Construyen 30 mil casas informales al año en Lima

Casi el 40% de los vecinos en 13 distritos de la ciudad habita las laderas de los cerros. No cuentan con servicios básicos

Construyen 30 mil casas informales al año en Lima

Por: Pamela Sandoval Del Águila

Mientras rodaba cuesta abajo, aferrándose sin éxito a las rocas sueltas que caracterizan a las laderas del sector F de Huaycán (Ate), Sandinel René Pacheco apretaba su abultado vientre y rogaba para que ni el resbalón ni la caída afectaran al bebe. “Invadí el cerro para que mi hija tuviera casa, y tal vez la pierda antes de techar mi lote”, recuerda la mujer, que sobrevivió a los golpes junto a su hijita. 

Hoy, casi dos años después del accidente, su temor es volver a resbalar, pero con la niña en brazos, ya que casi nada ha cambiado en el área desde que fue invadida por 130 familias, allá por enero del 2010.

Para Ricardo Arbulú, presidente del Instituto de la Construcción y el Desarrollo, entidad adscrita a la Cámara Peruana de la Construcción (Capeco), historias como la de Sandinel se repiten en cada construcción de viviendas precarias en los distritos con mayor cantidad de laderas de Lima. Es decir, en al menos 30 mil casos cada 12 meses.
“Según la venta al por menor de cemento y materiales para la construcción en Lima norte, Lima este y Lima sur, al año se construyen unas 30 mil viviendas informales. Esto es alarmante, pues el principal riesgo es para los habitantes, al carecer de toda garantía antisísmica y servicios”, afirma Arbulú.

Geografía diferenciada
De acuerdo con Luis Rodríguez, ex asesor de la Municipalidad de Lima en el proyecto Barrio Mío (2011-2014), son 13 los distritos con laderas donde se registra la mayor demanda de vivienda: Ate, Carabayllo, Chorrillos, Comas, El Agustino, Independencia, Pachacámac, Puente Piedra, Rímac, San Juan de Lurigancho, San Juan de Miraflores, Villa El Salvador y Villa María del Triunfo. A la fecha, según el INEI, alrededor del 40% de estos vecinos ya reside en las partes altas. 

En cada caso, los factores de riesgo son los mismos: casas logradas con invasiones y levantadas sin consideraciones técnicas, indispensables por tratarse de suelos diferenciados (arenosos, rocosos o antiguos rellenos sanitarios), propensos a filtraciones de agua y con pendientes de hasta 65° de inclinación. 

“Un ejemplo de qué tan importante es la planificación está en las casas de otros distritos con laderas, que soportan mejor los sismos o acceden más pronto a servicios porque la habilitación se hizo cerca de conectores públicos. No es solo ver la cuestión económica, sino pensar la ciudad según sus necesidades”, observa Rodríguez, organizador del foro Limápolis 2016.

Con 65,75 km² de extensión, La Molina es uno de los pocos distritos con laderas –hasta los 241 metros de alto– que sí cuenta con planes para 5.291 viviendas y 26.500 vecinos de la zona alta. Dicho espacio, en el límite con Pachacámac, fue declarado intangible en el 2012, a fin de promover su reforestación. 

“La mayoría de construcciones está integrada a la trama urbana del distrito con agua, desagüe, luz eléctrica, telefonía y, en algunos casos, redes de gas natural”, precisó la comuna.

Gilberto Romero, del Centro de Estudios y Prevención de Desastres, destacó el esfuerzo de las entidades públicas por dotar de desagüe a las laderas. “Luego de estabilizar el suelo, tender la red de desagüe es lo más difícil en una pendiente porque la gravedad hace necesario bombear los residuos. Si se empozan, se debilita el suelo”, afirma.

Fuentes de Sedapal le dieron la razón al especialista: instalar desagües en las laderas cuesta 50% más que en las zonas bajas.

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