¿Estamos preparados para manejar una bonanza?

Con excepción de los muy mayores, los peruanos hemos estado poco acostumbrados a administrar nuestras sucesivas crisis. ¿Estamos hoy preparados para manejar la bonanza y hacerla duradera?

El tránsito de un gobierno a otro ha sido fluido y a nueve meses de la actual administración aprista los indicadores macroeconómicos se mantienen en azul: siguen creciendo el  PBI (más del 7% en el primer trimestre), la recaudación (15% en el 2006), las exportaciones (US$ 23.400 millones el año pasado según el IEEC). Asimismo, tenemos una inflación negativa (-0,08%), la rentabilidad empresarial es descollante, la percepción ciudadana acerca del empleo ha repuntado y estamos cerca de firmar el TLC con EE.UU., lo que aseguraría mercado a nuestros productos y nos encarrilaría en la ruta del desarrollo a largo plazo.

Sin embargo, enfrentar un futuro promisorio, que es de lo que se trata en el fondo, implica mucho más que hacer la lista de las responsabilidades del Gobierno. Y todos somos responsables de ese futuro:

Los empresarios, invirtiendo en el país y compartiendo adecuadamente las ganancias con sus trabajadores. Estos, siendo conscientes de que una mejor situación económica no significa que de la noche a la mañana se podrá atender la larga lista de pedidos embalsados, muchos de ellos justos. Los ciudadanos, no dilapidando absurdamente esos nuevos excedentes, si ya le llegaron, y ahorrándolos o invirtiéndolos adecuadamente.

A los ciudadanos, en general, nos cabe asumir nuevos valores, sin los cuales la bonanza no podrá administrarse, empezando por dejar de lado la informalidad, el gran talón de Aquiles de nuestra sociedad. ¿Podremos consolidar ese crecimiento con empresas informales que no tributan ni protegen a sus trabajadores; si hacemos de la invasión de terrenos una forma 'legalizable', como ha sucedido por años en el mercado de Santa Anita; si nos autoengañamos y hacemos pasar a cocaleros que proveen de insumos a las mafias criminales de la droga como campesinos defensores de tradiciones ancestrales?

Mientras los peruanos continuemos haciendo de la criollada un seudovalor y no elogiemos y premiemos socialmente a quien se faja por cumplir la ley no lograremos la real, profunda y estable bonanza.

La oposición tiene un importante rol. Su crítica, dentro del sistema democrático, es esencial y debe llevar al gobierno de turno a reflexionar sobre otras formas de pensar y hacer. Pero algo que la oposición no puede perder de vista es el beneficio del país. Jugar a favor del desgobierno con bloqueos de vías, de la ilegalidad con el apoyo a cocaleros ilegales o de la informalidad aceptando las invasiones, es algo que debe ser sancionado, antes que nadie por los propios ciudadanos.

Pero ninguna bonanza se consolidará sin la solidez y garantía que debe prestar la justicia. ¿Invertiría usted su dinero en un país donde no sabe si sus derechos están protegidos? Claro que no. El PJ deberá evitar que algunos jueces se dediquen a seudolegislar con absurdas acciones de amparo. De ahí que el PJ no puede perder el ímpetu reformista para mejorar su estructura y su normatividad, recuperar el prestigio perdido por la ineficiencia y la corrupción y convertirse en el garante de la seguridad jurídica.

Por su parte el Congreso no tiene derecho a perder el tiempo en interpelaciones insustanciosas o politiquería barata que desvirtúan al ente legislador. Debe más bien dedicarse a consolidar consensos para dar sustento a la reforma constitucional y la del Estado, así como debatir otras leyes fundamentales, como la del empleo.

En cuanto al Gobierno, debe acelerar el programa de reformas para administrar de modo más eficiente el gasto público, en lo que debe adoptar el sistema de presupuesto por resultados. Sería irresponsable seguir gastando la mayor recaudación en gasto corriente y planilla pública, cuando la prioridad es atender la salud y la educación, y promover la inversión para fomentar el empleo.

Es también fundamental que el Gobierno colabore en abrir nuevos mercados. Si estos no existen, todo el esfuerzo previo será vano. De ahí la urgencia de concretar el TLC y buscar tratados con Europa, China y otros países.

Luego, tenemos que superar la honda brecha de inversión en infraestructura, fundamental para cerrar la brecha social interna. Asimismo, debe descentralizarse el SNIP para que los gobiernos locales y regionales mejoren su capacidad de ejecución, y ser mucho  más dinámicos y creativos en entregar concesiones. Las regiones, fundidas en macrorregiones, deberán consolidarse como los grandes polos de desarrollo futuro.

Los peruanos hemos esperado mucho por una mejora cualitativa, cuantitativa y redistributiva de nuestros recursos y potencialidades que nos lleve a finalmente compartir las ventajas de una economía sólida y un país estable y reconciliado.

Este proceso, que empezó Fujimori con con errores, impulsó Toledo y va consolidando ahora García, es la verdadera revolución social, económica y política que el pueblo peruano ha venido esperando por años. Cerremos esfuerzos y actuemos todos de la mano, sin diferencias políticas, sociales, raciales o de cualquier tipo para consolidarla y, por fin, hacerla imperecedera en el tiempo.