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El Niño costero

Los vecinos de Pedregal Grande, en Catacaos, caminaron 15 cuadras y usaron ollas como balsas para escapar de las áreas inundadas.

El Comercio

2017

El Niño costero

El corresponsal de El Comercio en Piura cuenta la que fue, quizás, la cobertura más difícil y gratificante de su vida

La cobertura de El Niño costero fue doblemente difícil para mí porque, por un lado, siempre es complicado tomar distancia en este oficio, no involucrarse, más aún en situaciones de desastre como esa. Pero, además, soy piurano y era mi familia, mi gente, la que estaba sufriendo la tragedia.

Recuerdo que el 27 de marzo del 2017, el día más trágico, se fue la luz, no había agua y mis vecinos me pedían ayuda. Nunca en mi vida he recibido tantos mensajes privados por Facebook como ese día. Creo que fueron más de 2.000 y todos pidiendo apoyo. Me decían: “Señor, se ha perdido mi vecina”, “mi abuelita vive en Catacaos, todo se ha inundado, por favor ayúdela”. En ese momento, lo único que se te ocurre es hacer todo lo que puedes hacer: informar, transmitir, lanzar tuits. Yo trataba de canalizar en mis cuentas personales todas las informaciones, para convocar la ayuda, me convertí en una suerte de localizador para que la ayuda pudiera llegar.

El 28 arribé con el Ejército a Pedregal Grande, una zona que está a 15 minutos de Catacaos. Parecía una película. Apenas descendimos del camión saqué mi celular. Todo estaba cubierto de agua, la gente salía de sus casas en tinas, ollas de aluminio, balsas. Empecé a transmitir en vivo. La gente decía: “Por favor, ayúdanos”. Un millón de espectadores en ese momento, pero yo no podía más. Dije: “Discúlpenme, pero tengo que terminar la transmisión”. Apagué mi celular y empecé a ayudar junto con los enviados del Ejército. Cargamos abuelitas, a la gente.

Pero lo que más me impactó fue la niña de la batea. Fue la nota que más me costó escribir. Me dolió por la situación, por lo que costó rescatarla, porque era ver cómo todo lo que alguna vez fue bonito en tu pueblo de un momento era arrasado, y en medio de todo eso, una bebe luchaba por su vida y fue rescatada. Registrar ese momento y tratar de ayudar era lo que yo podía hacer.

Yo soy un periodista clásico y me he formado así. Tengo 10 años en El Comercio y he trabajado aquí desde que salí de la universidad. Mi formación me hizo reaccionar de esa manera durante esa cobertura y no me arrepiento. Lo volvería a hacer. Son experiencias como esas las que te terminan confrontando con tus propios valores, con quién eres como periodista. ¿Eres un periodista de los que buscan el morbo, lucrar con el dolor ajeno o eres ese periodista que no teme mostrar su lado humano?

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