La eficiencia pedagógica sí existe

¿La educación es un caos sin esperanza?

Por Modesto Montoya, científico

Mucho se habla del caos que reina en el sistema educativo, y poco se dice de las ignoradas islas de esperanza que sí existen a pesar de todo. En estas semanas hemos visto cómo miles de profesores salen a las calles a protestar violentamente contra normas que consideran negativas, y cómo el Gobierno opta por el discurso de la confrontación y autoriza a las Fuerzas Armadas a salir para evitar mayores desmanes.

Mientras todo eso ocurría, como si por un momento visitara una isla perdida, he sido testigo de un homenaje que el doctor Alberto Cazorla Talleri recibía de sus alumnos dispersados en los laboratorios más importantes del mundo. Ellos reconocían que los mejores resultados del maestro, dedicado de pleno a la investigación y a la docencia por vocación, son las generaciones de científicos que hoy producen conocimiento de alto valor para la humanidad.

Mientras afuera --enfocados por innumerables cámaras de televisión-- gobernantes y gobernados intercambiaban adjetivos en torno al tema educativo, en el recinto donde ocurría el mencionado homenaje, nos decían que se necesita gente con imaginación y creatividad. Esa gente será capaz de elucidar los misterios sobre las bases moleculares de nuestra conciencia, los mecanismos de reparación cerebral durante el envejecimiento y su impacto en las enfermedades neurodegenerativas, y los procesos que sigue en nuestros sentidos la inmensa información que se recibe del mundo que nos rodea.

Y el homenaje se concretó en la presentación del libro "Fronteras científicas en el siglo XXI", en la que los alumnos de don Alberto, como ellos llaman al maestro homenajeado, se refieren a sus experiencias como sus alumnos y a sus producciones científicas. El maestro, fiel a su estilo, les hizo ver que estaban equivocados en el título del libro porque "la ciencia no tiene fronteras". El investigador trujillano Javier Navarro (Universidad de Texas), editor del libro, reconoce que, gracias a don Alberto, hizo realidad su sueño: vivir la ciencia y que su quehacer científico sea actividad placentera, no un trabajo.

En otro lugar --mientras en las calles los profesores huelguistas intensificaban sus manifestaciones-- centenares de otros profesores se reunían con científicos de diversas disciplinas en el curso "Ciencia, tecnología y ambiente". Ahí, el matemático franco peruano Marcel Morales se dispone a dictar su clase "Problemáticas en la enseñanza de las ciencias".

Morales, dedicado a la formación de profesores, explica que la enseñanza moderna levanta su estructura sobre la base de los fracasos de antiguas experiencias. En Francia, en un pasado lejano, dice Morales, se daba mucha importancia a la memoria y a la técnica repetitiva en la solución de problemas matemáticos. Luego se puso el acento en la abstracción: los niños aprendían conceptos sobre conjuntos y otros similares, pero terminaban sabiendo casi nada. Ahora --enfatiza Morales-- estamos convencidos de que una buena enseñanza de las ciencias debe tener tres columnas: la creatividad para resolver cualquier problema, la historia de las ciencias que muestra la naturaleza del descubrimiento, también la vieja técnica repetitiva para ejercitar la memoria.

En todo el país, miles de soldados son repartidos para proteger las instalaciones públicas ante eventuales amenazas de los manifestantes. Primera vez que, al llegar al alejado Centro Nuclear de Huarangal, veo soldados resguardando la entrada. Pareciera que se viviera en un mundo de provocación y violencia, en paralelo con otro en el que se siente gusto por aprender, enseñar e investigar.

El físico matemático Justo Rojas, doctorado en Rusia e investigador sobre el caos, me explica que lo que se vive está dentro de lo natural: en todo sistema existe la convivencia del orden y el caos.

¿Cómo hacer para que prevalezca el orden sobre el caos? De lo que he escuchado y vivido, estoy convencido de que podemos evitar la confrontación y aprovechar la bonanza económica para crear y multiplicar ambientes de excelencia en los que participen todos aquellos que quieran vivir con placer los procesos de enseñanza, aprendizaje e investigación. Dejemos la confrontación y levantemos centros de excelencia en número crítico suficiente para formar gente capaz de enfrentar los desafíos del siglo XXI, el principal de los cuales es salir de la pobreza.