Por Carlos Batalla

La noticia de su muerte se propagó como un lamento, sumiendo en profunda consternación a sus admiradores, para quienes Carlos Gardel era un verdadero ídolo. En Bogotá, las ovaciones que le prodigaron fueron inolvidables; incluso tuvo que evadir a la multitud por una puerta secreta del Hotel Granada antes de su partida hacia la muerte días después. A su llegada a la capital colombiana, miles de seguidores habían invadido el aeródromo, y solo la pericia del piloto evitó una tragedia. Sin embargo, la verdadera fatalidad ocurriría al mediodía del 24 de junio de 1935 en el aeropuerto Olaya Herrera, en Medellín. De eso hace ya 90 años.

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