"A todos los chicos de los que me enamoré": nuestra crítica a la cinta

Nuevos avatares del crecimiento adolescente en la atractiva película juvenil de Netflix

"A todos los chicos de los que me enamoré" (Foto: Netflix)
"A todos los chicos de los que me enamoré" (Foto: Netflix)
"A todos los chicos de los que me enamoré" - Netflix
"A todos los chicos de los que me enamoré" - Netflix
"A todos los chicos de los que me enamoré" - Netflix
"A todos los chicos de los que me enamoré" - Netflix

Por: José Tsang

Como pocos, el director John Hughes le otorgó dignidad, emociones y magia a la imprevisible y compleja adolescencia. Cualquier producción de EE.UU. que busque darle nobleza al drama, romance o roche púber es consciente de su influencia. Es el caso de "A todos los chicos de los que me enamoré", la película de Netflix.

John Hughes partía de anécdotas cotidianas –tirarse la pera o ir al colegio el fin de semana por castigo– para filmar sorpresas y maravillas. En cambio, "A todos los chicos…" está más anclada en la fórmula: el esquema de chica-busca-chico suele exigir un final feliz. Es lo que la mayoría del público espera. Y uno vuelve a la fórmula feliz. Siempre ayudan la empatía y la falta de pretensiones. ¿Quién no ha deseado volverse invisible en ese territorio salvaje que es la escuela? ¿Quién no quiere que triunfe el amor?

Pero "A todos los chicos…" también se atreve a criticar a Hughes. En una escena, mientras los protagonistas están viendo en la televisión "Dieciséis velas", la primera película del director estadounidense, uno de ellos pregunta si no es racista la manera como este filme presenta a un personaje asiático. Entonces Lara Jean (Lana Condor), la protagonista con ascendencia coreana de "A todos los chicos…", responde: "Es completamente racista". "A todos los chicos…", basada en la novela de la escritora estadounidense-coreana Jenny Han, dialoga con el presente. Se supone que las nuevas generaciones son más inclusivas y desprejuiciadas.

El estilo audiovisual de "A todos los chicos…" establece otra conversación con los tiempos actuales. En el filme no faltan los chats, los emoticones o las videollamadas. También se emplea el recurridísimo recurso de la voz en off, con la que se explican los pensamientos que la protagonista no se atreve a confesar. Además, el ritmo del relato es indesmayable, como para evitar que el espectador se distraiga y prefiera revisar su celular.

Y si la fórmula se siente demasiado por ratos, tal sensación queda en un segundo plano gracias al desempeño del elenco. Entre los actores, destaca especialmente la vietnamita-estadounidense Lana Condor. Las dudas de esa joven que adolece generan empatía. Su carisma y energía conectan.

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