“Más que un poco de gracia”, por José Carlos Requena

“El optimismo económico contrasta con la realidad política”

“Más que un poco de gracia”, por José Carlos Requena

El Mininter informó que se ha iniciado “una investigación sumaria para determinar quién autorizó la intervención policial y si lo hizo cumpliendo las directivas del sector sobre el uso de la fuerza”. (Miguel Neyra/El Comercio)

Tal como se tenía previsto, este año el proyecto minero Las Bambas inició operaciones comerciales. MMG, la empresa que opera el proyecto, estima que puede llegar a ser “uno de los activos de cobre más importantes a nivel mundial, en términos de producción”.

El impacto se hizo notar rápidamente en Apurímac. Los primeros días de octubre, un entusiasta reporte del Instituto Peruano de Economía (IPE), utilizando cifras del segundo trimestre del 2016, indicaba que “la tasa de crecimiento de Apurímac (266%) marca un récord nacional, y es principalmente atribuible a la fuerte expansión del sector minero a raíz de la extracción de cobre en el proyecto Las Bambas y, en menor medida, a los concentrados de oro en la mina Anama”.

El optimismo económico contrasta con la realidad política. Una de las características de Apurímac es el gran desapego político, graficado en el alto porcentaje de ausentismo electoral y votos nulos y blancos en la elección parlamentaria de abril. Solo algo más de la mitad de electores (50,6%) votaron por alguna opción en contienda, mientras que poco más de un tercio (34,83%) optaron por las dos agrupaciones –Fuerza Popular (FP) y Frente Amplio (FA)– que obtuvieron curules. Un ejercicio similar para el nivel provincial puede mostrar una desafección aún mayor.

La ya limitada representación congresal (solo dos curules) presenta además a debutantes: tanto Richard Arce (FA) como Dalmiro Palomino (FP) son congresistas por primera vez. Solo Arce ha figurado en las noticias en lo que a Las Bambas se refiere.

En tanto, el Ejecutivo lanzó una relación privilegiada y fluida con las regiones, plasmada en el primer encuentro de setiembre, que rápidamente ha confirmado sus límites. Los gobernadores no han demostrado ser aliados tan activos o confiables. Hasta el cierre de esta columna, por ejemplo, Wilber Venegas, el gobernador de Apurímac, no se había manifestado tras los trágicos incidentes del último viernes, donde falleció el comunero Quintino Cereceda Huilca.

Además, nombramientos importantes para la relación con las regiones han esperado largamente, demostrando la falta de cuadros y las luchas intestinas. Por ejemplo, Rolando Luque recién fue nombrado al frente de la Oficina de Diálogo y Sostenibilidad (ONDS) de la PCM, a inicios de octubre, más de dos meses después de haberse iniciado la administración Kuczynski.

La trágica muerte de Cereceda, cuyo esclarecimiento debería ser prioritario, recuerda a la política oficial que está rodeada de ilusiones: crecimiento económico sin enraizamiento, política cada vez con mayores dificultades para representar, y un Ejecutivo que –valga la contradicción– tarda en ejecutar. Todo esto unido al serio golpe del Caso Moreno reitera que para gobernar un país tan complejo se necesita mucho más que un poco de gracia.


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