrado su tío. “No –dice–, pero seguiremos en protesta hasta que la mina quiera arreglar con nosotros”. No dirá más. El primer aniversario de las operaciones de la mina Las Bambas llega con entusiasmo pero también con incertidumbre, con ánimos aunque con dudas. Parece una historia escrita por Arguedas, ya que hablamos de él.

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