Cantagallo: la comunidad shipiba que sueña con reconstruirse

El Ejecutivo diseñó tres propuestas para levantar desde las cenizas a este vecindario que se incendió el 4 de noviembre

Gracias a donaciones, varias familias de Cantagallo lograron rearmar sus casas con material prefabricados. Otros, en cambio, han tenido que improvisar con palos y plásticos. Cinco meses después del incendio, siguen viviendo en esas difíciles condiciones (Foto: El Comercio/Hugo Pérez)

Cinco meses han pasado desde que ardió Cantagallo. Aunque el 4 de noviembre del 2016 amaneció hecha cenizas y escombros, esta comunidad de shipibos residente en Lima ya luce por estos días remendada. Hay casas hechas con material prefabricado en madera; otras con sus límites divididos por plásticos y palos. Las calles lucen como antes del incendio o quizá peor: accidentadas, con animales muertos que nadie recoge, con los escombros desperdigados en varias esquinas y con una cantidad intolerable de moscas.

No todos han vuelto a sus actividades habituales. Algunos han tenido que emplearse en industrias textiles de la ciudad porque sus máquinas de coser y sus herramientas para hacer artesanías las perdieron en el incendio. Otros, sin embargo, intentan reponerse a la tragedia y de a pocos han comprado algunas cosas que les permita retomar sus negocios. Aunque ese sea el tema que los mueve todos los días, esta comunidad no pierde de vista la promesa de reconstrucción que les hizo el presidente Pedro Pablo Kuczynski, un mes después del incendio.

-Hay proyectos listos-

Mientras un grupo de chicos pinta una fachada de madera y tres señoritas bordan servilletas con sus símbolos típicos en la puerta de su casa prefabricada, Augusto Valles Odisio, miembro del comité central de la comunidad, ha sacado tres planos que el Ministerio de Vivienda le entregó la semana pasada con las propuestas para reconstruir Cantagallo. Los proyectos arquitectónicos se diferencian básicamente en la ubicación que tendrá la nueva escuela y el espacio verde que hoy les falta.

El proyecto habilitará 231 lotes de 50 metros cuadrados cada uno y, a través de un bono del programa Techo Propio, se le ayudará a cada familia con 20 mil soles para que construyan sus nuevos hogares. El Ministerio de Vivienda se encargará de instalar los servicios básicos: agua, desagüe, electricidad. También se construirá un parque de 1.7 hectáreas, calles vehiculares y peatonales, estacionamientos y un área de tratamiento paisajístico.

“El incendio trajo algunas cosas buenas”, dice Percy Silvano, un joven de 27 años que horas antes del incendio había viajado a Pucallpa junto a su esposa y su hija. Él, que lloró varias veces al ver que en su terreno no quedaban ni los escombros de lo que alguna vez fue suyo, dice que todo esto ayudó a que “las autoridades ya no peloteen a sus dirigentes”.

Mientras cose en la máquina que acaba de conseguir, Percy dice que el incendio también sirvió para que los shipibos se ordenen. “Tal vez todo esto pasó para que podamos vivir mejor. Antes hasta las calles estaban invadidas”.  

 

-Los temores de irse-

Los ingenieros que estudiaron el suelo de Cantagallo detectaron que solo un tercio del espacio es seguro. El resto no lo es al estar formado por toneladas de relleno, especialmente en el sector suroeste, donde la profundidad es mayor.

El informe elaborado por el ingeniero Julio Kuroiwa recomendó levantar edificios de cuatro pisos en los sectores más firmes y de esa forma aprovechar mejor el espacio.  Sin embargo, esa salida generaba trabas legales para otorgar el bono habitacional de 20 mil soles a las familias.

Zenón Aguilar, ingeniero del Centro Peruano Japonés de Investigaciones Sísmicas y Mitigación de Desastres (Cismid) –entidad que también evaluó el terreno–, explica que por norma no se puede construir sobre relleno. “Hay sectores muy inseguros. Se debe reemplazar el material o mejorar el suelo con cimentación profunda. Son salidas no muy económicas”.

Cantagallo ya no tendrá tres niveles, explica Augusto Valles desde la zona más elevada de la comunidad, de donde se ve el río Rímac y la obra del proyecto Línea Amarilla. Las viviendas, los parques y la escuela se construirían a un solo nivel, para mayor seguridad.

Esas obras son las que más preocupa a los shipibos. En la reunión de la semana pasada, en Cantagallo, un funcionario del Ministerio de Vivienda les explicó que, mientras se hagan los trabajos, las 231 familias deberán dejar temporalmente el terreno.

“No sabemos a qué lugar seremos reubicados temporalmente ni cómo se nos garantizará el regreso a nuestros lotes. El Ministerio de Vivienda nos ha dicho que esa es responsabilidad de la Municipalidad de Lima”, dice Valles Odisio.

Tras el incendio, la teniente alcaldesa de Lima, Patricia Juárez, había dicho: “Uno de los compromisos de la municipalidad es entregar todos los temas administrativos que se deban hacer, porque habrán cambios de zonificación, procesos de habilitación urbana, que suelen tardar. Todo aquello que sea trámite, que dependa de la MML, se va a hacer en el menor tiempo posible”.

Ha pasado casi medio año y el terreno de Cantagallo sigue teniendo categoría de parque. Ese es el otro tema que inquieta a esta comunidad. El alcalde de Lima, Luis Castañeda Lossio, dijo ayer, en la inauguración de una obra en Villa El Salvador, que estos trámites se resolverían en estos días.

-Voces opuestas-

El principal problema de que los shipibos se queden en Cantagallo es que el centro de la ciudad se quedaría sin el parque proyectado allí hace 30 años. “Es una decisión equivocada”, dice uno de los defensores de esta postura, el arquitecto Augusto Ortiz de Zevallos.

“El Plan del Centro Histórico de Lima de 1987 y el Plan Metropolitano de Lima aprobado en 1988, aún vigente, proyectaron en esa zona un parque, cuyo proyecto existe. Los shipibos habían aceptado la reubicación en Campoy, pero la gestión de Castañeda anuló estos acuerdos para construir un by-pass en la Av. 28 de julio”. 

Ortiz tiene otros reparos. “Tengo dudas de que sea legal, porque se está yendo contra el plan vigente de la ciudad, aprobado por el concejo”, dice. Y sobre el costo del proyecto: “Los shipibos están sobre basura y se necesitará remover mucha tierra para tener suelo edificable. Va a costar mucho dinero, por la obstinación de negarse a ejecutar una obra que la ciudad esperaba desde el año 87". 

Aun cuando saben que hay opiniones contrapuestas sobre su permanencia en este terreno que ocupan desde 2001, los shipibos creen firmemente en que, luego de la soñada reconstrucción, este lugar se convertirá en el nuevo espacio turístico de Lima: una oportunidad para conocer las costumbres de un pueblo que conquistó durante siglos las riberas del río Ucayali y que hoy quiere quedarse cerca Rímac. 

Son las 6 de la tarde y la voz de un locutor shipibo suena en todo Cantagallo a través de un megáfono. Mientras los niños salen de la escuela y los adultos siguen con la rutina del día, el hombre de tono selvático empieza a hablar sobre el avance logrado para la reconstrucción. La genta escucha sin dejar de lado lo que está haciendo. La noche comienza caer en Cantagallo.


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