Viernes, 9 de marzo de 2007
Selección: Al César lo del César


Pros y contras de una elección tan sorpresiva como polémica, la de Julio César Uribe como técnico del Perú

1. Porque se lleva bien con Juvenal Silva (algo siempre difícil cuando se trabaja en Cienciano)
El presidente dice que Uribe es un tipo con carácter, alguien con los galones suficientes para cambiar la historia. El entrenador toca en primera y devuelve el elogio: que es un hombre decidido, claro en sus conceptos. Lo de ambos no es un matrimonio, sí un servinacuy en el que la idea básica es defenderse el uno al otro: protegerse.

El respaldo que no iban a tener Oblitas, Markarián o Fossati será colchón de plumas para Julio César Uribe. El encargado de blindarlo, de buscarle un chaleco antibalas a su medida, será nada menos que el presidente del club que le devolvió protagonismo en el fútbol peruano. Ergo, la chamba de Juvenal Silva tiene tanto de vigilancia como de compadrazgo. Ambos son devotos de jugar/clasificar en el Cusco, de su exagerado patriotismo y de la disciplina de colegio militar. Entre Juvenal y Julio César existe un pacto y eso, sin comparar al binomio Oblitas-Aramburú de fines de los 90, sirve. La renovación de votos tendría que ser en Sudáfrica 2010.

2. Porque usará a Cienciano como base (sería una decisión inteligente)
No hay que consultar a Rosita Chú para saber que en la Eliminatoria faltará tiempo. Y que la fórmula que usó Oblitas para Francia 98 es un ejemplo: un Cristal reforzado por Reynoso y Olivares y dos más. Tampoco hay que leer dos veces y al revés el libro/manual del 'Diamante' --"Un mensaje a los carasucias"-- para entender que la base de Cienciano es clave para jugar en la altura cusqueña. Lo ha dicho Farfán, lo suscribió Pizarro y lo remarcó Vargas: a ellos les cuesta jugar al costado de Machu Picchu. Así las cosas, la posibilidad que ya se baraja en la interna del nuevo comando técnico nacional es acondicionar a determinados jugadores, sobre todo en ofensiva, para convertir el rojo en rojiblanco. La idea no es descabellada y está claro que Julio César piensa parecido.

3. Porque presume de mano dura ( podrían decirle lo que sea menos paternalista)
Más que un técnico de fútbol, Uribe siempre ha querido ser un instructor premilitar. Un míster antes que un 'profe'. Un orientador antes que un amigo. De hecho, apenas fue confirmado el trascendido de que era, otra vez, el dueño del buzo bicolor, dijo, con la pierna en alto: "Conmigo se acabaron las exquisiteces y el desorden". Y agregó: "Cero caprichos".

El mensaje del Julio César modelo 2007 es claro y en la comisión mundialista lo asumieron como un evidente punto a favor: bajo su régimen --la palabra le cae a pelo-- se acabaron las risitas cuando toca cantar el Himno, los amigotes paseándose en la Videna, los escapes de la concentración, las caras adustas cuando se ordena doble horario, los casos Miramar. Uribe tiene la palabra.

4. Porque ya dirigió a Perú en una Eliminatoria (aunque la de Corea-Japón nadie la quiera recordar)
Pese a que perdió diez partidos de 18, y que el Estadio Nacional enterito coreó el gol de Bolivia, en ese último partido del 2001 que terminó 1-1, la experiencia de Julio César en una Eliminatoria será clave para no repetir los errores. En ese sentido, por ejemplo, ya confesó que Julio Edson no será convocado "salvo que anote 20 goles y el país me lo pida". Recoger los pasos por donde anduvo y sacar conclusiones es tarea del aún técnico de Cienciano. Una, que viene desde esa epoca, dice que apostará por caras nuevas. Otra, que esas caras nuevas deben tener incorporado su chip: "profesionales que son íconos"

1. Porque no sabe jugar en Cusco ('su' Cienciano gana más puntos fuera de casa que en el Garcilaso)
Aunque no parezca a primera vista, Uribe es --de los últimos tres técnicos de Cienciano-- el que menos puntos sacó en el estadio Garcilaso de la Vega. Al ser más tocadores y menos rústicos, sus equipos no dependen de ese pelotazo tan efectivo en la altura y tan usado por Jurado o Ternero, sus antecesores en el 'Papá'. Podría decirse que el Clausura que obtuvo se consiguió más por lo que el cuadro de Julio César pudo sumar en el llano que en la altitud. Su plus es el conocimiento profundo de los potenciales seleccionados de un equipo de altura (Cienciano), pero no estamos hablando de un técnico experto en usar el Cusco como bastión de sus hazañas.

2. Porque le cuesta formar grupos (y sobre todo, no ser protagonista)
El tipo se quiere y no está mal. Lo peligroso es cuando no asume que su tiempo de crack ya terminó y pretende, con sus decisiones desde el banco, ser más figura que las figuras, es decir, sus mejores jugadores. Es el mismo Uribe que sentó a Ibáñez dos fechas y puso en su lugar a Jesús Cisneros "por decisiones técnicas" o es el mismo Uribe que ha sacrificado a Mostto, el mejor peruano del 2006, para darle un lugar a su hijo. Cómo serán de polémicas sus movidas que hasta modificó el sistema para buscarle un sitio a Uribe jr. El Cienciano campeón jugaba con dos puntas y cuatro volantes; en el actual pone cinco mediocampistas, entre ellos, claro, Julio Edson.

3. Porque no controla sus frases públicas (o lo que es lo mismo: puede decir que eres un crack, al día siguiente que no sirves)
Si bien dicen que ya cambió (es más, Lánder Alemán jura que Uribe ha madurado), el 'Diamante' sigue teniendo esa vena de tipo polémico, acaso demasiado lenguaraz para un cargo en el que se requiere calma y frialdad. En solo diez meses en el puesto de técnico de Cienciano, se peleó con Chemo del Solar, con el directivo Luis Pizarro y hasta humilló al colombiano Edison Chará en el vestuario con frases irreproducibles a vista de los periodistas. Directa o indirectamente siempre le manda mensajes a esos 'enemigos públicos' que --según dice--no aceptan verlo triunfar. Es decir, maneja un discurso excesivamente confrontacional.

4. Porque llega a Videna sin gran respaldo (el único guardaespaldas que tiene es Juvenal)
A diferencia de elecciones por pedido masivo como la de Ternero en el 2005, la aparición de Uribe ha sido responsabilidad de dos o tres dirigentes, que lo votaron más por ganas de que no sea Oblitas que convencidos del proyecto que podría presentarles Julio César. Es más, el apellido Uribe no asomaba ni como posibilidad seria hasta una semana antes, pero ganó votos cuando el resto de candidatos ('Bolillo' Gómez, Markarián, Fossati.) se fue cayendo. Estamos, pues, ante una elección sin respaldo popular, casi antipática, que solo ganará adeptos en la medida en que sume triunfos y puntos. Y estamos también ante un técnico sin demasiado crédito para soportar los turbulentos días de las Eliminatorias. En ese sentido, y a diferencia de otros técnicos con espaldas más anchas, aquí cualquier derrota podría ser la última.

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