Punta Hermosa: un distrito mutilado por mafia de invasores

A cinco minutos del balneario emerge un territorio invadido por traficantes y mineros no metálicos

Punta Hermosa: un distrito mutilado por mafia de invasores

Esta es una de las 12 torres de control de Pampa Pacta, a solo 5 minutos del balneario de Punta Hermosa. Son construidas con palos y esteras y vigiladas por gente armada para divisar el ingreso de policías. (Foto: Percy Ramírez)

La camioneta, una bestia empolvada sin placas de rodaje, viaja en dirección este a 80 km/h sobre un terreno arenoso de Punta Hermosa, un distrito en forma de páncreas que va desde el mar hasta el límite con Santo Domingo de Olleros, Huarochirí.


Primera regla: “Por seguridad no bajes tu ventana”. La orden viene desde el asiento del copiloto. El sujeto sentado ahí dice llamarse Lucio. A su lado, un hombre sin rostro maneja el vehículo. Lleva capucha, gorra y lentes oscuros y sigue sus instrucciones en silencio.

El sol del mediodía cae pesado sobre el desierto. Segunda regla: “Si nos intervienen, no hables, yo me encargo”, dice Lucio. A bordo de este vehículo enterrado nos acercamos al territorio más sombrío y desconocido del distrito costero. Se lo conoce como Pampa Pacta y es una zona intangible de 2.000 hectáreas invadida por comuneros, traficantes de tierra, chancherías y mineros ilegales. Pese a estar a solo diez minutos de la playa, pocos ingresan: un distrito con 14 policías, como Punta Hermosa, no tiene logística para controlarlo.

Desde adentro

La foto superior que grafica este informe es de la primera garita de control para el ingreso a estas tierras. Un hombre vigila desde arriba. Lucio dice que puede estar armado. Se ven hasta 12 torres iguales a esta, separadas por enormes manzanas de casas precarias sin agua ni luz, donde viven adultos, ancianos y niños. Cinco motos, también sin placas, abordadas por sujetos de chaleco verde, nos observan y nos siguen durante 200 metros. 

Lucio no trasladaría gratuitamente a dos periodistas a estas tierras prohibidas. Lo que busca desde hace varios meses, según dice, es que la Municipalidad de Punta Hermosa legalice y sanee este terreno “porque cumple las condiciones”, y quiere demostrarlo. Sin embargo, para el alcalde Guillermo Fernández las condiciones están lejos de cumplirse. 
Después de tres kilómetros de recorrido zigzagueante llegamos a una ciudad paralela donde reina la ilegalidad. A simple vista, Pampa Pacta parece encarnar una versión limeña del Viejo Oeste, donde en vez de oro, la supervivencia gira en torno a la fiebre de la construcción. A un lado del camino, docenas de camiones repletos de grava, ripio y piedra entran y salen como topos de las canteras clandestinas, mientras que el otro lado de la vía está reservado para los terrenos invadidos.

Es aquí donde en abril del 2014 la PNP informó sobre el hallazgo de armas caseras, pistolas, fusiles, granadas, bombas caseras y vehículos robados, como publicó El Comercio.

La Cámara Peruana de la Construcción asegura que este territorio está destinado para la expansión de Lima, que avanza hacia el sur. “El gobierno ha anunciado la prolongación de la avenida Pachacútec hasta San Bartolo, y la construcción de una vía periurbana [nueva Panamericana] para el tránsito que conecte Cieneguilla con el Callao, además del proyecto del metro que incluye ampliarse hasta Lurín”, dice el alcalde de Punta Hermosa, que afirma haber intentado desalojar la zona sin éxito. El burgomaestre reconoce estar con las manos atadas. La escasa cantidad de policías le impide siquiera acercarse.

La camioneta se detiene unos segundos. Desde el asiento del copiloto, Lucio admite que vive aquí desde hace un año como comunero. “Un terreno en posesión invadido y cercado podría costar hasta 5.000 soles”, dice. Sin embargo, este valor se multiplicaría cuando estos proyectos se ejecuten.

Esta ciudad paralela, que parece ser la sombra del balneario, habría comenzado a ser invadida hace cinco años. El lugar hace años se había destinado a la irrigación Mesías, un proyecto que nunca se inició. A medida que fue ‘urbanizándose’, los habitantes comenzaron a abrir calles, locales de comida, cantinas, plazas y prostíbulos. Se calcula que entre los terrenos invadidos y canteras vivirían cerca de 5.000 personas. En Pampa Pacta incluso operan dos colegios, uno de ellos con carteles de la Unidad de Gestión Educativa Local (UGEL) de Cañete. Esta institución afirma desconocer la zona y niega haberles dado autorización para operar. 

De regreso a zona segura, un hombre al que llamaremos José, que vive en una casa a unos 20 metros de la Panamericana Sur, dice haber querido comprar un terreno en Pampa Pacta en octubre de 2015 pero fue estafado. 

“Pagué 300 soles por la posesión de un predio de 200 metros cuadrados. Me dijeron que un domingo iban a invadir y que si quería asegurar mi tierra les pague eso. Luego, cuando ya fue invadido me dijeron que tenía que hacerles otro pago de 1.800 soles por gastos legales y abogados. Les dije que no, pero no me devolvieron mi plata. Algunos aceptan pero acaban perdiendo, y otros tienen que traer su propia seguridad para no perderlo”, dice José.