Por Carlos Batalla

El mundo vivía, antes y después de ese domingo 3 de abril de 1966, en una verdadera psicosis con los viajes alrededor de la Luna, en una competencia sin cuartel entre norteamericanos y soviéticos. En Lima, además, los animales del viejo zoológico de Barranco languidecían de pena, desamor y soledad. Asimismo, si bien los limeños se caracterizaban por su apego a las tradiciones religiosas como la del Domingo de Ramos, que se cumplía ese día, también andaban con la cabeza atolondrada pues al día siguiente, el lunes 4 de abril, empezarían las clases escolares a nivel nacional. Era una Lima entre ramos y cuadernos.

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