La casa de las flores

Un vistazo a las claves del éxito de la última producción mexicana producida por Netflix

El regreso de Verónica Castro, las cuotas de humor negro de la historia y la acertada concepción de los personajes son algunas de las claves del éxito de "La casa de las flores".

Por: Katherine Subirana Abanto

Hubo un largo tiempo en el que las telenovelas mexicanas coparon exitosamente las pantallas latinoamericanas. Éxitos como Los ricos también lloran marcaron hace casi 40 años la pauta de los relatos de amores problemáticos, imposibles (muchas veces por incestuosos), complejos, prohibidos. Las telenovelas mexicanas tenían un público ganado, por décadas mantuvieron su fama y audiencia, y no palidecieron al lado de las producciones brasileñas o venezolanas. El siglo XXI, sin embargo, no les venía siendo favorable a estas fórmulas decaídas… hasta que Netflix apostó por una de ellas.

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No se trata de vaticinar la resurrección de las telenovelas, pero sí de mirar el éxito que ha tenido La casa de las flores, una producción que nos remite a los culebrones de antaño, pero con una fórmula fresca que ha sabido conectar con los requerimientos del público de este tiempo. Los millennials la han acogido con fervor, como sucediera muy recientemente, aunque no se trate del mismo formato, con Luis Miguel, la serie.

Cuando reinan relatos como Game of thrones, Strangers things o The handmaid’s tale, destaca la atención que ha concitado una historia más clásica (televisivamente hablando), como lo es la de la disfuncional y adinerada familia De la Mora. Virginia, la matriarca, es dueña de una florería —cuyo nombre es La Casa de las Flores— y su mayor preocupación es mantener unido su hogar —su esposo, dos hijas, un hijo y un nieto— y guardar la apariencia de ser un núcleo perfecto. La novela empieza cuando ella descubre que su marido le ha sido infiel por más de diez años. Y se entera cuando la amante de este se suicida en la florería, mientras la familia celebra una fiesta.

Las razones para engancharse con esta producción son diversas, y públicos muy diferentes tienen las suyas. Los nostálgicos, por ejemplo, han encontrado varios de los elementos de las telenovelas clásicas: infidelidades, muertes, secretismo y una familia pudiente tratando de mantener su imagen ante la sociedad. Además, es simbólico que Virginia de la Mora sea encarnada por Verónica Castro —que en su juventud protagonizó Los ricos también lloran—, pues no solo el personaje se mofa de la clásica y fina matriarca de clase alta telenovelera, sino que la historia misma es una parodia, una imitación burlesca del género en el que ella ha destacado históricamente.

Virginia mantiene las apariencias tratando de llevar de la mejor manera sus desgracias, como la infidelidad de su marido, la debacle de su fortuna o que su hijo se revele públicamente homosexual —o bisexual, aún no lo decide—. Para escapar de los problemas fuma marihuana a escondidas, y hasta trafica con ella (un guiño ‘moderno’).

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La parodia tiene un especial éxito gracias al Internet, pero no significa que no lo haya tenido antes. El teatro, por ejemplo, tiene una tradición de representaciones paródicas; series animadas como Los Simpson parodian constantemente aspectos de la política, la industria cinematográfica y la historia; e incluso el libro mayor de la literatura en nuestro idioma, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, es una parodia de los libros de caballería.

En la época de las redes sociales, donde abundan los memes y se viralizan videos que parodian las más disímiles situaciones, una parodia hecha de manera profesional como La casa de las flores ofrece una gran cantidad de elementos para alimentar a los amantes de esa viralización. Y el personaje de la hija mayor de la familia De la Mora, Paulina, interpretado por la actriz Cecilia Suárez, es en gran medida el responsable de este éxito.

Paulina destaca por ser una mujer empoderada, defensora de los más débiles, con un alto y particular sentido de la justicia. Pero, y sobre todo, por su forma de hablar. Paulina separa las sílabas de las palabras, pro-du-cien-do un so-ni-do par-ti-cu-lar, y esto generó el #PaulinaDeLaMoraChallenge, por lo que miles de personas de distintas partes del mundo se grabaron —y aún se graban— a sí mismas imitando su forma de hablar. Esta rareza, además de darle mucha gracia al personaje, despertó la curiosidad de los espectadores.

¿Por qué Paulina habla así? Fue una pregunta tan recurrente en Google, que los medios se embarcaron en la búsqueda de la respuesta. Y la encontraron: el personaje es adicto al Tafil, un tranquilizante. Más allá de la verosimilitud de la respuesta, esta satisfizo a los fans. Total, eso también puede ser una parodia.

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