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El último héroe peruano del Cenepa no descansa en paz [FOTOS]

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Julia Panta y sus hijas llegaron de EE.UU. para la ceremonia que ayer se suspendió. Andrea (a la izquierda) –la mayor de los García Panta– tenía apenas 4 años cuando su padre se hizo héroe tras morir en el Cenepa. (Rolly Reyna / El Comercio)

Andrea tenía 5 años cuando le contaron que su papá era un héroe. Uno de verdad, como los de los libros de historia. Un día, su maestra preguntó en clase qué personajes heroicos recordaban y ella levantó la mano para decir entusiasmada: Luis Alberto García Rojas, el nombre de su papá. Pero la profesora dijo frente a todos que no era cierto y a la pequeña se le empaparon los ojos.

Un año antes de ese incidente, el 29 de enero de 1995, poco antes de las 2:00 p.m., el capitán EP (ascendido a mayor) Luis Alberto García Rojas piloteaba el helicóptero que dirigía el ataque peruano contra las tropas de Ecuador. Era el preludio del conflicto armado en el Cenepa.

A solo segundos de llegar al puesto Tormenta, el punto de ataque, misiles enemigos derribaron su nave. Los testigos –entre ellos dos periodistas de El Comercio infiltrados en la operación– recuerdan la bola de fuego que estalló en el cielo antes de caer a la selva agreste. En ese instante, el recuerdo del padre de la pequeña Andrea se hacía inmortal.

Julia Panta, la esposa de ‘MacGyver’ –así lo llamaban sus compañeros–, guarda una maleta llena con documentos que envió y recibió para que su esposo fuera oficialmente un héroe. Once años después de librar su propia batalla contra la indiferencia del Estado, Julia demostró con videos, fotografías y testimonios que el de García Rojas fue un acto heroico voluntario para defender a su patria.

Así, el 10 de marzo del 2006, el Congreso aprueba la Ley 28682 y lo declara héroe nacional. La norma, entre otras cosas, ordena que sus restos descansen junto a los mausoleos de Miguel Grau y Francisco Bolognesi, en la Cripta de los Héroes.

Voló al sueño eterno
El 29 de enero de 1995 era el último día de ‘MacGyver’ en la zona de combate. Iba a ser relevado. En casa, Julia Panta y sus dos hijas –Andrea y Diana– lo esperaban con los adornos de Navidad aún puestos. Él así lo había pedido antes de partir.

Esa mañana, el capitán García Rojas dirigió un primer bombardeo contra las tropas ecuatorianas. Y fue exitoso. Más tarde, volverían para un segundo bombardeo. La orden, esta vez, era que un helicóptero de ataque de la Fuerza Aérea dirigiera la incursión.  

Pero uno de esos pilotos FAP dudó y ‘MacGyver’ se ofreció voluntariamente para guiar la misión con su nave, equipada solo para traslado de tropas y no preparada para atacar. Quince minutos después de partir, ‘MacGyver’ intentaba esquivar los misiles que venían detrás él y de sus cuatro tripulantes. Esa fue su última maniobra en el cielo.

En su honor
Julia Panta y sus dos hijas llegaron esta semana desde EE.UU. para presenciar el ingreso de Luis Alberto a la Cripta de los Héroes. Ese es el lugar que le corresponde, según la ley de calificación de acciones heroicas.

En el 2012, Panta demandó al Estado para que cumpla la ley que lo declara héroe en el 2006. La Segunda Sala Civil de Lima le dio la razón en octubre del 2015 y ordenó al Ministerio de Defensa que traslade los restos de ‘MacGyver’ a la morada de los héroes. 

El Ejército, obligado por el Poder Judicial, dispuso que ayer 29 de enero se le rindiera los máximos honores ingresando su ataúd a la cripta. El presidente Ollanta Humala tenía poderosas razones para estar presente: la ley se lo ordena y ambos compartieron aulas en la Escuela Militar de Chorrillos. 

El momento que la familia García Panta esperó durante 21 años fue suspendido por el Ejército horas antes. Y para Julia y sus hijas fue como otro misil estallando en sus vidas, paradójicamente, un 29 de enero.

Una escena grafica todo: Julia Panta, afuera de la cripta, golpea el vidrio por tercera vez –sin fuerza– y espera inútilmente que alguien abra las puertas de par en par y rinda honores a su esposo.