Por Carlos Batalla

El 2 de mayo de 1953 una garúa tenue humedeció la tierra del cerro San Cristóbal. Los relojes pasaban apenas las nueve de la noche y cinco menores de la familia Lora-Rivera dormían tranquilos en su modesto dormitorio, en el barrio de ‘Leticia’, a los pies del cerro, en el distrito limeño del Rímac. De pronto, un derrumbe en una ladera volcó una enorme roca sobre el techo de la casa, exactamente donde descansaban los niños: dos de ellos, los más pequeños, murieron en el acto. Uno tercero perdería la vida minutos después, en camino a una posta médica.

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