Por Carlos Batalla

Ese mismo día de su arribo al nuevo aeropuerto internacional Lima-Callao (aún no se llamaba ‘Jorge Chávez’), aquel viernes 17 de abril de 1964, se inauguraba en el Perú el ‘Campeonato Mundial de Básquet Femenino’; pero la figura esmirriada y ágil de Agustín Lara hizo olvidar a todos ese evento mundial en nuestro país. Lara era el único universo que el público peruano necesitaba conocer. Así lo hizo sentir en cada palabra, pose y declaración provocadora que dio en el Gran Hotel Bolívar, donde se había hospedado con toda su comitiva, que incluía a su jovencísima esposa Rocío Durán.

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