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Martes 12 de febrero del 2013 13:11

¿Te hospedarías con un extraño?

Cada vez más residentes de ciudades como Nueva York o Ámsterdam se arriesgan a abrir las puertas de su casa a gente que no conocen para ganar dinero. Al mismo tiempo hay turistas valientes que buscan economizar
¿Te hospedarías con un extraño?

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Aunque la frase “no aceptes dulces de extraños” ha sido un mantra familiar por varias generaciones, pareciera que cada vez más gente está feliz de hospedarse con desconocidos.

Airbnb es un mercado comunitario para publicar, descubrir y reservar viviendas. En su página web, los dueños de casas se encuentran con los turistas y mochileros que buscan lugares para hospedarse.

Establecido en 2008, forma parte de una ola de sitios de internet como Windu o Homestay que están sacándole provecho económico a todos aquellos que buscan una ganga. La firma asegura tener listas de más de 35.000 ciudades en 192 países.

A pesar de que esas compañías también ofrecen opciones de lujo, la mayoría de los clientes acude a ellas tratando de economizar. Muchos de ellos son, sin duda, mochileros que viajan con un presupuesto limitado.

La habitación libre de un apartamento con vista a la Torre Eiffel es usualmente mucho más barata que el cuarto de un lujoso hotel con vista a la Torre Eiffel.

Estas páginas de internet dependen de clientes y anfitriones que no le tengan miedo a los extraños.

Valientes
La mayoría de los alquileres en sitios como Airbnb son apartamentos completos, en donde los turistas se hospedan rodeados de cosas que no les pertenecen, pero se sienten cómodos porque tienen el espacio solo para ellos.

Sin embargo, también es muy común alquilar habitaciones en apartamentos o casas en donde el dueño vive. En este caso los turistas comparten con personas de las que no saben absolutamente nada y, a su vez, el dueño le abre la puerta de su casa a perfectos extraños.

La mayoría de los clientes pareciera reportar experiencias positivas.

Los peores incidentes con los que se ha encontrado Peter Tompkins, quien comenzó a subarrendar su apartamento londinense en mayo del año pasado, son cosas como “un libro que se pierde o algún cubierto que sale de la casa para un picnic y nunca regresa”.

Pero también hay historias de terror relacionadas con el saqueo de apartamentos y robos de identidades que en 2011 obligaron a que Airbnb ofreciera una disculpa pública. Por esa razón, la empresa ahora ofrece una garantía de más de US$900.000 a los anfitriones, así como también una línea telefónica de apoyo 24 horas.

Airbnb insiste en que sus miembros están a salvo de los problemas que afectan la industria del alquiler temporal. Promocionar una propiedad falsa y quedarse con el dinero es imposible, dicen, porque Airbnb se queda con el pago que le corresponde al dueño durante las 24 horas siguientes a la llegada.

Como la mayoría de las páginas web de orientación social, el servicio es regulado por quienes lo utilizan. Los usuarios confían en los comentarios que escriben quienes ya han estado ahí.

Los turistas típicos, dice Tompkins, pasan muy poco tiempo en los apartamentos.

“No todos los visitantes se vuelven amigos, pero puedo decir que nunca he tenido a alguien que realmente me desagrade. Y lo cierto es que se van a los pocos días, a diferencia de los compañeros de cuarto”.

Sorpresa, no miedo
Pero eso no descarta la posibilidad de que haya momentos incómodos.

Otro usuario, “Bob” de Amsterdan, recibió invitados por primera vez hace seis meses. Una vez, una pareja francesa regresó a la casa tras una noche de disfrute en la ciudad y la mujer se desmayó en medio de la sala.

Su reacción cuando eso ocurrió fue más de “sorpresa que de miedo”.

“Fue una buena lección para mí. A los clientes siguientes les di muchos mejores consejos sobre la ciudad”.

Bob comenzó a ser anfitrión debido a una mezcla de desempleo, aburrimiento y curiosidad. Y, en su opinión, la curiosidad mutua es lo que promueve la conexión entre los dueños de propiedades y los turistas que nunca se han conocido antes.

“Es un tipo de gente que pocas veces causa problemas. Ellos están interesados en ti y en vivir las experiencias de los locales, mientras tú tienes la oportunidad de conocer gente de todo el mundo”.

Pero no todo el mundo es fanático de Airbnb y otras páginas web de alquileres informales. Los gobiernos de ciudades como Nueva York o Amsterdam han identificado a muchos de estos lugares de hospedaje como “hoteles ilegales”.

Rentar un apartamento completo en Nueva York por menos de 30 días es ilegal desde 2010. Una búsqueda rápida en Airbnb sugiere que la norma podría aplicarse a casi la mitad de las listas actuales de la zona.

Amenazan con la posibilidad de enormes multas para los anfitriones y visitantes si son descubiertos, pero en la práctica es muy difícil que eso ocurra en una ciudad tan grande.

Por ello, Arnie Weissmann, editora del sitio Travel Weekly, predice que muy pronto las autoridades locales reaccionarán, debido a que quienes alquilan de manera informal evaden los impuestos de ocupación y las ciudades pierden dinero.

El gobierno de Amsterdam ha usado las listas de Airbnb para identificar “hoteles ilegales” y cerrarlos, aunque lo típico es que se enfoquen en los dueños ausentes que están rentando apartamentos, en lugar de aquellos visitantes que subarriendan una habitación.

En busca de sofá
A pesar de los crecientes esfuerzos por regularlos, las compañías como Airbnb seguirán siendo atractivas. Cualquiera que haya visitado Nueva York, Londres, Roma, París, sabe que los precios de los hoteles dan ganas de llorar.

También existe la creencia, promovida por compañías con lemas como “Viaja como un humano” y “Vive como un local”, de que Airbnb y Onefinestay son la continuación de la tendencia de viajes no comerciales.

La página web Couchsurfing, que fue fundada en 2003 y posee 5,5 millones de miembros, se ha vuelto popular entre los mochileros por ofrecer esencialmente el mismo servicio a cambio de prácticamente nada. El único cargo opcional es de US$25 para la verificación de identidad.

“Para muchos de nuestros miembros, Couchsurfing representa un estilo de vida”, dice David Cumpston, director de comunicaciones de la empresa.

“La principal motivación es cultural”, señala el colombiano de 26 años, Santiago López Álvarez, quien es miembro de la página. “La mejor manera de tener una experiencia de viaje es compartiendo con los locales. Ellos te ofrecen una perspectiva totalmente distinta de los lugares que visitas”.

“El hecho de no pagar por una cama es, por supuesto, una ventaja. Aunque usualmente cocino algo para mi anfitrión en agradecimiento”.

Para la mayoría de los usuarios, lo impredecible es parte de la experiencia.

Pero también ha habido malos incidentes. En 2009, una mujer de Hong Kong fue violada por su anfitrión en Leeds, Inglaterra.

“Las referencias son lo más importante”, dice López, quien se ha rehusado a escoger anfitriones que no las tengan.

Así como los consumidores leen regularmente los comentarios de otros usuarios, acerca de qué ciudades visitar o cuál plancha comprar, a estos clientes se les recomienda investigarse.

López incluso chequea los perfiles de aquellos que escriben las referencias, “sólo para asegurarme de que los comentarios son reales”.

“Si sabes cómo usar la página web, será muy difícil tener una mala experiencia”.

Sin embargo, para muchos, la perturbadora sensación de invadir el espacio personal de otro siempre será suficiente para pagar un poco más de dinero y hospedarse en un hotel.