La informalidad persiste pese al desalojo de Fiori

Sujetos captan pasajeros cerca de terminal formal. Les ofrecen viajar a menor precio. Nadie supervisa lo que se lleva en el equipaje.

Con las maletas preparadas, seis personas esperan en la calle la llegada de un bus para viajar por Semana Santa a Huarmey, en Áncash. (Juan Ponce/El Comercio)
Se cubren del sol bajo un paradero de transporte público en la vía auxiliar de la Panamericana Norte, sin saber a qué hora arribará el vehículo. (Juan Ponce/El Comercio)
La informalidad persiste pese al desalojo de Fiori
La informalidad persiste pese al desalojo de Fiori
La informalidad persiste pese al desalojo de Fiori
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La informalidad persiste pese al desalojo de Fiori

Por: Juan Guillermo Lara

Con las maletas preparadas, seis personas esperan en la calle la llegada de un bus para viajar por Semana Santa a Huarmey, en Áncash. Se cubren del sol bajo un paradero de transporte público en la vía auxiliar de la Panamericana Norte, sin saber a qué hora arribará el vehículo.

Unos veinte minutos después, un ómnibus de Cruz del Norte se estaciona en la calle y todos suben. Unos sujetos meten las maletas en las bodegas del bus, sin revisión ni control alguno. El transporte informal en su esplendor.

En los alrededores de donde se encontraba el terminal de Fiori, así como frente al Gran Terminal Terrestre Plaza Norte, pululan ‘jaladores’ que captan pasajeros. Les ofrecen boletos a las ciudades del norte a menor precio. “Acá el pasaje a Huarmey me cuesta S/30. Allá [en el terminal formal de Plaza Norte] no baja de S/70 u S/80”, dice un viajero.

—Peligro en la vía—
El pasado 24 de enero, y tras un violento enfrentamiento entre policías y transportistas, se demolió el antiguo terminal informal de Fiori. Sin embargo, las empresas de transporte informales se han mudado a garajes cercanos o simplemente operan en la calle.
Los pasajeros que son captados por los ‘jaladores’ compran los boletos en una mesa colocada en la calle, frente al desaparecido terminal. Luego, esperan la llegada de los buses.

Para el ex asesor del Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC) Lino de la Barrera, esta situación representa un riesgo para los pasajeros, pues no hay ninguna autoridad que se encargue de fiscalizar a las personas que suben a los buses.

“Hay una deficiencia en la fiscalización. No hay quien controle lo esencial, como verificar que en las maletas no lleven armas de fuego o que suba una persona en estado etílico”, aseguró De la Barrera.
Lorenzo Orrego Luna, jefe de la Superintendencia de Transporte Terrestre de Personas, Carga y Mercancías (Sutrán), declaró a El Comercio que en Lima se han formado mafias de transporte informal, dedicadas a captar pasajeros alrededor de terminales formales.

“A pesar de que trabajamos en conjunto con la policía y las municipalidades, es difícil detener a estas mafias. Cada vez que hacemos una intervención, estos sujetos, que operan en las calles, se mudan a otras zonas”, precisó.

Según Orrego, las empresas que recogen pasajeros fuera de terminales autorizados pueden recibir sanciones que van desde la suspensión hasta el retiro de la autorización para prestar servicio de transporte.
Reconoció que no cuentan con recursos suficientes para combatir el transporte informal. “Hemos solicitado al Congreso la aprobación de un fondo especial para instaurar la fiscalización electrónica en los alrededores de los terminales”, indicó.

El superintendente pidió a la población que evite tomar buses interprovinciales en la calle. “La gente está acostumbrada a estirar la mano y subir sin respetar los paraderos”, dijo.

—Tres terminales—
Luis Quispe Candia, presidente de la ONG Luz Ámbar, resaltó la necesidad de que Lima cuente con tres grandes terminales terrestres en el norte, sur y este de la ciudad, para organizar la llegada y salida de buses.

“Es absurdo que cada empresa tenga un terminal”, comentó.

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