Miércoles, 22 de noviembre de 2006
El gran idependiente


Una triste noticia para los verdaderos amantes del cine. El maestro Robert Altman falleció el lunes pasado y dejó un lugar difícil de ser ocupado

Por Alberto Servat

Cuando el cine independiente no existía, ya estaba Robert Altman desafiando a la gran industria del cine. Sin aspavientos personales y únicamente armado con su talento, logró poner en jaque a los grandes estudios con una rica filmografía y un puñado de obras maestras.

Altman no solamente fue un rebelde, aunque siempre se le recordará así. Era un cineasta capaz de explorar todas las convenciones narrativas hasta revitalizarlas de tal manera que marcaba la pauta por seguir.

La noticia de su muerte fue dada a conocer ayer por un portavoz de su compañía productora. El comunicado fue simple y directo, sin precisar detalles. Así fue su vida privada.

¿Qué más podemos decir de este gigante del cine? Que nació el 20 de febrero de 1925 en Kansas City; que fue copiloto de un bombardero en las Antillas; que se formó en la televisión en series como "Alfred Hitchcock presenta"; y que nunca obtuvo el Óscar, pasando de esa manera a la lista de los elegidos, los mejores talentos de la historia del cine a los que una miope Academia solamente concede el premio honorario.

LOS TÍTULOS DORADOS
Si algo podemos afirmar de su cine es que abordó todos los temas. Siempre de manera sarcástica, reflexionando sobre la futilidad de un mundo deslumbrado por su propio poder y simpatizando con los personajes más sencillos y prácticos.

El absurdo de la guerra no ha conocido mejor comedia que "M*A*S*H" (1970); las pequeñas mezquindades de los músicos fueron expuestas una por una en "Nashville" (1975); trajo abajo los mitos del viejo oeste en "McCabe & Mrs. Miller" (1971) y, sobre todo, en "Buffalo Bill and the Indians" (1976); las diferencias de clase fueron expuestas en diversas cintas, desde la brutal crítica a la clase alta estadounidense en "The Wedding" (1978) hasta la aparentemente exquisita sociedad británica de "Gosford Park" (2001). Con algunas excepciones, se trataban de películas corales, retratos multifacéticos del mundo en que le tocó vivir.

Más personal, Altman exploró en el terreno del subconsciente en "3 Women" (1977) y en las relaciones de una sociedad deshumanizada en "Short Cuts" (1993). Por supuesto, su personal visión de Hollywood no podía ser menos ácida que la monumental "The Player" (1992).

Al final de su carrera, con el prestigio ganado a pulso, los actores más famosos aceptaron trabajar en sus películas por una mínima paga. Así, podemos decir de él que es el único realizador que dirigió a la más antigua leyenda del cine, Lillian Gish, y a la sirena más popular de hoy, Lindsay Lohan.

También conoció los fracasos, pero, como todos los grandes artistas, aprendió de ellos.

Su personal relación con Hollywood queda perfectamente expuesta por él mismo: "Realmente no tenemos nada el uno contra el otro. Ellos venden zapatos y yo hago guantes".





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