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Miguel Abuelo en el recuerdo, a 30 años de su desaparición

A Miguel Ángel Peralta todos le decían Miguel Abuelo. Era tan intenso que hizo en casi tres décadas una cosa increíble: convertirse con Los Abuelos de la Nada en una leyenda del rock en español.

Miguel Abuelo

(Foto: Archivo Histórico El Comercio)

Archivo El Comercio

Los Abuelos de la Nada no es una frase inventada por Miguel Abuelo. Fue extraída de una de sus lecturas de finales de los años 60. La frase provenía de la novela “El banquete de Severo Arcángelo” (1965) de su compatriota Leopoldo Marechal. En esa historia un personaje decía: “Algún día tendré que llamarlo a usted Padre de los Piojos y Abuelo de la Nada”.

La expresión quedó en la memoria o en la punta de la lengua del artista, y terminó en nombre del grupo. La banda inicial de Los Abuelos... fue creada en 1968, cuando Miguel Abuelo contaba con solo 22 años. El músico había nacido el 21 de marzo de 1946, en Munro, una localidad a 20 km de distancia de Buenos Aires.

Tener un grupo, encabezarlo, quizás fue para el músico más que un logro, una compensación afectiva. De padre desconocido e inubicable y madre enfermiza, Miguel vivió muchos años en orfanatos hasta que tuvo el apoyo de una pareja mayor. Sin embargo, nada evitó que fuera un adolescente rebelde, de mala conducta, que no terminaba un año de colegio sin ser expulsado.

Así hizo suyo no solo el nombre sino el clan de Los Abuelos..., junto con Norberto Aníbal ‘Pappo’, los hermanos Micky y Alberto (‘Abuelo’) Lara, ‘Pomo’ Lorenzo y ‘Mayoneso’ Fanacoa, entre otros. De esos años fueron los singles "Diana divaga" y "Tema en Flu sobre el Planeta" (1968). Ese primer intento de agruparse fracasó al poco tiempo y llevó a Miguel Abuelo a intentar algo musical con otros artistas como Luis Alberto Spinetta.

Al no concretarse nada, el músico partió a Europa, donde vivió intensa pero desordenadamente, y en la que los excesos casi terminan con él. Esa aventura acabó en 1979 cuando fue arrestado al ser involucrado en un caso de robo de joyas en Ibiza, en las Islas Baleares, en el mediterráneo español.

Regreso a Argentina

Libre al fin de tal desaguisado, a inicios de los años 80 retornó a la Argentina con la idea clara de reorganizar a Los Abuelos de la Nada, el grupo que dejó abandonado en Buenos Aires. Estos se reconstituyeron con el bajista ‘Cachorro’ López, el clarinetista y saxofonista Daniel Melingo, el baterista Polo Corbella, el guitarrista Gustavo Bazterrica, así como el joven talentoso Andrés Calamaro.

La voz principal era de Miguel Abuelo, quien imponía su estilo particular. Fue un regreso muy auspicioso. Su primer disco, con el mismo nombre del grupo (Los Abuelos de la Nada, 1982), fue producido por un generoso Charly García, quien no solo los apoyó en la producción sino que los vinculó con empresarios para tener presentaciones en vivo.

Es conocido que el éxito inicial sobrevino con el tema de Calamaro, “Sin Gamulán”. Luego llegaron los LPs ‘Vasos y Besos’ (1983), que incluía el gran tema "Chalamán"; ‘Himno de mi Corazón’ (1984), cuya canción del mismo título terminó siendo casi un himno del grupo; así como los discos ‘En el Ópera’ (1985, en vivo) y 'Cosas Mías' (1986), el último disco del grupo y de Miguel Abuelo, en el que el single “Cosas Mías” fue todo un éxito. Luego llegó una recopilación 'Mil Horas’ (1987); y, finalmente, la recopilación 'El Álbum’ (1991).

La famosa foto de Miguel Abuelo cantando con el rostro ensangrentado proviene de cuando el grupo participó en Buenos Aires en el festival organizado por radio Rock&Pop en 1986. Los asistentes estaban descontrolados y alguien lanzó una botella que hirió al cantante. Pese al bochorno y la agresión, el artista decidió seguir interpretando su gran tema "Himno de mi Corazón".

Miguel Abuelo

(Foto: Archivo Histórico El Comercio)

Archivo El Comercio

La noche en Lima

Ese mismo año de 1986, en la noche del domingo 30 de noviembre, Los Abuelos… se presentaron, sin Calamaro, en el coliseo Amauta de Lima, Perú. Fue la noche más intensa y mágica de esos oscuros años ochenteros en la capital limeña, con un público agobiado por el terrorismo, la inflación y la corrupción en el país.

Miguel Abuelo encabezó la banda que empezó el concierto, como no podía ser de otra manera, con el hit ‘Lunes por la Madrugada’, lo que hizo vibrar a todo la gente en el local de Chacra Ríos. Y siguieron con clásicos del grupo como ‘Cosas Mías’ y ‘Mil Horas’, entre otras canciones.

“¡Arriba el Perú!”, fue la frase que repitieron esa noche de aire frío, de cigarros al aire y gritos y cánticos desaforados. No eran todavía los tiempos de los celulares levantados, sino de encendedores empuñados y flameando; no eran los tiempos de gentes distraídas en el campo, sino de seguidores entregados al éxtasis rockera al 100 por ciento.

Miguel Abuelo

(Foto: Archivo Histórico El Comercio)

Archivo El Comercio

En un grupo de talentosos y de grandes o pequeños egos, era casi predecible que los roces y malentendidos surgieran. Y así ocurrió. Vivieron un primer quinquenio de los años 80 grandísimo. Pero ya era evidente en 1986 que Calamaro buscaba un camino personal. Ese mismo año, como indicamos, editaron “Cosas Mías” (1986).

Dos años después, la salud de Miguel Abuelo entró en crisis. Fue recluido el 16 de marzo de 1988 en la clínica Independencia, en Munro, donde nació. Con el VIH anidado en su cuerpo, el artista estaba muy debilitado.

Una infección generalizada afectó sus riñones y pulmones, lo que provocó una insuficiencia respiratorio que, a la postre, lo llevó a un paro cardíaco. Murió un día sábado, el 26 de marzo de 1988. Al día siguiente, sus restos fueron cremados en el cementerio de Chacarita, en Buenos Aires.

Miguel Abuelo

(Foto: Archivo Histórico El Comercio)

Archivo El Comercio

La figura de Miguel Abuelo no dejó de estar presente en todos los recuentos del rock latinoamericano; y su arte replanteó el panorama musical de los jóvenes desde los años 80.

Una plaza para el Abuelo

El 14 de diciembre de 1995, un concejal de Buenos Aires presentó un proyecto que proponía construir una plazuela en la capital con el nombre de Miguel Abuelo. Su propuesta recibió el apoyo de diversos artistas como Silvio Rodríguez, León Gieco y el ‘Flaco’ Spinetta.

Tres años después, en 1998, se pudo concretar el deseo de ver el nombre del músico adornando un espacio público, en el barrio de Belgrano, cerca de la gente que él quería. Lo inauguró el entonces jefe de gobierno de Buenos Aires, Fernando De la Rúa.

"Miguel Abuelo vivía acá cerca, imaginaba la nueva música y las nuevas canciones en aquellos tiempos de incomprensión para los nuevos ritmos. Fue un pionero que abrió un camino ancho en la cultura de la ciudad", dijo De la Rúa.

Ese día, los músicos amigos y sobrevivientes de Los Abuelos de la Nada, y parientes cercanos como Gato Azul Peralta, su hijo, hicieron música conmemorando además los 10 años de su fallecimiento.


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