Fabian Dittrich: "Viajar es importante en la vida de un humano"

Fabian Dittrich es un alemán que viaja por todo el mundo buscando emprendedores. Así, ha vivido grandes anécdotas

Fabian Dittrich: "Viajar es importante en la vida de un humano"

El alemán Fabian Dittrich viajó por Sudamérica en una camioneta. (Foto: Facebook Oficial Fabian Dittrich)

Fabian Dittrich: "Viajar es importante en la vida de un humano"

Acá se ve a Fabian navegando por el Amazonas. Recoge diferentes experiencias en cada lugar que visita. (Foto: Facebook Oficial Fabian Dittrich)

Fabian Dittrich: "Viajar es importante en la vida de un humano"

El alemán asegura que viajar es algo que te enseña muchas cosas en la vida. (Foto: Facebook Oficial Fabian Dittrich)

Stefano Traverso

El alemán Fabian Dittrich es un hombre que decidió renunciar a su trabajo para poner su propia empresa y así poder viajar por todo el mundo. Gracias a su proyecto StartupDiaries llega a conocer gente de diferentes lugares que trabaja con la tecnología y solo necesita una conexión a Internet para poder laborar de manera independiente.

Fabian Dittrich conversó con ¡Vamos! y habló sobre las diferentes y curiosas experiencias que le ha tocado vivir en algunos países que ha conocido. Afirma también que viajar es una de las partes más importantes en la vida de un ser humano, pues llegas a aprender cosas que ninguna universidad te puede enseñar.

Lee aquí la primera parte de la entrevista con Fabian Dittrich.

¿Qué países has llegado a conocer?

Fue en el 2001 que hice mi primer largo viaje solo, rumbo a Tailandia y aproveché también para conocer Laos. Gracias a este viaje a Asia empecé a enamorarme de esta forma de viajar: aquella que no incluye planes y por lo tanto andar en las calles sin rumbo fijo a ver qué pasa. Desde entonces nunca he parado.

En el 2004 me fui a Chile a hacer unas prácticas durante tres meses, y como el país me fascinó, decidí quedarme un tiempo a aprender español. Aproveché para conocer Argentina y Brasil. Luego, regresé a Alemania y me di cuenta que no me gustaba estar en mi país así que me mude a España, y fue ahí, en Madrid, donde escribí mi tesis para terminar mi carrera. Luego de eso viajé a la India, a Egipto y a Marruecos. África era mi nuevo destino.

En Berlín conocí a un tipo que había comprado un Mercedes y viajado durante cuatro años por todo África, así que decidí hacer lo mismo. Salí de Alemania, pasé por Francia, España y luego crucé el Estrecho de Gibraltar para viajar por todo África. Conocí Marruecos, Mauritania, Senegal, Gambia, Mali, Burkina Faso, Ghana, Togo, Benin, Nigeria, Camerún, Gabón y el Congo. Lamentablemente en ese viaje me dio malaria y tuve que pasar mucho tiempo en cama. Luego encontré un buen trabajo y por viajes laborales pude conocer Irlanda, Rumania y Estados Unidos. Renuncié luego de un año y creé mi propia empresa a mi gusto, es decir, sin un lugar específico como sede, sin horarios y con la posibilidad de viajar mientras trabajo. Con ese trabajo viajé a Canadá, República Dominicana y a Jamaica. También conocí la selva del Perú, los pueblos shipibos cerca de Pucallpa e Iquitos. Con una Land Rover viajé a Chile, Uruguay, Argentina, Ecuador, Colombia, Brasil y Uruguay.

¿Qué es lo que más te ha sorprendido al momento de viajar?

Pues podría empezar por las diferencias culturales, aquellas que notas por medio del contacto directo con las personas. Eso de viajar y permanecer largo tiempo en sociedades muy diferentes a la que te tocó vivir y en la que te tocó aprender, y darte cuenta entonces, que es muy relativo, lo mucho o poco que aprendiste en un contexto determinado.    

Me he tropezado por esto, con un pirata de Nigeria, un rey en Ghana, un viejo veterano de Vietnam. La lista es muy larga. Para no enumerar a cada quien o cada cosa que me ha enseñado el viaje y en lo que me he convertido, prefiero contarles dos historias. Una se desarrolló en Jamaica y la otra en Ghana.

En Ghana:

Una noche mientras salí a caminar un poco por la playa, tres hombres me robaron lo que llevaba conmigo. Cuando estos se alejaron de mí, sin temor pero precavidamente, decidí seguirlos, me les acerqué y les pregunté si por lo menos podían devolverme el pantalón y la camisa. Me miraron y se dieron cuenta que aún tenía un collar puesto, uno de ellos intentó quitármelo agarrando mi cuello con su mano para lograr abrir el cierre mientras me preguntaba qué hacía ahí hablando con ellos. Empecé a contarles mi travesía, que venía de Alemania en un auto viejo y lo que venía haciendo. Lo primero que me preguntaron fue cómo había cruzado el mar, y fue así como les conté lo que venía haciendo y por qué estaba viajando. Ellos me escucharon atentamente y al final me dijeron que no deseaban frenar mis planes y que me dejaban continuar mi camino, así que me devolvieron mis pertenencias y me explicaron que su desesperación muchas veces los obligaba a hacer este tipo de cosas. Con esta anécdota aprendí que muchas veces no se es “malo” porque sí, sino porque toca.

En Jamaica:

Hace un año estuve en esa hermosa isla caribeña. Me encontraba en Calgary, Canadá y tomé un viaje de esos baratos de último minuto rumbo a Jamaica  Alojado en un hotel, me encontré con unos turistas de mi edad. Eran norteamericanos y me decían que preferían no salir de las inmediaciones del hotel pues les daba miedo que los locales los fueran a molestar. Decidí ver esto con mis propios ojos y entonces me alejé del área del hotel. Comprobé que esto era cierto, pues muchos me interceptaron y me ofrecían todo lo que se les ocurría. No era fácil tratar con ellos.

El hecho de viajar tanto me hizo aprender muchas experiencias y así poder saber tratar a las personas de diferentes lugares sin sentir temor. Un turista no debe tenerle miedo a la gente local, sino sacarle provecho a la inmensa riqueza cultural que te puede dar esa sociedad diferente a la tuya.

En lugar de seguir en el hotel, decidí vivir mis vacaciones en un lugar más auténtico, así que salí y encontré una hermosa cascada en la cual se podía escalar varios niveles. Yo era el único que estaba solo, pues los demás estaban en grupos. Me dijeron que era peligroso estar solo y me recomendaron que me busque un grupo. Cuando voltee a ver los grupos, solo veía borregos siguiendo al típico jamaiquino de rastas que les hacía gritar “¡Ya man!” en especie de coro militar. Les hacían comprar a los turistas unas chanclas de plástico supuestamente necesarias para subir la cascada y una cantidad de tonterías que las vendían como si fueran urgentes. Los turistas se movían sin zapatos y con gran agilidad. Superé el temor, me quité los zapatos, los puse en mi mochila y empecé a subir la cascada. Minutos después me sentí como pez en el agua.

Ahí me di cuenta que la gente que subía la cascada representaba el total de la sociedad en la que vivimos. Un 95% están alineados y se comportan de la misma manera y según lo que los medios les han enseñado. Al otro lado esta ese 5% que decide tomar riesgos y hacer las cosas de una manera diferente y más interesante. Gente innovadora que se escapa del rebaño y descubre cosas nuevas. Eso te permite viajar, ver cosas distintas, superar desafíos y mil cosas más. Tengo abierto el apetito para conocer más, para experimentar lo inimaginable y para seguir creciendo en mis proyectos. Todo esto lo aprendí en la escuela del viaje y no en la universidad, por eso estoy convencido que viajar es de las experiencias más importantes que un ser humano debe vivir.

Lee la segunda parte de la entrevista este lunes en ¡Vamos!


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