“La soledad es una mala consejera” | OPINIÓN

“Oviedo debe entender que así como en el inicio de su proceso fue la piedra angular de la gran reestructuración de la FPF, hoy su presencia causa un efecto contrario”

“Oviedo debe entender que así como en el inicio de su proceso fue la piedra angular de la gran reestructuración de la FPF, hoy su presencia causa un efecto contrario”. (Foto: AFP)

Por: Guillermo Oshiro Uchima

En apenas cuestión de horas, dos entes creados por el propio Edwin Oviedo para profesionalizar la FPF le daban la espalda. Los miembros del Comité Consultivo –asesores externos de la presidencia de la federación– y de la Comisión de Auditoría y Ética presentaron ayer su renuncia. En sus cartas no había necesidad de remarcar la motivación implícita: no les convenció la defensa de Oviedo sobre la relación que sostenía con el empresario Antonio Camayo y el juez César Hinostroza, ambos implicados en la investigación de la organización criminal Los Cuellos Blancos del Puerto.


La decisión de estas dos comisiones dejó sin respaldo a Oviedo. Los profesionales independientes que avalaban sus reformas ya no están. Hace unos días, además, la Junta Directiva de la FPF le pidió una reunión de urgencia y su propio vicepresidente, Franklin Chuquizuta, le exigió la renuncia. La ADFP, por la misma razón, insistió en que se tome una licencia hasta que se esclarezca su situación y ya Juan Carlos Oblitas puso en su duda su continuidad como director deportivo de la federación más allá del fin de su contrato.


La armonía de una institución que nos llevó al Mundial después de 36 años ya no existe, y sin ese plus es imposible pensar que los avances puedan continuar para formalizar y potenciar definitivamente nuestro fútbol sobre la base de muchas dudas sin resolver.


Oviedo debe entender que así como en el inicio de su proceso fue la piedra angular de la gran reestructuración de la FPF, hoy su presencia causa un efecto contrario. Ya no es un elemento unificador, genera toda esta división que no le hace nada bien a una institución que empezaba a gozar de buena salud después de tantos años inmersa en una depresión absoluta. Por el capricho de mantenerse en el cargo, no puede derrumbar todo lo construido, que no es poco.


Como él mismo se cansó de remarcar en los tiempos de cosecha, el éxito de la clasificación no es solo mérito de un hombre, no lo construyó solo Ricardo Gareca ni los jugadores ni Oblitas, también lo es de cada integrante de la federación que supo cumplir con excelencia el trabajo encomendado en cada una de las áreas. Por ende, el presidente de la FPF debe saber más que nadie que no existe un salvador ni tampoco una pieza imprescindible para hacer sostenible un plan que ya camina. Dar un paso al costado, hasta que se demuestre su inocencia sin romper la tranquilidad en la Videna, sería un gesto de desprendimiento justo.


Hoy nuestro fútbol lo necesita para pensar que Rusia 2018 no fue un accidente y sí consecuencia lógica de un proyecto bien pensado. La pelota está otra vez en su cancha. Como hace tres años cuando asumió la presidencia.

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