Análisis político: El mito del fujimorismo sin fujimori

Por Juan Paredes Castro

Ha tenido que ser el propio ex presidente Alberto Fujimori el autor de la partida de predefunción del fujimorismo, que de paso viene existiendo como un estado de ánimo, y nada más.

Su postulación a una curul del Senado japonés deja fuera de juego a sus partidos y a sus seguidores en el Perú, pero fundamentalmente su decisión nos recuerda que hace mucho rato el fujimorismo, como modelo político autoritario, ya se agotó.

Algo más: las democracias latinoamericanas más importantes, incluida la peruana, han empezado a conocer las virtudes legales y constitucionales del principio de autoridad y de la eficacia gubernamental, que ya no hacen extrañar precisamente los golpes de Estado de otros tiempos ni las autocracias populistas como la venezolana y ecuatoriana que sabe Dios qué le depararán finalmente a sus pueblos.

El consuelo de la ex candidata presidencial Martha Chávez, de que el fujimorismo trasciende cualquier evento personal como la eventual futura senaduría de Fujimori en Japón, vuelve su reserva de inteligencia de los últimos días al estado primario de pensar que el fujimorismo es una alternativa democrática de gobierno, un modelo de moral política o una doctrina de pensamiento social.

Creíamos que Martha Chávez no soportaría esta vez ser engañada como lo viene siendo todo el fujimorismo. Nos sorprende la argumentación justificatoria de su obligación de continuar formando parte del coro de un modelo político ya desfasado.

En todo caso, Chávez y quien quiera seguir expresando su lealtad personal al ex presidente pueden seguir haciéndolo --inclusive guardándola en el fondo del corazón--, pero sin engañarse de que el fujimorismo sin Fujimori no existe. Uno y otro son inseparables, y más aun desde que Fujimori ha usado el fujimorismo para sus propios fines.

Cosa muy distinta es ligar el fujimorismo a un tiempo concreto, el del 90 al 2000, para hablar de sus activos y pasivos. Lamentablemente los saldos antidemocráticos y de corrupción, igualmente tan inseparables, inclinan la balanza negativamente.

El fujimorismo sin Fujimori es, pues, un mito. Peor será pensarlo que no lo sea con su líder en Japón o en la cárcel.