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Testimonios

Embajada de Japón

Durante 126 días el Perú y el mundo estuvieron pendientes de cada acontecimiento en la residencia del embajador japonés tomada por el MRTA.

El Comercio

1997

La crisis de los rehenes

Desde el 17 de diciembre de 1996 hasta el 22 de abril de 1997, el MRTA mantuvo como rehenes a los asistentes a una fiesta en la residencia del embajador de Japón. Así lo cuenta quien coordinó la cobertura de esos días

Aquella noche de diciembre la noticia evolucionó muy rápido. ¡Se han metido a la casa del embajador de Japón! De inmediato nos pusimos a mover a nuestra gente. Lo primero que pregunté fue si teníamos fotógrafo, pero no habíamos mandado a nadie. Entonces empecé a correr por el Diario y me crucé con nuestro director y su esposa, que era la directora de la revista “Cosas”. “Dime si tienes a algún fotógrafo ahí”, le consulté a ella casi gritando. Les conté lo que había pasado y seguí corriendo como un loco.

Fue tremendo. En las imágenes que iba pasando la televisión vimos una primera liberación de rehenes. Prometía ser una cobertura larga, aunque nunca nos imaginamos qué tanto. Nuestros periodistas tenían que hacer guardias largas, mantener la posición. La unidad móvil que enviamos, nuestra querida Nissan amarilla, se quedó ahí y la bautizamos como “Base Tokio”, porque desde ahí nos comunicábamos con la gente que estaba cubriendo esta comisión.

El tiempo pasaba y decidimos hacer un cuadro de comisiones especial. Nos pusimos en los dos escenarios posibles: la toma de rehenes iba a tener una salida pacífica o habría una acción violenta. Entonces, a cada redactor de El Comercio se le asignó una tarea para ambos escenarios. “Estés donde estés, sea la hora que sea, dejas todo y haces lo que tienes que hacer cuando llegue el gran momento”, fue la orden. Y el gran momento ocurrió el 22 de abril.

Aquel día hicimos una gran edición, sacamos un suplemento muy completo. Yo siento que fue un momento de consolidación de muchos valores en el Diario, entre ellos el valor de la camiseta , porque la gente se jugó un gran partido por la noticia y por los colores de El Comercio, que se consolidó como un diario de primer orden mundial.

Por ese entonces yo era jefe de Informaciones. Siempre digo que trabajar en El Comercio es muy noble, yo he trabajado en el periódico en la época en la que El Comercio te robaba un apellido. Yo dejé de ser Mario Cortijo Escudero para convertirme en Mario Cortijo de El Comercio. Yo quería ser futbolista, también me encantaba la historia, pero terminé siendo periodista. Alejandro Miró Quesada Garland, que fue mi profe, me invitó a trabajar en El Comercio y me quedé por 35 años. Estar en el decano es sentir que estás escribiendo la historia de tu país todos los días, que de alguna manera puedes ayudar a que las cosas cambien para bien; es sentirte de maravilla cuando vez que alguien se topa con algo que tú escribiste y te quedas mirándolo, esperando a ver si lo lee.

Portada de El Comercio

La huella del decano. El Comercio publicó un suplemento especial tras el rescate de los rehenes y luego lanzó “Base Tokio”, un libro con imágenes inéditas del secuestro.

El Comercio

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