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Cuatro directores de El Comercio se reúnen por primera vez por los 180 años del Decano

Los 180 años de El Comercio

Es la primera vez en la historia de El Comercio que cuatro directores se reúnen en un mismo salón y brindan una entrevista en la que reflexionan sobre la compleja misión de liderar al principal medio de comunicación del Perú.

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Es uno de los pocos lugares donde se ha podido ver juntos a Pedro Pablo Kuczynski, Keiko Fujimori, Ollanta Humala y Alejandro Toledo. Fue en marzo del 2011, minutos antes del debate presidencial que organizara El Comercio. Por allí pasaron también Fernando Belaunde Terry, un demócrata a carta cabal; Valentín Paniagua, el presidente que gobernó de la mano del honor durante la transición; Lech Walesa, el indomable líder de los astilleros de Gdansk; y personajes entrañables, como Joaquín Lavado ‘Quino’, el creador de Mafalda.

Pero ese salón de techos altos, en cuyas paredes penden los retratos de Manuel Amunátegui, Antonio Miró Quesada y otros directores de El Comercio, fue por muchos años la oficina de Luis Miró Quesada de la Guerra, autor de la máxima que define el oficio periodístico: “El periodismo, según como se ejerza, puede ser la más noble de las profesiones o el más vil de los oficios”. Aún se conservan su escritorio de bordes ondulados, una máquina de escribir Oliver de inicios del siglo pasado, una dorada escupidera –artefacto indescifrable para los visitantes ‘millennials’– y una copia del mensaje que dejara el 27 de julio de 1974: “Volveremos”.

Los 180 años de El Comercio

Por primera vez en la historia de El Comercio, cuatro directores conversan juntos sobre el periódico más importante del Perú y sobre futuro de los medios de comunicación.

Allí, respirando toda esa historia, se reunieron Alejandro Miró Quesada Cisneros, Francisco Miró Quesada Rada y Fernando Berckemeyer Olaechea, ex directores de El Comercio, con su actual director, Juan José Garrido Koechlin. Hablaron, por supuesto, de periodismo. Pero también de lo que significa navegar al mando de un inmenso buque con 180 años de historia.

Los 180 años de El Comercio

Curiosidad periodística. En la hemeroteca, los directores leen la edición del 1 de febrero de 1847, cuando se adoptan las letras góticas en la cabecera.

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—El Comercio no es solo un diario de referencia, sino una institución nacional. ¿Cómo se comanda un buque tan grande, de tanta trascendencia?
ALEJANDRO MIRÓ QUESADA (AMQ): En mi caso hubo una preparación alta. Entré a trabajar al Diario a los 22 años. Y me fui preparando, consciente e inconscientemente, si se daba el momento. Ello implicaba ser muy consciente de algo fundamental: la importancia del Diario en el futuro del país. La responsabilidad es muy grande y requiere no solo conocer la realidad, sino también el manejo operativo del Diario. Lo fundamental es conocer la orientación que se le quiere dar al Diario.

FRANCISCO MIRÓ QUESADA (FMQ): Un buque necesita una infraestructura, un equipo. El Comercio no solo tiene prestigio periodístico, sino también académico. Aquí han escrito César Vallejo, Ricardo Palma, Bertrand Russell, Albert Camus… Es un periódico de referencia y orientación que se desarrolla en diversos contextos de la historia del Perú.

FERNANDO BERCKEMEYER (FB): Cuando escuchaba el preámbulo de tu pregunta, pensaba cómo se asume eso. Lo primero que se me viene a la mente es tratar de no pensar tanto en ello. De lo contrario, puede haber un efecto de vértigo y de parálisis. Es que hay tanto cauce, tanto construido, que si uno se ve solamente como el guardián de todo eso, puede quedarse sin espacio para los cambios y la audacia, que es importante. Siendo un diario históricamente tan crucial, tiene que ser un diario que debe mantenerse relevante. Tiene que adaptarse, sorprender, como le gustaba decir a Alejo. Para eso se necesita pensar con cierta libertad y eso requiere no estar tan concentrado en esas cosas tan grandiosas e importantes que mencionabas porque pueden constreñirte un poco. Pero, al mismo tiempo, no puedes olvidarte de ellas. Estás recibiendo un legado y si el buque tiene el tamaño que tiene, debes ser responsable, consciente de que en cada giro puede haber un montón de olas que causen un montón de problemas.

JUAN JOSÉ GARRIDO (JJG): Escuchaba a Alejo y sacaba cuentas de que soy el único que ha pasado por otro diario antes de llegar a El Comercio. Tal vez eso te da otra perspectiva adicional frente a lo que han mencionado. Cuando estás en otro diario, desde ahí puedes entender qué cosa es El Comercio: su tamaño, su peso, la responsabilidad, la historia, la calidad. Y, claro, cuando estás ahí la dimensión toma vida. Tienes que entrar, como dice Fernando, con una parte de tu cerebro entendiendo claramente la responsabilidad, y con la otra con la suficiente humildad para entender que no se te puede subir a la cabeza todo lo que conlleva. Los principios rectores acogen muy bien qué debe hacerse. Hay una frase que señala que cuando la gente de poder se te acerca, no lo hace por ti, sino por tu cargo. Eso lo tienes que tener siempre presente; si no, es muy fácil que uno se la crea.

AMQ: El Diario debe manejar poder también, de lo contrario es imposible enfrentar a los otros poderes. Debe ser un poder positivo, justo, no abusivo. Hay, también, un aspecto fundamental: la autonomía del director. Debe tener capacidad para poder decidir. La función periodística se centra en que uno prioriza al lector, a la audiencia, pero es el lector quien primero tiene que definir qué es lo que nosotros tenemos que hacer. No es siquiera la empresa, tampoco los accionistas. Es el lector. Nosotros actuamos en beneficio de él. Si tienes alguna duda, debes hacerte la pregunta: ¿en qué beneficia esto al lector? Además, si de alguna manera queremos beneficiar al accionista, la mejor manera de hacerlo es dándole suficientes lectores para que la parte administrativa pueda llevar bien el negocio.

FB: Creo, como ha dicho Alejo, que es importante que tengas poder y lo defiendas. Si vas a responder por cosas tan importantes, necesitas libertad para tomar decisiones sobre lo que realmente crees y para resistir presiones externas. Necesitas poder, al menos dentro de tu barco. Es un poder que un director requiere y debe defender. Buena parte de mi trabajo era defenderlo. No es fácil estar ahí. Tuve la suerte de tener a Alejo como presidente del Consejo Consultivo, que es una institución que existe dentro de El Comercio para ayudar a proteger la independencia del director frente a las presiones del Directorio, accionistas, gerencia, etc. El Consejo Consultivo me ayudó muchísimo a defender ese poder.

JJG: Esto es un encargo, más que de un directorio, de una familia, de una tradición, de una institución y eso te pone un marco de responsabilidad. Ese poder debes tenerlo no a disposición, sino bajo un halo de respeto. Es muy fácil destrozar vidas si se utiliza mal el periodismo. Recuerdo que apenas ingresé a “Perú 21”, Clara Elvira Ospina me regaló un libro que se llama “La reputación”, de un escritor colombiano. Es la historia de un caricaturista que le hace una viñeta a un político envuelto en un escándalo. La viñeta le causa tanto perjuicio en lo moral que termina suicidándose. Si te debes a los lectores, te debes a la verdad. El poder ya no termina siendo tuyo, sino de un agente externo. Y cuando te debes a él, pierdes amigos, familiares; en algún momento te vas a sentir el hombre más solitario del universo. Ese poder no solo es precario, sino que tampoco es tan real en un sentido estricto. Es imposible hacer este trabajo si no estás entregado a él las 24 horas de cada día. Significa ser un esclavo del oficio. En mi caso, significa que la prioridad la tiene el Diario, a veces por encima de cosas personales. Si eres tan poderoso, ¿por qué no puedes tomarte un fin de semana? (ríen).

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Los cuatro directores coinciden en que no se puede entender el oficio periodístico sin un sentido de misión en el quehacer profesional. Además, la autonomía y la independencia son piezas fundamentales para el cargo.

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—¿Y al dejar de tener ese poder, no se le extraña?
FMQ: Si tienes ambición de poder, sí; si no la tienes, no.

AMQ: A propósito del poder. Hemos hablado del poder que tienen los periodistas, pero hay que mencionar el que tiene el Diario. Si quieres denunciar a una mafia del narcotráfico, como me tocó cuando enfrentamos a la mafia de [Fernando] Zevallos, tienes que tener poder, sino te zamaquean y te sacan de un plumazo. Tienes que administrarlo bien, como decía Paco. Asimismo, me gusta diferenciar la autonomía de la independencia. La autonomía para mí es fundamental, es la piedra angular de la organización de un diario. El dueño no puede meterse a decidir temas periodísticos a no ser que sea el director. Básicamente, los dueños necesitan capacidad para abstraerse de manejar el poder de las informaciones y delegarlas a un director. Y el director debe ser independiente. La independencia es una cualidad personal. Para ejercerla, es necesaria la autonomía. Por supuesto que no es fácil. Es una tentación poder decidir qué publicar en el diario más importante del país.

JJG: Quisiera hacer una acotación desde fuera de la familia. Los tiburones tienen dos canales de sangre, caliente y fría. Cuando me han preguntado cómo es trabajar con la familia, siempre he hecho alusión a los tiburones, en el sentido de que tienen una sangre periodística y una sangre empresarial. Esa sangre periodística la notas como un resorte permanente. La noté el día que nos cayó una carta de Rodolfo Orellana por una portada de “Perú 21”. Nos querellaba por 100 millones de dólares. Cuando leí el monto se me heló el cuerpo. Si este tipo gana, bueno, no es un problema solo del Diario. Entonces le escribí al presidente del directorio de entonces, Pablo Llona, y le dije: “Oye, por si acaso ha llegado esta carta”. Y me dijo: “Ah, OK”. Y claro, con 180 años a cuestas, estás acostumbrado a lidiar con ese tipo de cosas y no se te mueve un pelo. Todo eso te va moldeando. Una primera reflexión: no todos están preparados para ser propietarios, agentes y gestores de un medio.

—Hay medios que han fracasado por esa falta de capacidad.
AMQ: Tú tienes la capacidad de decirle no al presidente de la República. Y eso no es fácil…

—Alejo, tú llegaste a los 22 años. Además, acompañando a tu papá, a tu abuelo. Y asumes la dirección en un momento muy complicado: eran los finales del gobierno de Fujimori. Y dentro de la Redacción, desde que eras subdirector, emprendiste su modernización tanto en contenido como en su organización. Acabas de recordar el caso Aerocontinente. Recuerdo cómo nos atacaron, incluso periodistas muy reconocidos, y el Diario se mantuvo en su posición hasta el final.
AMQ: Fue una época muy complicada. Empecé desde muy chico, en un momento en el que prácticamente no había periodistas profesionales en la redacción. Todos habían llegado por distintas sendas, creo que ninguno había estudiado en la universidad, en principio porque no había facultades de periodismo. Cobraban por recibo, por información publicada y eso generó una serie de situaciones. Mi primera labor fue reorganizar la redacción desde una estructura profesional, lo cual fue una constante durante todo mi proceso. Pasamos por dos o tres procesos de reestructuración, de entrenamiento de la Redacción, implantamos la mesa central. Recuerdo que salía de mi oficina todos los días a las 7 de la noche e iba a sentarme en la mesa. Fue una experiencia interesantísima. El periodista es fundamental, es la base de la labor que un director puede hacer. Si un director no tiene buenos periodistas, simplemente va a fracasar. Tener ese equipo humano trabajando en la misma dirección, con la misma calidad, con la misma responsabilidad, los mismos principios, es fundamental.

—Aparte del fujimorismo y la transición, pasaste por los gobiernos de Toledo y García. Con el Apra había una relación tirante, pero es en El Comercio donde García publica “El perro del hortelano”.
AMQ: Los artículos de “El perro del hortelano” los titulé en mi oficina. Creo que era eso lo que él decía. Eso generó un entendimiento con el Apra. Nunca fuimos amigos, ni socios, pero sí permitió tener una conversación basada en la necesidad de entender el partido en pro de los lectores. En el fondo, siempre se trata de eso. Y creo que los lectores lo entendieron. Al final tuvimos una relación fluida periodísticamente hablando, no tensa. Creo que si un diario mantiene una relación tensa con un gobierno, se producen fracturas al momento de cubrir la información. Recuerdo que cuando era subdirector, tuvimos una reunión con Alan García. Él pidió disculpas a nombre del Apra por el asesinato de Antonio Miró Quesada, que fue una cosa horrorosa y generó con toda razón un resentimiento, un enfrentamiento.

—Paco, durante tu gestión hubo un acercamiento a la gente a través de las audiencias públicas.
FMQ: Durante mi gestión se hicieron dos cosas: Alejo había iniciado una reforma tecnológica y dejé que fluyera, pero me interesó mucho pluralizar el periódico, que sea un lugar donde afloren diversas corrientes de pensamiento, incluso de personas con las que no estuviera de acuerdo necesariamente. Y luego las audiencias fueron una experiencia fantástica. Pero eso las armamos cuando Alejo aún era director. Yo era editor de Relaciones Comunitarias y escribía en Opinión. Las audiencias salieron de una idea muy simple: los políticos le hablan al pueblo, ¿y al pueblo quién lo escucha? Vamos a hacer todo lo contrario, sentar al político y que escuche al pueblo. El periódico abrió un extraordinario espacio que cubrió todo el país. Dimos dos veces la vuelta al Perú. ¿Cuál era el objetivo?, que en algún momento El Comercio se retirara y quedaran huellas para que las autoridades organicen las audiencias. Y así ocurrió. El defensor del Pueblo está haciendo audiencias siguiendo el modelo de El Comercio; el ex presidente del Poder Judicial Francisco Távara ha hecho lo mismo. El Diario acentuó su presencia como defensor de la democracia y que abre espacios para que la ciudadanía opine y participe.

—La pluralidad que mencionabas…
FMQ: Ahí me di cuenta del poder brutal de convocatoria de la institución. El Comercio convocaba y tenías al presidente regional tres, cuatro horas, escuchando a la gente y lo “obligabas” a rendir cuentas. Una vez que estaba ahí, tenía que decir qué había hecho. Si bien el periodismo tiene poder, este puede generar rechazo y admiración, pero también temor. Muchos temían que pusiéramos que no asistieron a la audiencia.

—Fernando, tú afrontaste muchas cosas: el cambio al formato berlinés; la unificación de las redacciones; el impulso para acercar la imagen que tenía El Comercio en digital al papel; la renovación en la Redacción… y, desde lo editorial, hubo una mirada liberal del mundo en lo económico, pero también desde la defensa de los derechos de las minorías. Y todo eso a los 36 años de edad. Recuerda que tuvimos un presidente a los 36 años y todos sabemos cómo le fue…
FB: Yo pensaba en eso también cuando me eligieron (ríe)… En un sentido mi edad ayudó. Fui atrevido en varias cosas. Te da energía, pasión en la manera como te compras los pleitos, había una pasión muy grande. Soy una persona bastante apasionada, pero creo que a los 36 años lo era más que ahora. Si bien no tenía una preparación tan larga como Alejo o Paco, había tenido una experiencia sui géneris en el área de Opinión. Eso me fogueó porque había una gran responsabilidad y pude relacionarme de cerca con una parte importante de las funciones que iba a tener después. Y con las presiones. Me propuse muchos cambios estructurales. Tenía la ambición del joven, quería dejar esta huella.

—Juan José, llegas en un momento en que la industria periodística está en proceso de cambios...
JJG: Bueno, lo hace más apasionante. Efectivamente, las primeras señales de crisis llegan en el 2013, 2014 y llegan de la nada. En el 2014 veías números aún subiendo.

FB: Ya a mediados del 2014 se ve la crisis. Tanto así que cuando me informan de mi elección, me entero que viene una consultora… Fue muy abrupto, como pasó en muchos países.

— Y eso que acá demoró en llegar...
JJG: Eso ha creado varias cosas. La crisis, por ejemplo, ha producido mucha mayor lectoría. Nunca se ha leído tanto como ahora, si sumas lo digital con el impreso. Por otro lado, el desarrollo de espacios digitales hace que el trabajo del Diario sea mucho más importante y deba estar más ceñido a principios periodísticos. Es lo único que te va a diferenciar, a la larga, de portales, redes, ‘fake news’ y todo lo demás. El negocio del día a día antes era uno de abundancia. Imagino que el director antes se preocupaba más de cómo hacer la cobertura que de los gastos. Hoy es igual, la diferencia es que vives en la escasez. Tienes que lidiar con una palabra adicional en el modelo. Yo tengo esperanzas de que esto se revierta. Hay tantas cosas que están ocurriendo simultáneamente en el mundo que dan ciertas luces de eso. Para empezar, el crecimiento explosivo de la clase media. No necesitamos de un número inmenso de ellos, sí de una fracción para que el negocio de papel siga vigente. En 30 años no sé cómo va a ser, pero en los próximos 10 por lo menos no veo la muerte del papel, como se presagia. Sí es cierto que la Redacción debe ajustarse. Pero son épocas de gran despliegue periodístico. Los periodistas somos más creativos, mucho más conscientes de la calidad narrativa, de la independencia, de la objetividad, porque es lo que a la larga va a mantenerte vigente. Toda crisis trae una oportunidad y creo que la relevancia de El Comercio está más vigente que nunca.

—¿A la posverdad solo se la combate con la verdad o es necesario buscar otras maneras para volver a enamorar al lector?
AMQ: Yo creo que la verdad es indispensable, es intrínseca al buen periodismo. El buen periodismo triunfa cuando es creíble. Es fundamental que el Diario sea exitoso. Nadie va a creer en un diario que quiere ser trascendente si tiene dudas sobre su veracidad; no se puede creer en un diario mentiroso, a no ser que le divierta mucho, que es otro tipo de acercamiento a los diarios. Unos dicen que los diarios van a desaparecer. En realidad, los que van a desaparecer son los diarios que no son trascendentes, que no son creíbles.

FMQ: Creo que la corbata va a desaparecer antes que los diarios, siempre y cuando los diarios tengan otra orientación, sean más analíticos. Un diario debe decir la verdad, pero debe buscar la verdad. Y para eso es fundamental el periodismo de investigación. Yo soy hijo de un gran filósofo, y a los filósofos se nos ocurren cosas. A un filósofo se le ocurrió hablar de la posverdad, un criterio remozado de algo que ha sido práctica de los estados totalitarios como el nazi: “miente, miente que algo queda”. La gente empieza a creer en cosas que no son reales. Este filósofo norteamericano encontró el nombre posverdad y lo divulgó por los medios.

FB: Paco, me encanta que hayas dicho que la posverdad no es un fenómeno nuevo. No creo en la posverdad, me parece un invento marketero de quienes se especializan en charlas y estas cosas. Desde que existe la vida pública, la democracia, la mentira ha sido una parte institucional de ella. En la antigua Grecia, a quienes se dedicaban profesionalmente a hablar al público, los sofistas, se los llamaba embaucadores. En Lima, los cafés, los lugares donde se reunía la gente a hablar de política, eran llamados mentideros. Siempre ha sido así. Lo que sí existe es el número de personas que pueden ofrecer mentiras a audiencias grandes. Antes, no era fácil que alguien juntara un grupo en una casa, hoy cualquiera junta un grupo en Twitter. Hay muchas más mentiras sueltas entre las que la audiencia –para usar otra palabra de moda– puede escoger. Y esa es una buena noticia para el periodismo. Cuantas más mentiras se ofrezcan, más valor tiene, para quienes quieran conocer la verdad, el trabajo profesional de quienes saben cotejar, investigar y sistematizar información. Y más valor tiene, por lo tanto, una marca en la que confías. Creo que los diarios son la confianza que la gente deposita en una serie de principios y en una manera de hacer las cosas. Los diarios con un buen nombre como El Comercio tienen una oportunidad más grande cuantas más mentiras sueltas existan. Esa confianza que trae tu marca consigo tiene más valor en el mercado. Tu labor como director es proteger esa confianza, que no se lastime, ponerla por encima de todo.

JJG: La posverdad no es otra cosa que el escenario orwelliano, donde existe el doble pensar, el doble lenguaje. ¿Si la posverdad se combate solo con verdad? Yo creo que el problema no solo es que ya vivimos en un espacio de mundo de posverdades a través de las redes, de espacios tan polarizados. Estados Unidos lo está empezando a vivir, el Perú lo vive desde hace muchos años. Con todas estas pequeñas batallitas del día a día que vivimos hoy, se ha perdido el sentido de hacia dónde vamos como país. Estamos ad portas de cumplir 200 años de república y no hay nadie hablando del 2021, no hay nadie escribiendo sobre los escenarios del Perú hacia el futuro, no hay nadie reflexionando qué país queremos ser. Saltamos de una crisis hacia otra y cuando preguntas cuál es la visión de largo plazo como nación, no hay ninguna. Lo peor es que no lo ha hecho nadie, ni del espacio público ni la academia, tampoco los gremios. Ahí hay un reto importante para El Comercio, como lo hiciera con el Plan Perú, el Plan Lima, las mesas, etc. Hay una historia en el Diario de pensar el Perú, no solo de registrarlo. Esa es su principal tarea hoy.

FB:. El Comercio es un valor para esta sociedad que celebra 200 años de vida independiente, es algo de lo que se tiene que ser consciente. Desde dentro, para respetar ese legado, tratar de tenerlo como un aliciente y estar a esa altura; desde fuera, para respetar esa tradición, ese logro, ese legado que va para la sociedad y protegerlo. Al final, cuando hay amenazas, cuando las papas queman, un medio tiene como defensa la sociedad civil.

FMQ: Y por primera vez, y ojalá vuelva a pasar, cuatro directores se juntan. Nunca ha habido un caso así. Es histórico.

—En esa línea, ¿tenemos que seguir hablando de diarios? ¿Debemos seguir llamando Diario a El Comercio o es momento de usar ‘portal de noticias’ o ‘cabecera noticiosa’?
AMQ: Los diarios digitales periodísticos, los servicios noticiosos en las redes sociales no tienen ningún tamiz. Nosotros debemos ofrecer al lector la mayor veracidad. Una persona me contaba que en la audiencia a Keiko Fujimori iba a entrar gente a la sala lanzando bombas de humo. Le pregunté de dónde salió esa versión y me respondió que estaba en las redes. Le dije que me estaba insultando, que cómo era posible que le dijera eso a una persona que ha estado vinculada tantos años a los medios de comunicación. ¡Por amor de Dios!

FB: Bueno, no olviden que Pérez de Cuéllar estuvo media hora muerto en las redes. Hasta dieron pésames y todo.

AMQ: Debemos empezar a enseñarle a la gente a diferenciar. Hay medios digitales periodísticos, que no necesariamente pertenecen a diarios, que son, en algunos casos, muy buenos; pero también existen los que no tienen ningún control periodístico y publican lo que les provoca. Es importante que la gente entienda y no se deje influenciar por ese tipo de medios.

JJG: Las redes tienen un aliado muy importante. Eso lo señala la neurociencia. El humano tiene ciertos defectos, uno de ellos es querer escuchar solo lo que le satisface, lo que está de acuerdo a cómo piensa. Y las redes van directamente a eso, te dicen exactamente lo que quieres escuchar. Y como puedes limitar la información, por ejemplo, decidiendo a quién seguir, y sigues a quienes piensan como tú, para cuando ha terminado el día, crees más en tus ideas.

FMQ: Te autoengañas.

JJG: Cada uno vive su realidad paralela.

FB: ¿Qué nos diferencia como periódico, como periodistas? La profesionalización. Un periodista es, sobre todo, un historiador en tiempo real; es decir, es alguien que intenta acercarse a lo que pasó de una manera profesional, no instintiva o espontánea, bajo procesos para investigar, cotejar. Antes podía dar resultados de ese trabajo diariamente, ahora debe darlo casi en tiempo real. Eres un historiador en tiempo real. Y eres profesional no solo porque has estudiado y te dedicas a este oficio, sino porque te estás jugando tu futuro profesional en lo que dices.

JJG: Tienes que tener claro el hecho. Es preferible perder la primicia.

AMQ: Eso es lo que decía mi padre: es preferible perder la primicia que perder la credibilidad. 

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