Energías alternativas al alcance de todos

Frío y oscuridad en el país del sol

Por Modesto Montoya, físico nuclear

Dicen que somos el país del sol, pero no lo aprovechamos y actualmente padecemos por el frío. Solo en los primeros meses de este año ya son 141 niños menores de 5 años los que han muerto por neumonía en todo el país, según cifras del Ministerio de Salud. Esta ola de frío pronosticada ha hecho trabajar a diversos sectores del Gobierno para evitar que las consecuencias fatales sigan en aumento. Pero siempre son las zonas de extrema pobreza las más afectadas por la carencia de servicios básicos. Esto obliga a ser pujantes y creativos y usar la tecnología para encontrar fuentes de energía accesibles para todos, sobre todo en el sur, pero también en el centro y el norte.

Así, subiendo por el río Moche, cerca de las asoleadas punas de La Libertad, en un lugar llamado San Miguel, conocí a Linder Castillo, un niño de 10 años con la piel curtida por el sol. Linder estudia en una escuela multigrado, no tiene corriente eléctrica en casa, ni agua potable, ni teléfono, y no conoce el nombre del presidente de la República. A mediodía, saca su lavatorio con agua extraída de la quebrada, esperando que se entibie bajo el sol, para luego, tiritando, lavarse la cara y el torso. En la tarde, Linder termina leyendo sus tareas a la intemperie, para aprovechar hasta el último minuto la luz del sol, el que, sonrojado, se hunde en las playas de Trujillo. Después cae la oscuridad y, sobre todo, el frío que a veces viene con muertes infantiles.

¿Por qué, en pleno siglo XXI, persiste esta realidad en pueblos privilegiados por el astro rey? Paradójicamente, Manfred Horn --físico alemán que se ha nacionalizado de facto por casi medio siglo de vivir en el Perú-- toma diariamente una ducha con agua caliente de terma solar en su residencia de Miraflores, lugar al que el sol no favorece tanto como a San Miguel. Recientemente, en el Cusco, antes de la fiesta del Inti Raymi, en ocasión del Séptimo Simposio Latinoamericano de Física Nuclear y Aplicaciones, varios participantes nos alojamos en La Posada de Atahualpa, un hotel diseñado por Manfred Horn para aprovechar al máximo la energía solar. Tiene dos ambientes comunes cubiertos de planchas de policarbonato, mediante las cuales se aprovecha el efecto invernadero para captar calor durante el día y mantenerlo en parte para la noche. Las ventanas tienen doble vidrio para impedir un rápido enfriamiento nocturno.

Las termas que alimentan las duchas son solares. En ese ambiente, no me sorprende ver --en el muro de uno de los ambientes invernadero-- un afiche sobre el Decimocuarto Simposio Peruano de Energía Solar que se llevará a cabo en noviembre en esa ciudad. La energía solar tiene ya buen tiempo de ser usada en el Perú. En 1997, con apoyo del Programa de Ahorro de Energía, se instaló 300 paneles solares en la isla Taquile del Lago Titicaca. En el 2004, en el Perú ya había 17.448 sistemas voltaicos para usos residenciales, 44.772 sistemas solares para telecomunicaciones, 764 secadores solares, 8.045 calentadores solares y 640 cocinas solares. Los arequipeños --que nunca se quieren quedar atrás--, con sus 30.000 termas solares, están convirtiendo su Ciudad Blanca en una urbe solar.

Relacionada con el sol, la energía eólica también está empezando a usarse: en Racramarca (Cerro de Pasco) hay un aerogenerador de 1kw, en Marcona uno de 450 kw y en Malabrigo (Trujillo) otro de 250 kw. Como Dios es peruano, también contamos con un enorme potencial geotérmico. Según la Organización Latinoamericana de Energía (Olade), en el Perú hay 156 zonas geotérmicas. Se ha reconocido más de doscientas vertientes de agua caliente, así como fumarolas y algunos géiseres.

En el simposio nuclear arriba mencionado, el físico alemán Juergen Gerl ratificó su convicción de que, en unos cincuenta años, el hombre dominará la fusión nuclear.

Mientras tanto, el Perú, con sus variados recursos energéticos, tiene una red eléctrica basada en plantas hidroeléctricas, a gas, a carbón y a petróleo, ordenadas en forma ascendente por costos de producción. Ante el desequilibrio hidrológico que está generando el calentamiento global, provocado por la quema de combustibles fósiles, las centrales hidráulicas de la red serán reemplazadas por centrales de tipos que dependerán de la realidad de la región donde se instalen. Para regiones alejadas de la red deberá usarse la energía solar, eólica o geotérmica, según corresponda.

Si lo hiciéramos así, Linder contará con su terma y celdas solares y podrá ver, por televisión, la inauguración del primer reactor de fusión nuclear, el que funcionará con hidrógeno, un combustible limpio e inagotable, sobre el que ya deberíamos empezar a estudiar. ¿No es así?