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El centenario de Pedro Infante: su visita a Lima poco antes de morir

El actor y cantante Pedro Infante Cruz nació el 18 de noviembre de 1917. Fue hace exactamente 100 años. Celebramos su centenario con un recuerdo: su llegada a Lima tres meses antes de su fatídica muerte.

Pedro Infante

(Foto: Archivo Histórico El Comercio)

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archivo el comercio

El mexicano Pedro Infante (Mazatlán, Sinaloa) había actuado y cantado en numerosas películas, todas exitosas, pero su consagración internacional le llegó, sin duda, con el filme “Tizoc” (1956), cuando el artista no llegaba a los 40 años y se unió a otro icono del cine azteca: María Félix. La gloria había tocado su puerta. En esas condiciones, inició en 1957 una gira por Sudamérica. Antes se había presentado en Venezuela y luego en Ecuador, desde donde vino al Perú.

Aterrizaje en Lima

A las 7 y 30 de la mañana del martes 8 de enero de 1957, Infante, de 1.77 m. de estatura y 71 kg. de peso, llegó al viejo aeropuerto de Corpac donde lo recibió José Cavero, de Radio Victoria, y el representante y periodista Enrique Yori. Aterrizaron con él los diez miembros de su mariachi “Perla de Occidente”.

La gente en Corpac -señoras con niños, muchachas y adultos entusiastas- lo pudo ver levantar los brazos desde las escalinatas, con una camisa manga corta, casaca al hombro y lentes oscuros que, sin embargo, no ocultaron su alegría de pisar nuestra tierra. Se fue directo para tomar desayuno en el hotel Bolívar, en el centro de Lima. Sería su primera y última visita.

El mexicano era una figura muy popular del cine y la radio en Latinoamérica, y en el Perú sus presentaciones generaron mucha expectativa entre el público. Pedro Infante dio una conferencia para los cronistas y reporteros de la época. A las 7 de la noche, en el propio hotel Bolívar, hablaría con cada uno de ellos. Infante tenía un gran manejo de la prensa. Sabía cómo tratarla.

Pedro Infante

(Foto: Archivo Histórico El Comercio)

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La primera performance de Pedro Infante sucedió en el teatro City Hall para Radio Victoria, y luego deslumbró en el teatro Porvenir, donde estuvo siempre con su inseparable mariachi. Sendos avisos publicitarios en El Comercio hacen recordar aquellas inolvidables presentaciones. Lima vivió una eclosión de entusiasmo con el divo mexicano bajo su cielo veraniego. Pedro Infante lucía en su mejor momento.

Palabras de un divo

En el hotel, frente a la plaza San Martín, declaró a todos sobre su origen sencillo y pobre. Ya era casi un joven veinteañero, pero no sabía leer ni escribir. “Todo fue y sigue siendo un sueño”, confesó, y añadió: “Me entregué con cuerpo y alma al cine”. Según el propio Infante ya había realizado de 1939 a 1957 unas 56 películas, y grabado desde 1943 más de 300 canciones.

Estaba lleno de planes, contaba que a su regreso tenía que filmar con el actor norteamericano John Derek (1926-1998) y, más adelante, estaba en sus planes una coproducción franco-mexicana con la actriz francesa Martine Carol (1920-1967).

Pedro Infante

(Foto: Archivo Histórico El Comercio)

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“Tengo una oferta para trabajar con Marlon Brando. El americano tendrá que ir a mi tierra para trabajar juntos”, revelaba con naturalidad sus vínculos con los grandes. Era inevitable preguntarle por Jorge Negrete, fallecido en 1953. “Jorge fue un gran artista y un gran amigo mío. Fuimos amigos leales y nunca buscamos la publicidad en ese sentido”, aseguró.

Volar lo atraía tanto que se convirtió en dueño de una empresa de aviación comercial. Tenía 12 aeronaves. Pedro recordó su accidente aéreo de 1951, cuya consecuencia en su cuerpo fue una placa de platino de 2.8 pulgadas en el cráneo y un injerto en el pelo. “Irma, mi esposa, reza fervorosamente cada vez que salgo en mi bimotor”, dijo, sin poder intuir que solo tres meses después su segundo accidente aéreo sería fatal.

“Soy del pueblo y vivo para el pueblo, espero no defraudar la expectativa que ha despertado mi presentación”, así terminó la conferencia de quien aseguraba que aún no había filmado su mejor actuación en el cine.

Pedro Infante

(Foto: Archivo Histórico El Comercio)

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En la intimidad con El Comercio

Al día siguiente, el miércoles 9 empezó un festival de cine en varias salas limeñas, en las que se proyectaron sus más recordadas cintas, como “Amorcito de mi vida” (1943) con Sarita Montiel, en el cine Conde de Lemos; “Los gavilanes” (1956) con Lilia Prado, en las salas Fantasía y Beverly; y “Ahora soy rico” (1952) con Marga López, en el cine 28 de Julio.

En medio de ese festín cinéfilo, Infante recibió a El Comercio en una entrevista exclusiva. En su departamento del hotel Bolívar, el actor trataba de levantar una pesa de 150 kg., cuando el reportero del decano ingresó pidiendo permiso.

Pedro Infante

(Foto: Archivo Histórico El Comercio)

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“Pregunte nomás”, dijo secándose con una toalla que Madrid, su fiel asistente, le entregó apurado. ¿Pensaste siempre ser actor?, le interrogaron. “Jamás, ni de lejos. Me vino de repente y me agarró de repente”. Pedro era un carpintero que trabajaba en una emisora radial, y que de vez en cuando cantaba. Fue así que lo escuchó el productor mexicano Eduardo Quevedo, “quien me llevó al cine y allí me quedé”, dijo Infante.

El cantante tenía un sueño. Pese a tenerlo todo, en apariencia, deseaba una cosa con mucho entusiasmo: poder dirigir una película. Sentía que cada vez estaba mejor preparado para eso. “Soy de los que observan con atención las cámaras, los decorados y las máquinas en general”, confesó el artista, quien permaneció en Lima hasta el martes 15 de enero, siempre con teatro lleno, ovacionado, amado y amparado por un público fiel, el mismo que lo lloraría ese fatídico 15 de abril de 1957, en que el avión que copilotaba cayó en una zona urbana de Mérida, en Yucatán.

Pedro Infante recibió de manera póstuma un Oso de Plata en Berlín y un Globo de Oro de Hollywood. Pero sus películas y canciones, a cien años de su nacimiento, siguen cautivando a ese público que no lo olvida en México ni en el resto del mundo.

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