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Edith Noeding, la atleta que trajo el oro panamericano al Perú

Edith Noeding

Antes de ganar la medalla de oro en los 100 m con vallas de los Juegos Panamericanos de México 1975, Edith Noeding participó en el pentatlón de ese evento. (Foto: Jorge Chávez/ Archivo Histórico El Comercio)

El domingo 12 de octubre de 1975 se inauguraron los VII Juegos Panamericanos en la Ciudad de México, con 33 delegaciones nacionales. La peruana, formada solo por 20 deportistas, estuvo encabezada por el joven nadador Ernesto Domenack. La delegación nacional desfiló sin los acostumbrados ponchos, que los atletas peruanos habían lucido en los juegos anteriores en Cali 1971 y en las Olimpiadas de 1968 también en México. El periodismo internacional resaltó esa falta de la curiosa vestimenta.

Varios deportistas peruanos no desfilaron por tener que participar al día siguiente o estar con pequeñas molestias físicas; pero sí lo hizo Edith Noeding, con una decisión y alegría que se reflejaban en su rostro. Las competencias panamericanas se abrieron, como era tradicional, con las pruebas clasificatorias de atletismo. Edith estaba preparada para lo que viniera durante esa semana, la cual le depararía grandes emociones y una medalla de oro.

La historia de Edith

Desde la niña que empezaba a entrenar y también a jugar en los parques y calles de Miraflores y San Isidro en los años 60, hasta la mujer atleta de 20 años que hizo historia en 1975 en los Juegos Panamericanos de México, Edith Noeding siempre parecía estar convencida de ser capaz de todo.

Su nombre completo es Edith Renate Anita Noeding Koltermann, más recordada y admirada por el Perú como Edith Noeding (Lima, 1954), la “Gacela de oro” que dejó a todos anonadados en México 75, tras su victoria indiscutible en la carrera final de los 100 metros con vallas, el domingo 19 de octubre de 1975.

Luego de la inauguración, las distintas especialidades iban debutando de a pocos, pero con el atletismo arrancó todo. Edith no dejaba de pensar en su debut, que sería el miércoles 15 de octubre, el mismo día de la primera final de la Copa América en Bogotá, entre Colombia y Perú (donde venció el local 1 a 0). Ese mismo día fue el estreno de la selección peruana de vóley, en ese entonces subcampeona panamericana, ante su similar de Canadá.

Edith Noeding

Edith Noeding leyendo recortes de El Comercio sobre su próxima participación en los Juegos. Al frente aparece su entrenador Karl Ruhn. (Foto: Jorge Chávez/ Archivo Histórico El Comercio)

La “Gacela de oro” empezó ese 15 de octubre con la primera prueba del pentatlón, una competición durísima de cinco pruebas en total. La primera jornada intervino en 100 m con vallas, lanzamiento de bala y salto alto. Al día siguiente, 16 de octubre, realizó las pruebas de salto largo y cerró con los 200 metros planos. En esa competición, que ubicaba a las mejores atletas del continente, mandaban históricamente las estadounidenses y canadienses. De esta forma, Edith buscaba, en principio, el bronce, el tercer lugar como mínimo.

En las pruebas del pentatlón, Edith Noeding marcó en su especialidad de 100 m con vallas un nuevo récord sudamericano con 13.6 segundos (el anterior era 13.7). Tomó la punta del pentatlón por el momento, pero tuvo una modesta intervención en salto alto y una mala performance en lanzamiento de bala. En esta última solo llegó a los 10.12 m, inferior en casi dos metros a las marcas que había establecido en sus prácticas, donde hizo 12 m. El motivo se supo horas después: fue una lesión leve en la muñeca derecha que contrajo en el último entrenamiento. Ese día acabó en el sexto lugar del pentatlón. Se sentía derrotada.

Edith Noeding

En el segundo día de pentatlón Edith Noeding mejoró su participación en salto largo, siendo tercera con 6.10 m, superando su anterior marca de 6.02 m (Foto: Jorge Chávez/ Archivo Histórico El Comercio)

El ascenso anímico y deportivo

El 16 de octubre, durante el segundo día del pentatlón, Edith sentía incluso que la brasileña Geremias de Conceicao le podía quitar su título de mejor atleta latinoamericana. Con esa motivación fue concentrándose y mejorando su participación en salto largo, siendo tercera con 6.10 m, superando su anterior marca de 6.02 m; asimismo, en la prueba de 200 m planos logró una victoria con 24.1 segundos, consiguiendo con ello un nuevo récord nacional. Así, si bien no obtuvo el tercer puesto en el pentatlón, sí le aseguró el cuarto lugar y la mejor ubicación como la atleta más completa de Latinoamérica. La brasileña Geremias de Conceicao quedó relegada al quinto lugar. Edith ya estaba enfocada en mejorar y tentar el podio.

La atleta peruana ya estaba mentalmente fuerte. Había ganado, sin atenuantes, a todas las participantes en dos de las cinco pruebas del pentatlón: 100 m con vallas y 200 m planos. Además, había batido el récord sudamericano de la prueba de 100 m con vallas; y los récords nacionales de salto largo y también de los 200 m planos. Edith había mejorado sus marcas de las Olimpiadas de Munich.

La gran carrera de 100 m con vallas

Luego del sueño irrealizable de ganar el pentatlón, llegaron los momentos decisivos de las prueba para los 100 m con obstáculos, en que Edith Noeding, de 20 años, haría historia en el Perú. Y es que no era una de las favoritas, por más que hizo un buen tiempo en esa prueba dentro del pentatlón. Las especialistas eran las estadounidenses y canadienses, y hasta las cubanas y jamaiquinas, cuyos tiempos eran algo mejores que el de la peruana.

Edith Noeding

Con el número 527 en el pecho y sus ligeros 55 kilos para una mujer de 1.72 m, la “Gacela de oro” salió disparada hacia el triunfo. (Foto: Jorge Chávez/ Archivo Histórico El Comercio)

El entrenador alemán del equipo peruano, Karl Rauh, era optimista. Creía en que Edith Noeding daría la sorpresa, que clasificaría a la final y que, con suerte, las series la beneficiarían. El sábado 18 de octubre de 1975 corrió en las clasificatorias para la final. Lo hizo con éxito, batiendo el récord sudamericano con 13.59 segundos. Su tiempo en la segunda serie fue el mejor tiempo de las tres series, pues en la primera, la norteamericana Debra La Plante ganó con 13.7, y en la tercera, la cubana Marlene Elejalde logró el primer lugar con 13.9. Pero la norteamericana La Plante y la canadiense Bradley habían hecho un mejor tiempo antes. Se esperaba una dura lucha con la peruana en la final de esa prueba al día siguiente.

Llegó la tarde del domingo 19 de octubre de 1975, en el Estadio Olímpico de México. Minutos antes de esa carrera final de los 100 m con vallas, los ojos claros de Edith brillaban y dejaban traslucir su ansiedad. Una compañera de pista, la brasileña María Betioli, le dijo algo que le ayudó a recuperarse de una inesperada sensación de pesadez en las piernas: “Tranquila Edith, tienes el mejor tiempo”, le dijo, a mitad de la caminata rumbo a la partida. La peruana había clasificado a la final con 13.59 segundos y, en efecto, era el mejor tiempo de ese grupo finalista.

Con el número 527 en el pecho y sus ligeros 55 kilos para una mujer de 1.72 m, la “Gacela de oro” salió disparada como una saeta superando cada una de las 10 vallas en su corto camino de 100 metros, con una velocidad inalcanzable para sus competidoras. La que más cerca estuvo de alcanzarla fue la atleta norteamericana Debra La Plante. Pero Edith Noeding voló y llegó en 13.56 segundos, estableciendo, de un día para otro, un nuevo récord sudamericano. Aun hoy es la mejor marca nacional en esa especialidad.

Edith Noeding

La “Gacela de oro” cantando el himno nacional interpretado por la Banda del Ejército Mexicano. (Foto: Jorge Chávez/ Archivo Histórico El Comercio)

Desde el carril número uno sus pasos y saltos en cada valla fueron sencillamente sensacionales. Hubo una salida falsa, la de la norteamericana Patrice Donnely, pero en la segunda salida buena la peruana tomó la punta que mantuvo con solvencia hasta los primeros 70 metros, pero en esos últimos 30 m La Plante se acercó peligrosamente. Sin embargo, nuestras campeona mantuvo el paso fuerte y veloz y nadie ya pudo alcanzarla. Su “rush” final fue impresionante. El oro era suyo. Dejó como segunda a La Plante, que hizo 13.68 segundos; y en el tercer lugar, a la cubana Marlene Elejalde con un tiempo de 13.80. Lo único que no pudo superar Edith fue la marca panamericana de la norteamericana Patty Johnson en Cali 71, donde esta hizo 13.4 segundos.

La voz de una campeona

Una foto hermosa nos deja apreciar a la “Gacela de oro” cantando el himno nacional interpretado por la Banda del Ejército Mexicano. Edith estaba en la cima del podio y miraba con orgullo cómo flameaba la bandera peruana. Segundos antes había recibido la medalla de manos del coronel Hernán Alzamora, jefe del equipo nacional, quien estaba tan o más emocionado que ella. Luego, se la observó con una sonrisa total cuando caminaba hacia la sala de conferencias para reunirse con los reporteros de todo el mundo.

Ante los reporteros declaró: “Desde que salté la primera valla pensé que podía ganar, ya que lo hice justo para mantener mi ritmo e ir aumentando mi velocidad”. Al regresar al Perú, recibió por tercer año consecutivo la consideración de la “Deportista del Año 1975” y también, por supuesto, los Laureles Deportivos. Su nombre figura desde entonces en el frontis del Estadio Nacional.

Edith Noeding

La prensa mundial rodeó a Edith Noeding para entrevistarla por su triunfo. (Foto: Jorge Chávez/ Archivo Histórico El Comercio)

Los Juegos Panamericanos de México 1975 serían inolvidables para el deporte peruano, pero especialmente para el atletismo nacional, y es que debieron pasar 24 años para que una atleta peruana obtuviera de nuevo una medalla de oro: en 1951, Julia Sánchez ganó la prueba final de 100 m planos; pero también en esos mismos Juegos Panamericanos de Buenos Aires, Edwin Vásquez, en tiro, logró la misma hazaña.

La de Edith Noeding fue, entonces, la tercera medalla de oro del deporte peruano en los Juegos Panamericanos que, desde mañana viernes 26 de julio, empezarán oficialmente en nuestra querida ciudad de Lima.

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