Tim Cook, el workaholic y perfeccionista CEO del billón de dólares

Cuando Tim Cook asumió el liderazgo de Apple, la compañía tenía un valor de US$ 330.000 millones. La semana pasada, la compañía de la manzana triplicó ese valor

Tim Cook, CEO de Apple, durante la presentación de uno de sus equipos. (Foto: AP)

Por: Redacción EC

(Por Manuel Patiño) Apple tocó el paraíso histórico en bolsa al superar el billón de dólares en cotización. La empresa del iPhone vale un millón de millones y fuera de la leyenda que engloba a Steve Jobs, su gran gestor fue otro hombre.

En 1998, Tim Cook mantenía un puesto alto en Compaq, una de las principales empresas de computadoras de la época. Había llegado desde IBM y se perfilaba como el 'golden boy' entre los gerentes del negocio.

El olfato de Jobs lo llevó a ofrecerle una posición como vicepresidente senior de Operaciones globales en Apple, una compañía al borde del fracaso y la quiebra, con ningún producto relevante en el mercado y las peores proyecciones de los especialistas.

En contra de toda lógica y prudencia, Cook dejó su trabajo en la ahora extinta Compaq y se mudó a Cupertino.

Tim Cook escaló con diversas inversiones para tercerizar los componentes de sus aparatos sin perder exclusividad, y cerrando contratos para fabricar memorias flash mucho antes del iPhone.

Su escalada pasó desapercibida bajo la sombra de Steve Jobs, pero dentro de la compañía ya se perfilaba como el claro heredero de la compañía.

Si Jobs era el genio creativo, Tim Cook es el genio minucioso y exigente. Según Business Insider, en el Apple Campus, los ejecutivos temían más los interrogatorios de Cook que los de Jobs. Sin piedad y perfeccionista, podía sostener horas de horas una reunión hasta obtener un resultado satisfactorio, sin contar los impacientes correos de madrugada.

En el 2007, Apple sufrió dos cambios enormes. Uno fue el lanzamiento del iPhone, el segundo fue el ascenso de Cook a COO (gerente de operaciones).

Jobs ya tenía cinco años con cáncer de páncreas, y el acercamiento de Cook al directorio lo colocaba en una posición óptima para relevarlo y tomar la mayoría de las decisiones, incluso cuando Steve permanecía como gerente general.

En contraste con su espíritu de 'workaholic', Cook mantenía un foco extra en su labor altruista. En 1996 fue diagnosticado por error con esclerosis múltiple. Desde entonces impulsó una campaña generosa de donaciones y programas sociales.

Si la ayuda llegaba alrededor del mundo, en casa se conoció su ejemplo más sublime. En 2009 el cáncer ya había avanzado demasiado y Jobs cada vez se veía más lejos de la compañía. Su amigo, Cook, le ofreció una porción de su hígado. Jobs no aceptó.

Debido a los problemas de salud de Jobs, Cook solía asumir el cargo de CEO interino cuando el primero se ausentaba. En enero de 2011, tomó el cargo de nuevo, pero en agosto se volvió permanente, cuando el fundador renunció a Apple.

Steve Jobs falleció en octubre de ese año.

Cuando Tim Cook recibió la compañía, tenía un valor de US$ 330.000 millones.

Además del reto de mantener la cultura Apple y unos zapatos enormes que llenar, había otra pregunta que hacerse: ¿ya llegaron al tope?

Siete años después ya resolvió dos de estas tres incógnitas. Apple se mantiene como la empresa 'cool' en donde todos quieren trabajar y la cotización de la misma se ubica en niveles estratosféricos.

El único gran bache que le reclaman a Cook es un gran invento, revolucionario, que fascine al mundo, tal como lo hacía Jobs.

Hasta ahora la mayor innovación de Apple en esta nueva era es el Apple Watch, que no ha tenido un impacto cercano al del iPhone. Sin embargo, ya tiene una compañía de US$ 1'000.000.000.000. ¿Esta conquista será suficiente para el exigente Tim Cook?

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