Lunes, 31 de julio de 2006
La muerte llegó de madrugada
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MASACRE EN QANA
La mayor parte de víctimas del bombardeo israelí eran mujeres, niños y ancianos que, por la falta de medios de escape, se habían escondido en el edificio que terminó siendo atacado

BEIRUT. En la más brutal operación de la guerra, los israelíes mataron a por lo menos 57 civiles, 37 de ellos niños y varios discapacitados, en un ataque a un edificio de tres pisos ayer en Qana, la misma ciudad donde más de cien refugiados murieron cuando helicópteros israelíes bombardearon un cuartel de la ONU el 18 de abril de 1996, al sur del Líbano.

Israel ofreció disculpas e insistió en que fue "un error" por el que responsabiliza a Hezbolá, que se refugia entre la población civil para lanzar sus misiles.

Socorristas, soldados y miembros de ONU seguían buscando cuerpos entre los escombros hasta la noche. Un rescate en medio de fuertes bombardeos israelíes en la zona, que complicaron la ayuda e impedían la llegada de periodistas y la permanencia en el lugar de los pocos que lo habían conseguido desde Tiro por razones de seguridad.

Qana, un pueblo a quince kilómetros de Tiro desde donde, según Israel, Hezbolá disparaba misiles, estaba casi desierto cuando se produjo el ataque. Los pocos que se habían quedado decidieron refugiarse en el subsuelo del edificio de cemento porque los bombardeos eran estremecedores desde la medianoche. En su mayoría eran ancianos y mujeres con hijos, que no habían podido huir por falta de dinero o de gasolina --fueron bombardeadas las estaciones de servicio--, por no tener auto ni los medios para pagar un taxi o porque pensaron que debían preservar sus pocas pertenencias, sus cabras o animales domésticos que les permiten sobrevivir. Algunos de los refugiados eran sobrevivientes de la otra masacre, la de 1996. Se habían quedado entonces por las mismas razones que ahora.

Los bombardeos israelíes se estaban centralizando en tres zonas situadas a la entrada, en el centro y en los suburbios de la ciudad. Un sobreviviente relató que el primer bombardeo fue a la una de la mañana.

"Atacaba la aviación, con helicópteros y desde los barcos", relató Ghazi Aidibi, una de las tres personas que salió viva de ese infierno. "Era tan intenso el bombardeo que nadie podía moverse. Tocaron este edificio y varios en Qana. Los chicos lloraban, las mujeres gritaban. Yo fui a hacer un té a mi tío cuando llegó el impacto directo. Él murió junto a su esposa y sus tres hijos. Yo perdí a mis hermanas", relató.

Según otros testimonios, casas y edificios de los alrededores se cayeron por los impactos de obuses como un acordeón o fueron destruidos a bombazos. Pero el edificio donde se produjo la muerte de más de cincuenta civiles estaba en el flanco de una colina y se desplomó sobre gente refugiada.

"Después del bombardeo había una nube de polvo por todos lados y era imposible avanzar entre las piedras. No veíamos nada. Intenté salir, pero todo se cayó. Yo tengo varios miembros de mi familia ahí abajo. No creo que haya ningún sobreviviente", explicó otro que logró escapar.

Las operaciones de rescate recién se iniciaron después de las nueve de la mañana, cuando los blindados de la Fuerza Interina de Naciones Unidas en el Líbano (Finul), encabezados por franceses y soldados de Ghana, pudieron acercarse acompañando a las ambulancias de la Defensa Civil. Al mismo tiempo, la aviación israelí continuaba bombardeando el pueblo de Qana. Un misil cayó a cien metros.

Las espeluznantes imágenes de los muertos llegaron a la hora del desayuno para los libaneses. A diferencia de la televisión occidental, los canales locales y árabes no ahorraron detalles. Primeros planos de los chicos muertos en pijamas en los brazos de sus familiares; maridos y esposas abrazados, muertos y quemados; piernas y brazos inertes asomando entre los escombros. Nadie necesitó que un portavoz se los explicara: eran civiles, mayoritariamente chicos y ancianos, pobres y sin medios. Solo había que ver lo que quedaba de sus ropas.

Ahora se espera la venganza de Hezbolá. Ya lo han avisado y nadie descarta que sea un ataque a Tel Aviv. La ley del Talión puede derivar en una escalada más que peligrosa, en la etapa después de Haifa, que advirtió su líder, Hassan Nasrallah, que podría volverse regional rápidamente.



María Laura Avignolo
Enviada de Clarín de Argentina



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