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“Si pudiera, adoptaría a dos más igual a ella”

Antes de llevar una mascota a casa, Liliana Canessa recomienda ver primero qué tan preparados estamos para cuidarlos bien

Por Andrea Carrión / WUF

Quien tiene cuenta en Facebook seguramente se cruza, al menos una vez por semana, con una foto de algún perrito sentenciado a ser sacrificado si es que nadie lo adopta.

Hace 8 años Lara estuvo en el triste, y generalmente injusto, corredor de las mascotas condenadas a muerte. Claro que en esa época las redes sociales no tenían la presencia y el poder que tienen ahora, pero para suerte de esta perrita de raza mixta, sí existía el correo electrónico.

“En esa época, una amiga que ayudaba a otra amiga que rescata animalitos siempre me mandaba mensajes de texto o correos electrónicos con fotos de perritos en adopción, pero yo no respondía porque ya tenía un Labrador y mi hermana (con quien vivo) no estaba muy convencida de tener otro perro. Pero un día me llega un correo con la foto de esta perrita peludita blanca y dije ‘Ahora sí’”, comenta Liliana Canessa, quien se conmovió con este caso luego de leer que de no encontrar familia en siete días, la perrita de 3 meses de edad sería puesta a dormir... para siempre.

Zeus y Lara de cachorrita.

Ese dato sirvió para convencer a su hermana Rosario de recibir a un segundo perro en casa. Entonces Liliana se fue a una veterinaria en Magdalena y recogió a Lara, y al ver que se parecía al primer perro que tuvo en su vida –Lucky-, Liliana se terminó de convencer de que estaba haciendo lo correcto.

“Un chico la había recogido de la calle porque la habían abandonado a su suerte. Cuando me la entregó, él lloraba a mares porque quería quedársela pero sus padres no querían por nada. Felizmente el veterinario no le encontró mayores males, pero eso sí, la pobre se escondió debajo de los muebles desde el primer día que llegó a casa”, cuenta Liliana. “Es bien mansita, pero le gusta que respetes su espacio, y le tiene miedo a los niños... deduzco que de bebita fue golpeada o le tiraron piedras, sabe Dios, definitivamente la marcaron”.

Felizmente con Zeus, el Labrador, hubo química, pero 3 años después él murió repentinamente. Recién a dos años de esa pérdida, un Rosario pasaba frente a una clínica veterinaria y se enamoró de una cachorrita de raza Waimarán. A ella sí la compró y la bautizaron Ramona.

“Es una maravilla, pero tener mascotas requiere de mucho cuidado. Uno antes de traer una a casa debe de averiguar bien cómo son, cuánto crecerán, si tendrás espacio y tiempo para dedicarles, qué necesidades tienen según el tipo de animal, etc. Son toda una responsabilidad y encima te sorprenden”, comenta Liliana.

Al poco tiempo de adoptar a Lara, Liliana notó que era muy alérgica. En cuanto a Ramona, tras una cirugía, desarrolló incontinencia y toma medicación que deben de traer del extranjero. Y eso no es lo más trabajoso.

“Todas las madrugadas Ramona me pide salir. Tipo 2 a.m., ella misma me despierta parándose delante mío y sacudiendo sus orejas para que hagan ruido. Y si no me despierto y está desesperada, salta encima de la cama y se vuelve a bajar y vuelve a saltar hasta que me levante”, cuenta Liliana.

Perro adoptado, perro comprado

Es muy común encontrar a personas que han adoptado a una mascota asegurar que su perro o gato adoptado es más agradecido que la mascota comprada que tienen o que alguna vez tuvieron. Liliana y Rosario tienen cómo comparar y no están de acuerdo con esa teoría, para ellas más bien ese es un sentimiento o una percepción desarrollada por las personas, no por los animales.

Liliana y Rosario Canessa junto a Lara y Ramona.

Yo, honestamente, no siento que una sea más agradecida que la otra, recibo el mismo amor de ambas. Si me preguntas quién anda más pegada a mi, es la Ramona. Cada animal tiene su personalidad y su manera de demostrar afecto, y uno los quiere exactamente igual, adoptado o adquirido, tu perro es tu perro”, asegura Liliana.

Para Rosario, los perros que ha tenido en su vida le han entregado cariño y compañía, mientras que Liliana ha aprendido de ellos tolerancia, paciencia y a compartir momentos de ansiedad. Y si tuviera que volver a empezar con un perro con los cuidados que requiere Ramona y los traumas que jala Lara, no lo pensaría dos veces.

 

“Adoptaría a Lara otra vez y si pudiera adoptar a dos más igual a ella, lo haría sin dudarlo, pero mi hermana me ha dicho ‘traes un perro más y me mudo’, jaja”, comenta Liliana. “En verdad aceptaría a Lara de nuevo con sus traumas y con todos los problemas de piel que ha tenido porque lo que ella me ha dado, lo que me ha devuelto en cariño, en compañía, etcétera, es inmenso. Me hace una mejor persona”.

Para Liliana, una mascota adoptada no es sinónimo de trauma pues para ella la posibilidad de que te toque, por ejemplo, un perro agresivo, ansioso o temeroso, puede suceder hasta con un perro de la raza más pura y con pedigrí.

“Finalmente, el dueño es el responsable. Si decides llevar a casa a un perro con ciertos rasgos difíciles, la idea no es reforzarlos, al contrario, hay que buscar la manera de solucionarlo. Ni siquiera existe una raza de perros que asegure que todos son exactamente iguales. Al final, las personas terminamos haciendo al perro de alguna manera, todo depende de cómo lo críes”, agrega Liliana.

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