El insólito diluvio que inundó las calles de Lima hace 48 años

El archivo fotográfico de El Comercio guarda el registro del aguacero que sorprendió a los limeños en 1970.

Cuando ocurre una llovizna, por más pequeña que esta sea, es inevitable recordar aquel aguacero de 1970 que inundó la capital. (Archivo fotográfico El Comercio)
La tarde del 15 de enero empezó una insólita descarga de agua que inundó calles e hizo colapsar las comunicaciones telefónicas. (Archivo fotográfico)
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Por: Miguel García Medina

Cuando ocurre una llovizna, por más pequeña que esta sea, es inevitable recordar aquel aguacero de 1970 que inundó la capital. La tarde del 15 de enero empezó una insólita descarga de agua que inundó calles e hizo colapsar las comunicaciones telefónicas. Además, generó apagones y destruyó cerca de dos mil viviendas, lo cual obligó a declarar en emergencia la ciudad de los Reyes.

“Una masa de nubes había llegado desde la sierra central impulsada por los vientos del este”, explicaba El Comercio en su edición del día 16. Indicaba también que el colchón de nubes de 1.300 metros de espesor había descargado tres millones de litros de agua al colisionar con el clima costeño. Esa mañana, mientras los limeños leían las noticias, las lluvias seguían cayendo.

Jueves de diluvio

La prolongada lluvia abarcó por el norte hasta Huaral, por el sur hasta Pisco y por el este hasta La Oroya. Cada metro cuadrado recibió 17 litros de agua en las primeras cinco horas –de 6 p.m. a 11 p.m.–, lo que obligó a los transeúntes a refugiarse en cualquier espacio cubierto. La mayoría de personas volvía a casa luego de la jornada laboral. Muchos fueron sorprendidos en los paraderos de colectivos como el de la plaza San Martín.

La precipitación originó aniegos que luego se transformaron en “piscinas”. Entonces, empezaron los primeros incendios por cortocircuitos. Después se produjeron los derrumbes de paredes en las zonas más tugurizadas. La vía entre Lima y Chosica quedó bloqueada por los huaicos y las casas en Ñaña resultaron invadidas por las aguas del río.

Seis casas de la barriada Huascarán, cerca del Puente del Ejército, fueron arrastradas por el río. En la avenida Morales Duárez, a la altura del puente Dueñas, las casas de adobe y quincha se derrumbaron. El Ejército movilizó 40 camiones de efectivos para socorrer a los damnificados, mientras en Miraflores, Magdalena y La Victoria el fluido eléctrico se cortó. A medianoche, los bomberos ya habían atendido más de cien casos de emergencia y la Asistencia de la avenida Grau había reportado nueve heridos.

En Collique el mecánico Cabat Ballón Torres murió tras sufrir una descarga eléctrica cuando pretendía cerrar una filtración de agua. Asimismo, en el jirón Puno un bombero cayó desde siete metros por combatir un incendio. Un grupo de personas que quedaron aisladas entre las aguas del río Chillón fue rescatado por helicópteros de la FAP.

Periodistas de El Comercio recorrían la ciudad asombrados por una imagen poco vista en Lima. Empapados por el gran aguacero, nuestros fotógrafos hicieron tomas nocturnas de autos engullidos por las aguas, calles inundadas y personas tratando de protegerse con lo que tenían a mano.

En la periferia los ríos Rímac, Chilca y Chillón se desbordaron y destruyeron las frágiles viviendas levantadas en sus riberas. Gran cantidad de damnificados pasaron la noche a la intemperie.

El By Pass era una piscina

El paso a desnivel entre las avenidas Arequipa y Javier Prado concentró tanta lluvia que se formó una pequeña laguna. Los autos quedaron sumergidos en las aguas que alcanzaron tres metros de altura. Al ver sus motores apagados, los conductores tuvieron que salir nadando para salvar sus vidas. Al llegar la medianoche la precipitación no cesaba y las sirenas se podían escuchar por toda la ciudad.

El viernes 16, la lluvia continuó y de la sorpresa se pasó a la preocupación. Familias enteras habían estado baldeando patios y azoteas en la madrugada, para evitar que el agua penetrase en sus viviendas. En el Callao el agua traspasó el techo del aeropuerto Jorge Chávez e inundó el hall principal, la aduana y el espigón internacional.
 
Transcurrido el fenómeno climático, una resolución suprema aseguró el pago de salarios para quienes no pudieron concurrir a trabajar el día 16 por las lluvias. Asimismo, se emprendieron las labores de apoyo social a los afectados y damnificados.

Dos días de continua lluvia resultaron demasiado para las precarias viviendas en las riberas del río Rímac. Terminado el extraño evento, más de 500 familias tuvieron que buscar refugio en otros lugares. Muchos damnificados se instalaron en tierras de San Juan de Lurigancho, donde fundaron el pueblo joven 15 de Enero, como para nunca olvidar la razón por la que llegaron hasta allí.

FOTOS: Archivo fotográfico El Comercio

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