La mala noticia para Lima, por Pedro Ortiz Bisso

A la fecha no existen argumentos sólidos que permitan acusar de un delito a Luis Castañeda Lossio

La mala noticia para Lima, por Pedro Ortiz Bisso

Luis Castañeda Lossio. (Archivo El Comercio)

Lima se parece a una noticia mal escrita, elaborada con apuro, en la que el quién está por encima del qué, se hace lo posible por acelerar el cuándo y no se la da importancia al cómo. El dónde sirve de escenografía para lo que se decide sin debate. Y explicar el porqué, a sus autoridades, poco les interesa.

No son sus únicos problemas: sus signos de puntuación están mal colocados y arrastra acentos en lugares insospechados.

En el periodismo estos errores son comunes entre los novatos. Tras superar la parálisis que supone enfrentarse a la pantalla en blanco, el proceso de elaboración de una nota informativa exige una minuciosa recopilación de datos y una jerarquización adecuada de los mismos en función del hecho noticioso. Todo ello bajo el paraguas de una máxima que no debe admitir discusión: ponerse en los zapatos del otro. 

Cuando quien comete estos errores es un periodista cuajado, conocedor de la técnica y los recovecos del oficio, las suspicacias brotan como la malahierba. ¿Hubo solo descuido? ¿Es una víctima más de la rutina? ¿O es que acaso existe algún interés subalterno detrás?

Del alcalde de Lima podemos decir muchas cosas. El Caso Comunicore es una sombra que lo persigue, más allá de lo que el Poder Judicial haya señalado sobre su participación. Lo mismo puede decirse sobre las acusaciones de cobrar doble sueldo. Fuera de ello, a la fecha no existen argumentos sólidos que permitan acusarlo de la comisión de un delito durante su tercera gestión. Las conversaciones entre una ex funcionaria de la Municipalidad de Lima y la empresa brasileña OAS para descartar el proyecto Río Verde y sacar adelante el controvertido ‘by-pass’ de la avenida 28 de Julio, desde el punto de vista legal, no parecen ir más allá de un diálogo entre una lobbista y un cliente. Éticamente es cuestionable, su sanción penal es discutible.

¿Hay más indicios de sospechas? La manera tan expeditiva como actuó la municipalidad para sacar adelante la obra (según el periodista Francisco Pérez García, el 17 de marzo del 2015 un perito externo recomendó aceptar la propuesta de OAS, se redactó y firmó el contrato, se autorizó la ejecución de las obras y el cierre de vías, y se presentó la declaración de impacto ambiental al Ministerio de Transportes). Además, el interlocutor fue el presidente de OAS, José Pinheiro, hoy encarcelado por corrupción en Brasil.

De lo que sí existen certezas es de su culto desmedido por el cemento, su inexplicable desprecio hacia el peatón, su nula predisposición para el debate y su afán por descalificar sin mayor argumento a quien tenga un punto de vista contrario a su posición, arropado en el 67% de limeños que lo aprueba según El Comercio-Ipsos.
Por ahora, esto es lo único confirmado. Para la ciudad, es una pésima noticia.