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El gran partido del siglo XX

El 17 de junio de 1970, se jugó una épica semifinal entre Italia y Alemania, conocida entre los aficionados al fútbol como el partido del siglo.

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(Foto: Archivo El Comercio)

“Un partido con mucho de suspenso, de angustia, de matices variados, de rapidez por momento vertiginosa, de fuerza y habilidad en una mezcla que pudo servir de base a una película de Hitchcock”, escribió el columnista Luis Garro, uno de los enviados especiales de El Comercio.

Es verdad, Hitchcock no habría tenido que preocuparse por el guion, le hubiera bastado con observar esos 120 minutos protagonizados por alemanes e italianos en el Estadio Azteca, hace casi 48 años.

“En un partido de final dramático, como no había sucedido en otros mundiales, Italia se impuso esta tarde a Alemania Occidental por 4 goles a 3, ganando así el derecho de disputar con Brasil la posesión definitiva del trofeo Jules Rimet. Cinco de los goles fueron marcados en el tiempo extra, pues los 90 minutos reglamentarios terminaron a un gol por lado”, escribió nuestro redactor mundialista Koko Cárdenas Burga.

La codiciada Jules Rimet fue la copa que se empezó a disputar en el primer mundial de 1930, en Uruguay. La selección que obtuviera el título por tres veces tendría el derecho de poseerla para siempre. Brasil había campeonado en 1958 y 1962, y los italianos habían obtenido los títulos mundiales de 1934 y 1938.

Primer acto

A las 4 de la tarde, hora local, ante 102 mil espectadores, el once italiano puso en juego la pelota telstar. Tras varios toques, los “azzurri” se lanzaron sobre el arco rival, pero un teutón interceptó y cedió a su arquero, el prodigioso Josef Dieter Maier. Estaba claro, Italia no iba a especular.

Bastaron 7 minutos para ver el primer tanto de la “squadra azzurra”. Su autor fue Roberto Boninsegna –estrella del Inter-, quien finiquitó una jugada de pared con una descarga de izquierda sobre el brazo derecho de Maier. Los “tifosi” estallaron en las tribunas.

La ruta hacia el título de los italianos empezó en el grupo 2, donde vencieron a Suecia por 1 a 0 y empataron sin goles con uruguayos e israelíes. Sumando 4 puntos Italia pasó a cuartos de final -antes el triunfo daba solo dos puntos y el empate uno-. Y tras apabullar a México 4 a 1 aterrizó en semifinales.

“Los italianos tratan de conservar la pelota para quebrar el ritmo alemán. Vogts está pegado a Riva como una estampilla. Al minuto 18, un centro de Grabowski crea peligro ante la valla de Albertosi cuando el ariete Muller baja la pelota para Seeler, pero Rosato consigue entregar al portero italiano”, dice la nota.

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(Foto: Archivo El Comercio)

Los teutones derrotaron a Marruecos 2 a 1, aplastaron 5 a 2 a los búlgaros y finalmente ganaron a la selección peruana por 3 a 1. En cuartos de final superaron a los ingleses por 3 a 2. Así alcanzaron la semifinal.

Alemania adelantó sus líneas para apresurar la igualdad, pero Uwe Seeler y Gerd Muller no estuvieron muy acertados. “Seeler es zancallideado (sic) cerca de la zona de peligro. El tiro libre alemán sale alto a los 40 minutos”, consigna El Comercio. Fueron los azules quienes terminaron dominando a los blancos, asustándolos con un tiro libre de Riva y otro indirecto que rebotó en la barrera.

Cuando el réferi peruano Arturo Yamasaki pitó el final de la primera fase, los asistentes al estadio aplaudieron emocionados por el buen fútbol y la persistente disputa del balón. Ni imaginaban lo que vendría después.

Segundo acto

“Italia inicia el segundo tiempo atacando con Gianni Rivera en el puesto de Sandro Mazzola. Pero Alemania responde, y Seeler falla una buena ocasión disparando a las manos de Albertosi. A los 50 minutos, un centro de Domenghini lo conecta Rivera de cabeza y Maier ataja de milagro. Al segundo siguiente es Seeler quien dispara de media vuelta rozando el larguero. Los choques son duros. Cada pelota es un forcejeo”, detalla El Comercio.

El trío arbitral fue sudamericano, y estuvo al mando del juez peruano Arturo Yamasaki, quien había participado en las copas del Mundo de Chile 1962 e Inglaterra 1966. Lo acompañaron Rafael Hormazábal de Chile y Guillermo Velásquez de Colombia.

“El chino” Yamasaki declaró alguna vez sobre “el partido del siglo”: “para mí fue un partido de un siglo”. El peruano, radicado en México, dio la talla y manejó con seguridad y autoridad las dos horas de fútbol. Don Arturo, que falleció el 23 de julio de 2013, será recordado por ser un extraordinario réferi, un respetado instructor, pero sobre todo por haber dirigido este legendario choque.

Alemania presiona, para luego sitiar a los italianos y en última instancia acosarlos como un vendaval…de fútbol y desesperación. Al minuto 84 Albertosi evitó el empate. Fue un verdadero milagro. El goalkeeper despejó una pelota que impactó en Grabowski, a pocos metros del arco de los ítalos. El balón, caprichoso, rodó paralelo a la línea, mientras Muller y Albertosi se abalanzaban sobre él, siendo este último quien consiguió desviarla.

Hay gritos entre defensas y atacantes, recriminaciones y protestas. Es la tensión de los últimos minutos, que se hacen efímeros para los germanos, y eternos para los “azzurri”.

Los italianos salieron al campo con Albertosi bajo los tres maderos; en la defensa Burgnich, Facchetti, Cera y Rosato; en el medio campo Bertini, Mazzola, Domenghini y De Sisti; y en la delantera Boninsegna y Riva. Todos dirigidos por Ferruccio Valcareggi.

“El empeño alemán es tan admirable como la decisión de los italianos en su desesperada resistencia. Los germanos centran desde todas las posiciones y los italianos devuelven como pueden. Los choques son durísimos”, dice el Decano.

En la portería Maier; en la zaga Vogts, Patzke, Schulz y Schnellinger, al medio Beckenbauer, Overath, Grabowski y Seeler; y en la ofensiva Muller y Lohr; ese fue el once germano que empezó el juego bajo las órdenes de Helmut Schon.

Segundos antes que el cronómetro de Yamasaki indicara que todo estaba consumado, una bola cae como un último aliento sobre el área italiana. Schnellinger se lanza, patea sobre el arco y empata en medio de la emoción incontenible de los teutones. “Inmediatamente termina el tiempo reglamentario y los jugadores permanecen en el campo para disputar la prórroga”, indica la nota.

Lo que vino después fueron unos fantásticos 30 minutos suplementarios. Si algo mandó al tacho el “gol de oro” -polémico invento que cercenaba el tiempo extra al momento de una anotación- fue esta media hora de goles, suspenso y dramatismo.

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(Foto: Archivo El Comercio)

Tiempo extra

Yamasaki ordena el inicio del suplementario. El “káiser” Franz Beckenbauer -con el brazo derecho sostenido por un cabestrillo por una lesión en el segundo tiempo-, ha decidido continuar.

Rueda el esférico y a los 4 minutos hay una evidente falta de comunicación entre los italianos. El bombardero Gerd Muller la percibe y hace de las suyas. Todo empieza con un corner inofensivo. El balón sale pasado, pero es cabeceado por Seeler desde el vértice del área hacia el centro.

Allí interviene el defensor Fabrizio Poletti, quien cubre con su cuerpo la pelota, pero no se percata que detrás de él llegaba un fantasma: Muller le “roba” el balón y lo empuja hacia el arco de Albertosi. La redonda cruza la línea de gol en cámara lenta, ante la desesperación del guardameta italiano. En las tribunas la fiesta es alemana.

Cuatro minutos después los germanos suspenden la celebración. El “azzurri” Tarcisio Burgnich recibe un obsequio dentro del área y no perdona. Italia había cobrado un tiro libre bastante inofensivo sobre el arco teutón. El balón cae como una pluma sobre el alemán Sigi Held, quien la recibe de pecho y se la deja servida a su rival. Burgnich simplemente fusila a Maier; Italia empataba y volvía a respirar.

Restando un minuto para cerrar el primer suplementario llega un centro desde la izquierda a Gigi Riva, quien utiliza su zurda para hacerse un espacio y gatillar. Schnellinger, pretende frenar a Riva, pero pasa de largo como un tren. El italiano suelta el cañonazo cruzado con su mejor pierna y vence al portero germano. Así termina la primera parte del tiempo extra. Italia estaba otra vez adelante.

El segundo episodio del tiempo de alargue no sería menos vibrante. A los 5 minutos llueve un centro alemán desde la derecha sobre el área italiana. Y otra vez Seeler -quizás uno de los alemanes menos altos- vuelve a ganar la disputa por aire y de cabeza cede un pase a Muller, quien aplica la segunda testarada y resucita a los germanos: goooool. Beckenbauer celebra y abraza a sus compañeros, a pesar del dolor en el brazo lastimado. Las tribunas eran un jolgorio para los teutones, los italianos se arrancaban los cabellos, mientras el resto imploraba que el partido no termine nunca. ¡3 a 3!

Los “azzurri” sacan del centro del campo y necesitan solo seis pases para poner a Gianni Rivera a tiro de gol. Éste recibe el balón tras un desborde de Boninsegna por la franja izquierda, quien sobrepasa a su marcador Wili Schulz en un mano a mano dramático. Rivera vuelve a romper la igualdad, y esta vez será definitivo. En los nueve minutos restantes los tanques alemanes no podrán derribar la muralla ítala. Yamasaki pita ante un público extasiado y baja el telón de uno de los partidos más memorables de todas las Copas del Mundo: Italia 4-Alemania 3.

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