Amadeo García, el último hablante del idioma taushiro

Esta semana el Ministerio de Cultura condecoró al último sobreviviente de la etnia taushiro por el Día de la Lengua Materna

Amadeo participa actualmente en el proyecto de documentación lingüística y cultural del pueblo taushiro, del Ministerio de Cultura. Es el último representante de su etnia en nuestro país. (Foto: Nancy Chappell / El Comercio)

Tengo 68 años y vivo en Intuto, capital del distrito de Tigre, provincia de Loreto. Soy el último sobreviviente de la etnia taushiro y, por tanto, el último que habla el idioma taushiro. El Ministerio de Cultura me ha dado una distinción por el Día de la Lengua Materna. Eso ayuda a difundir mi cultura.

Su labor incansable en la defensa y recuperación de su lengua y cultura ha sido finalmente reconocida. Amadeo García, orgulloso, acaba de recibir una medalla y un diploma como Personalidad Meritoria de la Cultura. Él sabe que es único, sabe que es importante. Cuando me cuenta de sus recuerdos junto a sus padres le brillan los ojos. Cuando me habla en su lengua materna, lo hace con mucha pasión. Tiene amplios conocimientos de caza, pesca y medicina natural, y está ávido de compartirlo todo con nosotros. Nuestra labor ahora es lograr que todos conozcan la sabiduría de los taushiros.

—¿Qué recuerdos guarda de su niñez?
Lo que más me acuerdo de cuando era muchacho es cuando íbamos a cazar pájaros en el monte, ‘pucuneábamos’ [cazar con cerbatana] pájaros, con mi hermano nos íbamos a andar al monte, ‘pucuneábamos’ monitos para comer. Subíamos a lo alto de los árboles y hacíamos correr a los monos. Luego bajábamos cuando cazábamos al animal y se lo dábamos a mi mamá, y ella los chamuscaba.

—¿Todavía caza así?
No, ahorita cazo con escopeta. Antes mis abuelos cazaban animales como la huangana y el sajino con lanzas, y los monos se cazaban con pucuna o cerbatana, con un veneno que se llama ampiri, con eso matábamos a los choros [especie de mono] o al paujil [especie de ave].
 
—¿Y cómo pescaban?

A los pescados los agarrábamos con trampas en las quebradas, atrapábamos lisas, palometas, mojarras; les echábamos barbasco [planta venenosa] y con eso se desmayaban los pescaditos y los agarrábamos.

—¿Quién le enseñó todo eso?
Mi papá me llevaba como varón, me enseñaba a ‘pucunear’ con cerbatana. El animal que matábamos se lo entregábamos a mi mamá y ella lo preparaba. Hasta ahorita yo hago eso, pero solito, no tengo compañera. También sé hacer lanzas. Yo he aprendido de mi papá y él ha aprendido de su papá. Y mi mamá le enseñaba a mi hermana a tejer la cushma o una falditas para las mujeres. Así era antes todo.

—Los taushiros también eran grandes trepadores de árboles.
Sí, subíamos antes a los árboles bien elevados. Teníamos una soga que amarrábamos a nuestros pies y podíamos subir bien arriba. Nunca me he caído. La última vez que he subido fue hace años y me han filmado. También hay un video donde yo estoy tejiendo hojas para mi techo. Ahora ya no puedo subir a los árboles porque me duele la cintura. Ahorita podría hacerlo de muestra, no tan alto, para que me televisen nomás [risas].

—¿Quién le enseñó a trepar árboles?
Mi mamá. Las mujeres subían para sacar, por ejemplo, mango, guayo, caimito y palta para comer. Los hombres subían para cazar.

—¿Y también conoce de medicina natural?
Claro, el chuchuhuasi, el sanango, la uña de gato y el clavohuasca, que tienen distintas propiedades. Todo eso se encuentra en la selva grande, yo conozco las plantas, las preparo como té. El agua de chuchuhuasi, por ejemplo, se toma para calmar la diarrea. Lo único que no hemos podido dominar es el sarampión ni la tos ferina. Esta última se ha llevado a toda mi familia.
 
—¿Cree que hay otros taushiros en el Perú?
No creo, conmigo se acabó todo. Yo le he preguntado a un montón de gente, por acá y por allá, si saben hablar taushiro. Algunos me dicen que sí, y yo le digo… [habla en taushiro], que quiere decir ‘si quieren comer’, y no me entienden. No hablan pues.

—¿Y cómo hace para no olvidar su idioma?
Hablo solo, canto. Yo tenía una biblia en taushiro, pero me la han robado. Pero todo lo que he leído está grabado en mi cabeza. Mucho me roban allá, mi motosierra me han robado, se la han llevado para siempre; y mi escopeta también, pero la recuperé.
 
—¿Cómo es su día a día?
Yo voy al monte casi todos los días, desde las 6 de la mañana hasta las 5 de la tarde. Me despierto a las 3 de la mañana. No sé por qué no puedo dormir, me aburre estar durmiendo. A las 5:30 a.m. me pongo a hacer mi desayuno, hierbaluisa con pan. Luego pienso si voy o no al monte. Si voy y hallo animales, puedo matar dos o tres, pero no más porque pesan y no puedo cargarlos. A veces no hallo animales y como yuca frita con mantequita. O madurito frito. Un paujil, por ejemplo, me sirve para comer cuatro días. Lo chamusco y lo guardo saladito. Si tuviera congeladora sería mejor. Pero no tengo, no hay luz ni agua donde vivo.
 
—¿De dónde obtiene agua?
Yo tomo agua de lluvia. La junto en bandejas. El río está muy lejos, como a medio kilómetro.
 
—¿Y cómo se ubica en el monte?
Según la entrada del sol sabes cómo salir a la trocha. Cuando el tiempo ya no da para llegar a la casa, cuando oscurece, uno tiene que quedarse a dormir en el monte, con los zancudos que te chupan la sangre.
 
—¿Por qué es importante que nosotros conozcamos su lengua?
A mí me gusta el trabajo que ustedes están haciendo porque ya no se va a borrar mi lengua ni mi cultura. Empezó con Neftalí [lingüista] de Puerto Rico, ella comenzó a registrar el idioma que yo tengo. Luego llegó Juanita Pérez [lingüista sanmarquina]. [Habla en taushiro] Nadie sabe conversar así como yo converso.
 
—¿Qué le parece este reconocimiento del Ministerio de Cultura?
Me parece bien. Es para que no se termine la lengua que yo tengo, y ustedes se encarguen de difundirla. Yo quisiera que la gente aprenda a hablar taushiro, yo puedo enseñarles. 


Tags relacionados

Taushiro