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Sábado, 18 de febrero de 2006
Estudios sobre la fauna y la capa de ozono realizan peruanos en la Antártida
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En la decimosexta expedición científica peruana a la Antártida participan 110 personas. Treinta son especialistas encargados de realizar 10 importantes proyectos científicos

¿Qué es más impresionante? ¿Comer un lomo saltado con sabor tan peruano --pese a estar a más de 5.700 kilómetros al sur de Lima-- o levantar la mirada pocos minutos antes de la medianoche y ser testigo de cómo el cielo se niega a oscurecer? Esas fueron algunas de las experiencias que vivimos los 20 expedicionarios que viajamos a la Antártida para ser testigos de los trabajos de investigación que realiza la decimosexta Campaña Científica del Perú (Antar XVI) en el continente blanco.

La delegación peruana estuvo encabezada por el ministro de Relaciones Exteriores, Óscar Maúrtua; la ministra de Salud, Pilar Mazzetti, y el presidente del Instituto Antártico Peruano (Inanpe), embajador Hugo de Zela. Además, estuvo integrada por otros altos funcionarios. El Comercio fue el único diario que participó en esta expedición.

La travesía ya había empezado mucho antes, cuando el Hércules de la Fuerza Aérea de Chile --luego de casi tres horas de incomodísimo viaje desde la ciudad de Punta Arenas (Chile)-- aterrizó en la Base Presidente Frei, en la isla Rey Jorge.

Sin embargo, la primera impresión que nos llevamos de la Antártida fue un poco diferente a la que habíamos imaginado: nos recibió un sol esplendoroso, muy poco viento y con solo un par de grados bajo cero. Para muchos, la gruesa casaca de polar y el uniforme impermeable que llevábamos puestos eran un exceso... El clima estaba de nuestro lado.

Tras un breve recibimiento en la base chilena, partimos en tres botes zodiac hacia el Buque de Investigación Científica (BIC) Humboldt, que nos esperaba en la Bahía Fildes, para iniciar las poco más de tres horas de camino hacia la Estación Científica Antártica Machu Picchu (ECAMP).

EN EL HUMBOLDT
Ya en la nave, y después de la bienvenida por parte del comandante y el resto de la tripulación, conocimos algunos de los proyectos que allí se desarrollaban. En uno de ellos, a diferencia de años anteriores, se estudia el krill pero desde el punto de vista ecológico, concentrándose en los comportamientos de esta importante especie marina.

Otro busca determinar la relación de las características de las aguas antárticas con las especies del fondo marino. Según explicó el encargado del proyecto, Luis Icochea, de la Universidad Agraria La Molina, en una de las pruebas realizadas encontraron la presencia de una especie de muy muy que devoró un pescado usado de señuelo para la investigación y que podría explicar la ausencia de otras especies animales en el fondo del mar, pese a las buenas condiciones con las que cuenta.

Luego de un interminable desfile de hermosos paisajes --con montañas cubiertas por un increíble hielo azul--, la visita de unas amigables ballenas y un clima que seguía siendo inusual, pero generoso, llegamos a la ECAMP en la bahía Almirantazgo. Nuevamente en tierra comprobamos los trabajos científicos realizados por el resto de la misión nacional, así como las reparaciones y ampliaciones hechas en su infraestructura.

La misión peruana solo permanece en su base por algunas semanas durante el verano antártico, lo cual hace que el trabajo de los científicos nacionales no sea constante. Ante esta situación, el canciller Óscar Maúrtua ofreció a los científicos hacer todas las gestiones necesarias para lograr que la misión peruana en la Antártida sea permanente durante todo el año.

Entre las principales investigaciones realizadas en la base están el estudio ecológico del gaviotín antártico, el de las anomalías por la disminución de la capa de ozono, los movimientos de la geografía en la zona de la ECAMP y la evaluación de riesgos ambientales en la estación.

Como parte de las mejoras a la estación, se colocaron las estructuras para la ampliación del laboratorio científico y además ya cuentan con un poderoso grupo electrógeno, que tuvo que ser descargado entre más de 70 personas.

Y NUNCA FUE DE NOCHE
Tras un breve recorrido por las instalaciones peruanas y por parajes cercanos --con la presencia constante de pingüinos y focas--, nos ofrecieron una cena compuesta por una sopa a la minuta, lomo saltado y mazamorra morada, menú que por unos momentos nos trasladó de vuelta a Lima.

Pese a que el reloj nos decía que estábamos a pocos minutos de la medianoche, la temperatura había bajado y los pingüinos empezaban a dormirse sobre las rocas, ante nuestros ojos recién iba cayendo la tarde.

Sin embargo, el espectáculo más impresionante vendría momentos después, cuando el cielo se partió en dos para compartir en un mismo plano la oscuridad y la luz. Mientras por un lado la luna llena empezaba a subir, exactamente al lado contrario el sol se resistía a ocultarse.

Cerca de las 2 de la mañana retornamos al BIC Humboldt para descansar y a la mañana siguiente emprendimos el retorno a la base chilena y luego a Punta Arenas.

Pese a las deficiencias logísticas, ocasionadas principalmente por la falta de presupuesto, los científicos nacionales hacen su mayor esfuerzo por realizar investigaciones importantes para nuestro país, aunque ello requiera estar a miles de kilómetros de casa.

"Esta visita nos muestra que nuestras fronteras se encuentran donde nuestros corazones lo desean. En plena Antártida hay un corazón peruano", mencionó la ministra Mazzetti, durante el viaje de retorno. Y nosotros pudimos comprobarlo.



Bruno Ortiz Bisso
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