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Los cursos online abiertos y masivos revolucionan la enseñanza universitaria

Millones de estudiantes se benefician de los cursos gratuitos por Internet que ofrecen decenas de instituciones

Los cursos online abiertos y masivos revolucionan la enseñanza universitaria

AGENCIA MATERIA

Enero, en especial sus primeros días, es el mes de los buenos y nuevos propósitos. Que si dejar de fumar, que si hacer más ejercicio, que si ser mejor persona… ¿y si aprendemos algo nuevo? Todo indica que 2013 será el año de los MOOC, o cursos online abiertos masivos, por sus siglas en inglés. Una nueva forma de enseñar y aprender contenidos de educación superior se está extendiendo desde los campus de las mejores universidades a cualquier rincón del mundo.

El fenómeno de los MOOC nació en Estados Unidos de la mano de algunos visionarios como el teórico de la inteligencia artificial y ex profesor de la universidad de Stanford Sebastian Thrun. Aunque las primeras experiencias tienen varias décadas, no ha sido hasta el pasado 2012 que el fenómeno no se ha convertido en masivo. Durante los últimos 12 meses nacieron las principales plataformas tecnológicas a las que las universidades han enganchado sus cursos.

“Ha surgido de todo, desde ser mejores cocineros, aprender a ser más artístico, dominar nuevos deportes, nuevos instrumentos, nuevos lenguajes de programación, otros idiomas y hasta convertirse en mejores profesores”, escribían en su blog los responsables de Udacity como sus propósitos para el nuevo año. Creada por Thrun y otros dos colegas dejan claro sus objetivos en su declaración de principios: “Nuestra misión es ofrecer al mundo enseñanza superior de forma accesible, atractiva y eficaz. Creemos que la educación superior es un derecho humano básico y pretendemos capacitar a nuestros estudiantes para que desarrollen sus habilidades y así puedan avanzar en sus carreras.” En apenas un año desde su fundación, Udacity ha enrolado a más de 150.000.

EDUCACIÓN PARA MILES
Un vistazo a la página de Udacity permite hacerse una idea de lo que se puede aprender en un MOOC. Hay cursos de introducción a la informática o a la física, intermedios para aprender inteligencia artificial o programación y cursos avanzados en criptografía aplicada o robótica.

Pero más importante que los contenidos es la forma y la filosofía de los MOOC. Como anteriores plataformas de aprendizaje, son online. No importa donde se encuentre uno, basta una conexión decente para apuntarse. Pero ahora son masivos. En teoría se puede inscribir tanta gente como quiera. Los ha habido con decenas de miles de estudiantes. En la práctica, las universidades están limitando el número de inscripciones por razones de operatividad. La Universidad de Texas en Austin, por ejemplo, ha tenido que cerrar el registro- para su segundo curso sobre infografía, dirigido por el español Alberto Cairo, tras alcanzar los 5.000 inscritos. Ni los servidores del centro universitario ni la capacidad de Cairo podían con más. Los MOOC son también abiertos, lo que lleva aparejada su gratuidad. Es un detalle fundamental de la filosofía en la que se basan: democratizar y globalizar la enseñanza superior.

En el fondo de la revolución que viene hay un cambio en el paradigma educativo. Ideas ya veteranas como el constructivismo, que postula la entrega al alumno de las herramientas para el aprendizaje, se han fusionado con conceptos como el edupunk, el hazlo por ti mismo aplicado a la enseñanza, o el neologismo conectivismo, la confianza en las posibilidades que ofrece la red para adquirir nuevos conocimientos. No se trata sólo de que Alberto Cairo cuelgue sus vídeos sobre visualización de datos en la web. Los cursos MOOC se apoya en herramientas de las redes sociales para interactuar con sus miles de estudiantes interpelándoles y poniendo tareas o para que los inscritos se pregunten entre sí.

NO SÓLO DE TECNOLOGÍA
Aunque el fenómeno salió de iniciativas individuales de grandes profesores (Thrun, por ejemplo es investigador en Google y uno de sus socios en Udacity, David Stavens, formó parte del equipo de la Mars Rover de la NASA), las universidades también se han subido al carro. El MIT y la Universidad de Harvard crearon edX, una plataforma de cursos online masivos a la que se han unido otros centros de alto nivel como Berkeley, Georgetown o Wesleley College en el pasado diciembre. Con la incorporación de las dos últimas, edX también DA un paso más allá en los contenidos. Aunque los cursos relacionados con la tecnología y la ciencia son los que más abundan, en este año ofrecerán otros en los campos de las ciencias sociales, de la salud o la economía.

Pero si se trata de contar universidades, la plataforma más amplia es Coursera. Nacida también en 2012 cuenta ya con más de dos millones de estudiantes, lo que la convierte en la universidad más grande del mundo. En total, tiene 33 centros educativos asociados. Para el año que empieza, tienen programados 211 cursos en las más diversas disciplinas. Con Coursera se produce también la internacionalización de los MOOC. Entre sus centros universitarios están algunos de los más prestigiosos de fuera de Estados Unidos, como la École Polytechnique Fédérale de Lausanne (Suiza), la Universidad de Londres o la Universidad de Ciencia y Tecnología de Hong Kong.

En España, aunque de forma discreta, la UNED lanzó sus primeros COMA (acrónimo en español de los cursos online masivos abiertos) en comercio electrónico, open data o innovación social. La otra gran plataforma española es Unimooc, impulsada por el Instituto de Economía Internacional de la Universidad de Alicante, en la que participan varias universidades españolas, el Banco Santander o Google. Aunque empiezan con un único curso para emprendedores, puede ser la semilla para que los MOOC despeguen en España.

El único punto débil de estos cursos es su homologación. No hay manera de examinar a los estudiantes y, por tanto, la mayoría no son cursos oficialmente reconocidos. Pero, aunque algunas plataformas como Udacity ya darán créditos este año tras implantar un control externo en alguno de sus cursos, la filosofía de los MOOC tiene poco que ver con la obtención de un título y sí con la educación realmente adquirida.