¿Nada que hacer, míster Kuczynski?, por Pedro Tenorio

“Se viene instalando la idea de que este presidente es prescindible”.

Al ser consultado respecto a la postura del Gobierno ante decisión que la Corte IDH tome sobre el indulto humanitario, Pedro Pablo Kuczynski aseveró que “eso se verá en su fecha”. (Foto: Reuters / Vídeo: Canal N)

Por: Pedro Tenorio

¿Puede aún el presidente Pedro Pablo Kuczynski salvar su presidencia? PPK ha llegado este mes a su punto más bajo de aprobación como mandatario (tres de cada cuatro peruanos desaprueba su desempeño y solo 19% lo respalda, según la encuesta nacional de Ipsos publicada el último domingo). Por ello y la fragilidad política que lo caracteriza, aumentan las versiones acerca de su ‘inminente’ vacancia. En tanto, crece la expectativa por lo que a fin de mes declare Jorge Barata, el ex número uno de Odebrecht en el Perú, y la Comisión Lava Jato redobla sus sospechas de corrupción sobre él desde el Congreso.  

Así, toca preguntarse si definitivamente la presidencia de Kuczynski está liquidada y si es solo cuestión de meses su salida del cargo –por ejemplo, a partir de marzo, cuando el Parlamento reanude sus plenos y se discuta y ponga al voto alguna de las mociones en su contra–, o si es que todavía puede actuar de forma tal que consiga mantenerse en Palacio.  

La apuesta es difícil: como hemos analizado anteriormente en esta columna, se viene instalando la idea de que este presidente es prescindible, y que incluso sería mejor que su primer vicepresidente, Martín Vizcarra, lo reemplace para recuperar cierta paz política y superar la crisis. ¿Tiene PPK con qué revertir esta situación? 

Tiene, por supuesto, pero para lograrlo tendría que ser otro Kuczynski, distinto al que ha sido hasta hoy: errático, impreciso, gaseoso, frívolo. La base para ello está en el liderazgo: ¿dónde está el presidente, qué hace, a quiénes beneficia en su día a día? ¿Recorre el país, impulsa obras y servicios ahí donde los peruanos de menores recursos más los necesitan? ¿Qué está haciendo para acelerar la reconstrucción del norte, además de spots publicitarios? A Kuczynski no lo ven recorriendo el país, menos sudando la camiseta como para que la población exija a sus opositores que “lo dejen trabajar”. La sensación de un PPK corrupto no crece tanto como la que apunta a un mandatario prescindible: que sin él en Palacio de Gobierno no pasa nada. 

La política requiere de gestos poderosos, y nada de eso ha entendido hasta hoy Kuczynski. Y menos sus ministros –salvo una o dos excepciones–, a quienes voceros de su propio partido como Juan Sheput y Gilbert Violeta exigen públicamente una mayor respuesta política, lo que revela la escasa comunicación interna con el Ejecutivo. Hoy Kuczynski es el principal obstáculo para que Kuczynski logre sobrevivir a esta crisis. Entenderlo es el único punto de partida posible. Y tiempo es de lo que menos dispone para revertir una tendencia que, de seguir así, terminará sacándolo de la presidencia.

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