"Las angustias de un alcalde maniatado", por Pedro Ortiz Bisso

Tras las protestas en Puente Piedra, la popularidad de Castañeda cayó y su desaprobación fue más alta que su aprobación

"Las angustias de un alcalde maniatado", por Pedro Ortiz Bisso

El 72% de los encuestados señaló que si hubiera reelección, votaría por otro candidato diferente a Castañeda.(El Comercio)

Hace apenas dos años, cerca de los peajes de la discordia, la Panamericana Norte apareció tapizada con carteles azul y amarillo. En ellos la Municipalidad de Lima daba cuenta de la próxima construcción del intercambio vial Naranjal.

¿Pero cómo era posible tanta rapidez si la nueva administración llevaba solo unas semanas en el cargo? El mensaje de los anuncios sobrepasaba su literalidad: el flamante equipo municipal, con un manejo práctico y expeditivo, se había puesto a trabajar en favor de la ciudad. Ese era el encargo del elector y lo estaban acatando. Con el acelerador a fondo.

El detalle que se obviaba era que la obra era llevada a cabo por Rutas de Lima, como parte del contrato de concesión de la vía suscrito con la gestión Villarán. Esto, como era de esperarse, no aparecía en grandes caracteres (sí, en cambio, el omnipresente “Construyendo” que todos los limeños vemos hasta en la sopa).

Por ese entonces, trabajar de la mano de la empresa que tiene como uno de sus principales accionistas a Odebrecht no parecía ser un problema para el mejor alcalde de Lima de todos los tiempos. Incluso, unos meses después, encabezó la ceremonia de inauguración del viaducto. Maniatado no se lo veía. Por el contrario, rebosaba de felicidad.

¿Cuándo se rompió el amor? Las violentas protestas del pasado 12 de enero en el peaje de Puente Piedra derivaron en dos hechos inéditos: la última encuesta de El Comercio-Ipsos no solo señaló una dramática caída en su popularidad (ocho puntos en un mes, 22 menos que en octubre del año pasado). También, por primera vez, su desaprobación fue más alta que su aprobación: 50% vs. 45%.

Además, que el 72% de los encuestados haya señalado que si hubiera reelección, votaría por otro candidato debe haber provocado un ataque de histeria en los ‘headquarters’ solidarios. El teflón, que por tantos años fue su fiel compañero, sencillamente se acabó.

Todo esto explica su desesperado: “Estoy maniatado”, lanzado tras los violentos enfrentamientos, y ya con la encuesta en la mano, su enérgico: “El peaje no va” en plena serenata de aniversario a Lima. 

¿No va? Muy bien. Es la mejor decisión que ha podido tomar en mucho tiempo. ¿Pero dónde quedó su festejada capacidad de gestión, de prever estas situaciones de crisis, esas cualidades que lo convertían –a decir de sus adláteres– en el mejor alcalde de todos los tiempos?

Al margen de la necesidad de investigar en qué condiciones se hizo esta concesión –algo que la señora Villarán y sus funcionarios deberán explicar–, culpar de todo lo malo al antecesor, luego de dos años en el cargo, carece de sentido.

Lima, otra vez, es víctima de la nula visión de ciudad de sus autoridades. Linda manera de celebrar sus 482 años de fundación.