Jueves, 18 de mayo de 2006
Lágrimas para un muerto ajeno
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Eulalia García de Flores se ha llevado para siempre los zapatos de Constanza Lazo, la falda de tela blanca, el saco de tejido de punto, la blusa de algodón y las lágrimas de medio centenar de personas, ebrias de dolor y de alcohol, que hasta la tarde de ayer llevaban velándola casi dos días, antes de percatarse que se trataba, en realidad, de otra persona.

Media docena de arreglos florales adornaban la casa del pasaje José Rodríguez de La Victoria, en la que había sido acogida Eulalia desde el lunes 15. El llanto no cesaba entre los familiares y amigos de doña Constanza, víctima de un cáncer que en solo dos años consumió su vida.

Sus cuatro hijos recordaban los sacrificios que esta mujer de 67 años debió hacer para educarlos y alimentarlos, pues quedó viuda muy joven, hasta que una de sus nueras, en ese extraño rito de mirar el interior de un ataúd, se percató del error. "Esa no es mi suegra", le dijo Fortunata Lao a Oswaldo Sedano, el hijo mayor de Constanza.

Habían pasado ya 33 horas desde que Oswaldo trajera a casa el cuerpo de esa extraña. Él mismo se había encargado de identificarla la tarde del lunes 15 en la sala del mortuorio del Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas (INEN).

"Sí, ella es mi mamá", dijo casi al borde del desmayo, pues le habían extraído sangre antes de entrar a la sala, en donde también reposaban los cuerpos desnudos de otras tres personas. Eran las 2 p.m. "La vio un poco hinchada, pero supuso que era por el tratamiento", refiere uno de sus familiares. A pesar de los nervios, Oswaldo tuvo que vestirla sin la ayuda de Fortunata. Hubiera sido mejor que ella entrara, murmuraban los presentes. Oswaldo estaba destrozado.

La mujer que yacía en ese ataúd, pagado con la colaboración de los concurrentes, tenía el mismo cabello cano que su madre, pero todo los demás rasgos no eran, ni por asomo, similares al suyo. ¿Dónde estaría, a esas horas de la madrugada, el cuerpo de Constanza?

Mariano Flores (75) y su hija María del Carmen (38) la lloraban desde el lunes 16 a sabiendas de que ella no era Eulalia. Mariano se había dado cuenta de su error un día después de haber traído al barrio a una mujer que no era la suya. Él también ingresó nervioso y vacilante al interior del mortuorio. Además estaba agobiado por los gastos del funeral y el entierro. Eran las 5 p.m. Entre los cuerpos escogió el de Constanza. Si hubiera vencido el dolor quizás se hubiese percatado de que Eulalia ya se había ido.

Como fuera, vistió a Constanza con la ropa humilde de su mujer, la misma que había utilizado durante los 13 años que pasó postrada en cama, víctima de un cáncer a la tiroides, y la llevó consigo hasta la capilla Virgen del Carmen, en la urbanización Ascarrunz Alto, en San Juan de Lurigancho. Un arreglo floral y un ataúd impago adornaban el recinto. Entre el llanto y ese extraño rito de ver el interior de un ataúd, Mariano se dio cuenta de su confusión veinticuatro horas después de velar un cuerpo que nunca conoció y alertó al INEN. ¿Dónde se había metido Eulalia? El hospital armó una junta médica que se encargaría de resolver el caso. La policía entró a tallar en el asunto. Se consultó al Reniec para determinar la dirección de Constanza, que es donde se concluyó era velada Eulalia. En los registros figuraba un domicilio que ya no existía. Pasaron 17 horas hasta que se contactó a la funeraria La Ermita, que trasladó a Eulalia a la casa equivocada.

A las 1 p.m. de ayer el caso estaba resuelto. Eulalia y Constanza volvieron con los suyos, aunque con ropas ajenas. "No podíamos desvestir a esa señora, no se hubiera visto bien ante los ojos de Dios", dijo Victoria, hermana de Fortunata, la nuera de Constanza; mientras ella, y otras cincuenta personas, se aprestaba a participar en un bullicioso funeral que hoy va por su tercer día.

INEN determinó responsabilidades
Las constancias de entrega de los cuerpos de Eulalia y Constanza están firmadas por Mariano Flores, esposo de la primera, y Oswaldo Sedano, hijo de Constanza. Ello, según voceros del INEN, certifica que ambos familiares reconocieron visualmente los cuerpos de las mujeres.

Además, comentaron, ambas fallecidas portaban a la altura del pecho y la rodilla una etiqueta con sus respectivos nombres. Los nervios y el dolor por la pérdida confundieron a sus familiares. Pese a que ambas familias han reconocido su error, una investigación al interior del INEN ha determinado la responsabilidad de dos empleados de este hospital. Ambos recibirán una sanción administrativa, aunque no se precisó de qué se trataba.

Por su parte, el Ministerio de Salud ha dispuesto que la Defensoría de la Salud y Transparencia verifique que la entrega de cadáveres en los establecimientos de este sector se sujete a los procedimientos establecidos en cada institución.

En el INEN debe seguirse un trámite para retirar un cadáver, en el que se verifica la identidad del familiar que recogerá el cuerpo. La salida de este se controla con el sellado y firmado de una papeleta por parte del Servicio de Patología y del personal de seguridad.

Dos familias velaron por error un cuerpo equivocado y hoy cumplirán tres días de estar presentes en dos largos y confusos funerales en La Victoria y San Juan de Lurigancho



Norka Peralta Liñán



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