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Hace 15 años se desintegró el transbordador Columbia

Volvía de una misión científica cuando ardió en llamas y explotó en el cielo de Texas. Ese fue el destino del transbordador Columbia y su tripulación, el 1 de febrero del 2003.

Columbia

(Foto: Agencia)

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El 16 de enero del 2003, dos semanas antes de la tragedia, el despegue del transbordador Columbia fue una de las noticias más importantes del mundo. Los medios informaron que la NASA había tomaba todas las medidas de seguridad del caso, especialmente porque se llevaría al primer astronauta israelí, coronel de la Fuerza Aérea Ilan Ramon. Lo acompañaron seis estadounidenses, entre ellos dos mujeres, una nacida en la India.

Desde el Centro Espacial Kennedy, en Cabo Cañaveral (Florida), las autoridades de la NASA tranquilizaban a los periodistas y aseguraban que el Columbia estaba bien calibrado. No había pasado ni año y medio de los atentados del 11S, que destruyeron las simbólicas Torres Gemelas en Nueva York, por ello la seguridad era máxima ante posibles atentados terroristas.

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Abundaban cerca del centro espacial guardias con fusiles, patrullas aéreas de cazas F-15, helicópteros de ataque Black Hawk y se desplazaron baterías de misiles tierra-aire Avenger. Poco antes de las 11 de la mañana de ese jueves 16, el “avión” espacial enrumbó al espacio.

La investigación posterior determinó que, a poco de lanzarse el transbordador, los técnicos de la NASA que vieron las imágenes del despegue, percibieron que una pieza de espuma de casi dos kilos se había desprendido del tanque de combustible y había impactado en el ala izquierda del Columbia. Pero no le dieron mucha importancia porque, dijeron, era habitual en los lanzamientos de los trasbordadores que ocurriera eso y no había traído problemas graves en los casos anteriores.

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Días para la investigación científica

El Columbia estuvo en el espacio durante 16 días y sus fines eran científicos. Hacía tres años, al menos, que un viaje así no se dedicaba a la investigación. Los siete astronautas estaban enfocados en estudiar fenómenos espaciales, geológicos y biológicos. Tenían una idea clave: experimentar con la gravedad y sus efectos.

La variedad de pruebas que debían ejecutar requirió de una división de la tripulación en dos grupos, los que trabajaron 12 horas continuas, las 24 horas del día. Intensos fueron esos 16 días. El Columbia orbitaría la Tierra. Esa vez no se dirigiría a la Estación Espacial Internacional.

Habían pasado 113 misiones de los transbordadores y para el Columbia fue la misión número 28. Era un transbordador de 22 años, el más antiguo de la NASA de entonces (su primer vuelo fue en abril de 1981). Sin embargo, la armadura de la nave, como se dijo, solo tenía 28 misiones, muy poco si se considera que un transbordador puede soportar en promedio hasta 100 misiones.

¿Qué ocurrió entonces? Lo que pasó trágicamente empezó en el despegue. Eso se supo tras siete meses de investigación.

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Su regreso fue una partida fatal

El regreso a la Tierra, como estaba programado, debía hacerse el sábado 1 de febrero del 2003. Así se hizo. Y el Columbia, como tituló “El Comercio” el domingo 2: “Se hizo pedazos en el aire”. Lo único que presenció el mundo fue un transbordador que se convertía en una antorcha gigante de fuego que se desintegraba conforme entraba en la atmósfera terrestre. Sus restos cayeron a lo largo de 200 km.

En esas primeras horas se establecieron dos hipótesis: en la primera, la nave podría haber penetrado en la atmósfera en un ángulo no adecuado, provocando un sobrecalentamiento. Esta versión sería descartada con el paso de los días. La segunda hipótesis cobraría fuerza en los días siguientes: el problema habría empezado en el despegue del 16 de enero; en ese momento, se dañó el sistema de protección térmica (¿cómo?, eso se sabría días después), debilitando de esta manera las defensas de la nave ante la fricción que genera el ingreso a la atmósfera.

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Era una mañana de invierno en el norte de América, pero en el cielo de Texas había luz clara. A las 8.15 am., se encendieron los cohetes del Columbia para iniciar el retorno. Media hora después, a las 8.44 a.m., empezó el ingreso a la atmósfera. A las 8.59 am., el transbordador estaba a 61 km. de altura, y ya se había detectado errores de lectura en los sensores. Un minuto después, cuando estaba en plena maniobra de viraje, hubo una última “comunicación” radial, en realidad, ruidos. Luego vino un silencio, perdiéndose totalmente el contacto.

Tras verse una luz anaranjada que se desprendía de la nave y hasta restos incandescentes, el calor de la fricción terminó destruyendo la parte izquierda del transbordador. Adentro ya un infierno. Al tiempo que la nave se incendiaba, se desprendió la parte de la nave de la tripulación, pero no pasó sino unos segundos para que esta empezara a desintegrarse. El Columbia estaba a 16 minutos de terminar su misión espacial.

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A la pregunta, “¡cómo pasó esto!”, la respuesta se halló en el lanzamiento. En base a unas pruebas posteriores que se hicieron con una gigantesca pistola de gas que disparó a enorme velocidad pedazos de material aislante contra los fragmentos del Columbia que fueron recobrados del lugar donde cayó la nave, se pudo comprobar que estos daños eran los mismos que causaron la tragedia de la nave espacial. Es decir, tras el despegue, un trozo de aislante se desprendió del tanque de combustible e impactó el ala izquierda.

De aquellas pruebas se dedujo razonablemente que en la fricción del retorno se desprendieron algunas de las 11 mil plaquetas cerámicas que servían como aislantes térmicos, lo cual evitaba la elevación de la temperatura en el proceso de ingreso a la atmósfera.

Las imágenes en video del instante del despegue mostraron que una parte del material aislante, situado entre el reservorio central y la nave, parecía desprenderse. La velocidad de ingreso a la atmósfera llegó a 19.691 km/h. (18 veces la velocidad del sonido). Los texanos de Dallas-Fort Worth y otras zonas al este del estado fueron testigos de la caída de los restos incandescentes del Columbia.

Post tragedia

En los días siguientes del accidente, las autoridades recuperaron no solo unos 12 mil trozos y piezas del transbordador sino también algunos restos humanos. Sin embargo, nunca se pudo identificar o precisar de cuántos tripulantes eran esos restos y menos a quiénes les correspondía. Eran solo los restos de la tripulación del transbordador Columbia.

En agosto del 2003, el informe final de la comisión investigadora determinó que la tragedia del Columbia fue consecuencia de una falla durante el despegue, pero las razones profundas fueron atribuibles a problemas de organización de la propia NASA.

Cuando ocurrió la anterior tragedia espacial, la del transbordador Challenger, el 28 de enero de 1986, se suspendieron los vuelos de estas naves hasta 1988. En el caso del Columbia, las autoridades de la NASA suspendieron las misiones hasta julio del 2005, en que, tímidamente, el transbordador Discovery volvió al servicio en una última etapa, y a pesar de que se tomaron supuestamente todas las medidas de seguridad, ocurrió lo increíble: otra vez, durante el despegue, se desprendió un trozo de la espuma aislante del tanque externo. Esta vez estaban advertidos.

Los transbordadores viajaron al espacio hasta julio del 2011, cuando el Atlantis regresó a la Tierra, concluyendo así un periodo de trabajo de 30 años de estas grandes naves espaciales. Después, tras la jubilación, estos monstruos del espacio se convirtieron en piezas de museo.

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