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Verónica Linares

La globalización de la lipo

Ya no es un lujo hacerse un arreglito, pues junto al ‘boom’ de los centros comerciales, inmobiliario y crediticio, también se ha masificado la cirugía estética.

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Las dos cosas que más recuerdo de Aimé, una niñera que tuvo Fabio, es que reía de todo y que era de buen diente. Haciendo un cálculo rápido podría afirmar que el 70% de lo que se cocinaba en la casa era para ella. Alfredo y yo paramos a dieta y Fabio come en plato pequeño. Gracia cocina y va picando, por eso se sirve como para un pajarito, y el resto era todo para Aimé.

Cuando nos acompañaba a almorzar a la calle siempre bromeábamos con el mozo sobre cómo debía ser su plato: por favor, bien servido para la señora. Ella tenía una frase: “hay que alimentarse bien para no enfermarse”.

Pero una vez vi a Aimé con bolsas de chía y salvado de trigo. Me contó que estaba con sobrepeso y que debía bajar unos kilitos. Al cabo de unas semanas empezó a notarse la diferencia. Redujo las porciones en el plato y ya no comía arroz ni papa, solo ensalada. Un día me sorprendí de lo flaca que estaba, al percatarme que el cinturón que usaba para ajustar su mandil con bolsillos le daba vueltas: ¡Qué tal cintura! La felicité por su fuerza de voluntad. Ella –para variar– se atacó de risa. Hoy me entero que su risa era de burla, pues me había tragado el cuentazo de la dieta estricta cuando, en realidad, se había hecho la lipoescultura. La niñera de Fabio se hizo la lipo y quedó espectacular.

Hace unos días, Gracia me chismeó los detalles. Dice que vio a Aimé cambiándose y le llamó la atención ver su vientre morado. Le preguntó qué le había sucedido y, mientras se ponía una faja, le confesó que se había sacado los rollos.

¿Dónde se habrá operado? Muchas veces he relatado noticias de personas que mueren en un consultorio que ofrecía mejorar su aspecto físico por solo S/500. Son locales informales, donde se hacen intervenciones sin ningún equipamiento seguro que pueda atender al paciente en caso de que tenga una descompensación. Después de todo, una lipo es una operación y tiene sus riesgos: te ponen anestesia general, te cortan, te meten cánulas, te succionan grasa que sale con un montón de sangre, te cosen. Así que no estamos hablando de poca cosa.

Conociendo a Aimé, estoy segura que ahorró para operarse en un lugar que consideraba confiable. Casi puedo apostar que en alguna avenida principal del distrito donde vive hay una clínica de cirugía plástica.

Hace muchos años que la lipoescultura, el aumento de mamas, glúteos y la rinoplastía han dejado de ser exclusivas. Ya no es un lujo hacerse un arreglito, pues junto al ‘boom’ de los centros comerciales, inmobiliario y crediticio, también se ha masificado la cirugía estética.
Sin embargo, ahondando más en este mundo, encuentro mucha informalidad en Lima (no sé por qué no me sorprende). Hay 300 médicos especialistas, unos 200 inscritos en la Sociedad Peruana de Cirugía Plástica y unos 100 más en el Colegio Médico. Pero en la Superintendencia Nacional de Salud (SUSALUD), que es el instituto encargado de proteger los derechos en salud de cada peruano, solo hay 20 clínicas inscritas.

Si van por Los Olivos, Comas, San Juan de Miraflores y San Juan de Lurigancho se darán cuenta de que hay más de 20 locales que ofrecen operaciones de este tipo. Y ni qué decir en San Isidro, San Borja, Miraflores y Surco. ¿Quién cree que fiscaliza o sanciona a esas clínicas en caso de negligencia o muerte de un paciente? Nadie. Como siempre ocurre en el Perú, la cirugía estética también ha crecido de manera desordenada. La pequeña gran diferencia es que este ‘boom’ de desarrollo está directamente relacionado con nuestra vida.

La Sociedad Peruana de Cirugía Reconstructiva y Estética ha constituido un comité de formalización para iniciar un proceso de acreditación de las entidades públicas y privadas que brindan este servicio. Quieren manejar cifras y conocer la realidad nacional de la estética para crear regulaciones aplicables en todos los distritos.
Sí, recién, así que primero averigüe si la clínica que eligió está inscrita en SUSALUD. Si la respuesta es negativa, eso quiere decir que el único que ha fiscalizado el local es un inspector municipal que, imagino, no sabe mucho de salud.

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